Entrevista a Pedro Ricardo
Miño, pianista:
"Hay que conocer el flamenco para darle a una partitura
sentimiento, carácter, pellizco"
Silvia Calado Olivo/Fernando González-Caballos
El niño encontró entre
sus manos un juguete. El niño, alimentado por flamenco desde mucho antes
de nacer, jugaba con música. Y, jugando, jugando, se convirtió en
pianista... en pianista flamenco. Del adjetivo no había escapatoria. Pepa
Montes, una madre bailaora. Ricardo Miño, un padre guitarrista. Sus maestros.
Pedro Ricardo Miño está seguro, a sus poco más de veinte
años, que de la senda flamenca no hay escapatoria, pero se niega a cerrar
puertas hacia otros mundos. Y salta fronteras a lomos de sus blanquinegras consciente
de que a un ser inconformista como él, aún le queda mucho por andar...
Las primeras incursiones del piano
de Pedro Ricardo Miño en los escenarios han sido en compañía
de la guitarra de su padre. ¿Cómo llegan a entenderse ambos instrumentos?
Son muy diferentes, no tienen nada que
ver el uno con el otro, pero hay un enlace muy fuerte... y es que los dos intérpretes
somos muy flamencos, entonces, nos entendemos bien. La base es el flamenco, entonces
ya puedes tocar un piano o una zambomba...
Pero existen diferencias musicales,
son dos formas de sonido flamenco distintas... ¿Dónde está
la peculiaridad de cada uno?
Que la guitarra se puede llevar a cualquier
sitio y con el piano terminas jorobao... El piano no es un instrumento que pertenezca
al flamenco, el piano viene del clásico, lo que pasa es que ahí
está la habilidad de uno. A mí es que me gustado el piano desde
chico. Y en mi casa lo que ha habido ha sido flamenco. Rock and roll no podía
tocar. Aunque soy de formación clásica, yo voy a terminar la carrera
de piano ya mismo en el Conservatorio de Sevilla. Fue mi padre quien se empeñó
en que yo aprendiese solfeo. Según él, esa era la única manera
de aprender a comunicarme con músicos que no fuesen flamencos, porque la
música es un lenguaje internacional.

Pedro Ricardo Miño y Chick Corea
Tú mismo lo has dicho, el
piano es un instrumento del clásico. Pero, sin embargo, capaz de adaptarse
al flamenco.
Son dos músicas con dos tendencias
diferentes, con dos maneras de sentir diferentes. Yo quizás comprendo más
la flamenca porque soy de Andalucía, de Sevilla y de Triana, a ve si m'entiende.
Y aquí hace un sol especial y se come uno una tapa de jamón cada
dos por tres, y yo creo que esos son factores que hacen falta para sentir el flamenco,
como para sentir el clásico hay que irse a Austria, a Alemania, pasar frío.
Del flamenco era difícil escapar,
pero quizás la guitarra estaba más al alcance de tu mano...
Pues a través de mi padre, en
mi casa siempre han entrado muchos músicos y me compró un organillo
de esos electrónicos, vio que me gustaba y, como no tenía edad para
entrar en el conservatorio, pues entré dando clases particulares. Cuando
me di cuenta, jugando, jugando, jugando (un largo silencio)... Creo que estoy
jugando todavía. Cuando me di cuenta estaba metido en esto.
En un mundo muchas veces cruel de
tan purista, ¿has tenido que soportar el comentario de que el piano es
un extraño?
No, no me he sentido aludido y el que
diga eso será una persona que no conoce bien este mundo. En el piano flamenco
ha habido y hay un puñao de grandes genios. Los animo a que compren toda
su discografía, la escuchen entera y luego que vengan y que hablemos. Hay
autores como Arturo Pavón, que acompañaba a Caracol, José
Romero... y el que diga que eso no es flamenco, desde mi punto de vista, apaga
y vámonos.
¿Eres tú el que compone
tus piezas?
Toda mi obra... todo lo que toco en
mis recitales son piezas compuestas por mi sobre estructura musical flamenca,
quitando dos temas de homenaje a la guitarra de dos grandes autores, Mario Escuredo
y el Niño Ricardo. De ahí la relación. Los pianistas nos
tenemos que basar en la guitarra para hacer música flamenca.
Según algunos autores, el
flamenco precisa una escritura musical diferente porque hay sonidos que no se
pueden llevar a la partitura...
Ni mucho menos. En la música
está todo hecho, todo, absolutamente todo, yo creo que igual que en la
vida. Lo que pasa es que estamos en las mismas. La música se pude escribir
tal como es, pero tú necesitas darle a esa música sentimiento. Si
un japonés coge una partitura de un palo de soleá, yo creo que si
no ha escuchado en su vida flamenco, lo puede leer, pero va a sonar muy matemático.
Habría que conocer el mundo flamenco para darle a esa partitura tu sentimiento
y tu carácter, si no, sonaría flamenco pero sin aire, sin pellizco,
sin nada.
¿En qué espejos te
has mirado?
Mi maestro ha sido mi padre. Por no
decir mi casa, porque en mi casa es lo que hay desde por la mañana. (Hace
un inciso y recita una copla flamenca:) "Qué amargas son mis comías
flamenco por la noche, por la mañana y al mediodía". Desde
chiquitito. Y ya te digo, tengo formación clásica porque te tienen
que enseñar a mover los dedos, si no tocaría con los dedos así...
hay que enrollarse, ¿no? Te abre mucho la mente... Pero mi maestro ha sido
mi padre, mi madre y estos grandes genios como Arturo Pavón, José
Romero, Felipe Campuzano...
He conocido a algunos, pero al que recuerdo
con más cariño es a Pepe Romero. Creo que nunca tuvo el reconocimiento
que debería haber tenido, no sólo como pianista, sino también
como investigador y escritor. Sin embargo, aún hoy son pocos los que conocen
su obra. Y por supuesto, Arturo Pavón. Hablar de ellos es como hablar de
Ramón Montoya y el Niño Ricardo en la guitarra. Un chaval que quiere
aprender a tocar el piano flamenco, no tiene más remedio que bucear en
la obra de estos genios. Pepe Romero ha seguido siempre la trayectoria de la guitarra
antigua, mientras que Arturo seguía más la línea del cante,
por eso era capaz de crear todo un universo musical con sólo dos notas.
Ahí está la base o, por lo menos, esa es mi opinión. Pero
me gusta también mucho Chick Corea, que es un monstruo. Estoy muy abierto
musicalmente y me gustan todas las tendencias.
Pero, sin embargo, eres muy clásico...
Clásico
en el sentido de flamenco puro, ¿no? Y bueno, técnicamente, sí.
Bajo mi visión
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"En la variedad está la riqueza del flamenco" |
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de poco más de veinte años, creo que conservo
una línea purista. Y no porque diga que lo puro sea lo mejor. Ya tendré
tiempo para mezclar. A mí me han dicho que la casa hay que hacerla por
los cimientos, no por el tejao. Quiero conservar una línea muy flamenca,
pura, que la gente lo comprenda bien, sin buscar quizás lo comercial. Pero
quién sabe nadie lo que puede pasar, lo mismo grabo un disco y se me va
la cabeza en ese momento. Pero llevo una línea que me gusta mucho y vivo
para y por eso.
¿Y cómo ves tú eso
de la fusión?
Hay cosas que están muy bien hechas,
por eso hay que tener mucho cuidado. Como metas la pata es para fusilarte. Las
fusiones de todos estos grupos como El Barrio o Mantequita Colorá están
bien, pues es una manera de introducir al público que no entiende
de flamenco. A un chaval que no ha escuchado en su vida flamenco, le pones una
seguiriya y aguanta quince minutos. Yo soy de los que defienden que en el flamenco
tiene que haber muchas ramas, flamenco más puro, flamenco menos puro, flamenco
fusión, flamenco jazz, igual que en la música clásica, hay
muchos estilos, el barroco, el renacentista... En la variedad está la riqueza
del flamenco.
¿El tirón de Chano Domínguez
o Dorantes puede interpretarse como una revitalización del piano flamenco
en los últimos años?
| "En España la música no cuaja, aquí lo
que vende es la letra" |
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Por supuesto. Se está comprobando que
hay músicos que están haciendo cosas buenas y a la gente le va gustando
mucho. Y es porque el piano flamenco tiene tirón. Y ya es hora, puesto
que España es un país en el que la música no cuaja como en
otros países. A lo mejor tú te vas a Alemania y to el mudo sabe
tocar el violín, todo el mundo sabe tocar el piano, son gente que va a
los conciertos... pero en España la música no cuaja. Aquí
lo que vende es la letra. Por eso creo que todas estas tendencias nuevas están
en beneficio del flamenco, quizás del flamenco puro, no, pero sí
del flamenco.
¿Cómo ves el futuro
del flamenco?
Pues con mucha ilusión, con la
esperanza de que esto rompa de una vez por todas. No me refiero a lo que yo hago.
Pero espero que se abra mucho más a todo el mundo. Pero que los que manejan
el dinero y el poder se den cuenta de nuestra cultura, de lo importante que es
nuestra música, la única que se vende fuera de España. Los
flamencos estamos moviendo la cultura de nuestro país y eso no tiene reconocimiento
aquí en España.
Y tú, que has mamado flamenco,
habrás podido detectar dónde están las luces y dónde
las sombras de este mundo...
Desde que te levantas por la mañana estás pensando en él,
en los pajaritos del flamenco. Yo personalmente siempre le estoy dando vueltas
al mismo tema, me obsesiono. A lo mejor estoy sentado y se me ocurre una melodía...
Esa es la satisfacción más grande que puedes tener, a parte de un
aplauso del público cuando te reconoce lo que has estado estudiando durante
tres meses... esas son las cosas buenas. ¿Las cosas malas? No poder hacer
lo que uno quiere.
¿Por qué?
(Se pone muy serio) Circunstancias.
Yo es que soy muy inconformista y siempre aspiro a más, tú sabes.
Lo importante es hacer lo que uno quiere en la vida.
De repente aparece Pepa Montes que,
en ese momento, no es artista ni bailaora, sino madre. "Terminad ya que nos
cierran el teatro".