La Niña de los Peines
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"La Niña de los Peines en la Casa de los Pavón"
Reseña del libro, por Luis Clemente.

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"Debuté por casualidad, o mejor dicho, por delegación, en una caseta de la feria de Sevilla."

La Niña de los Peines

(Extracto del libro: "La Niña de los Peines" de Manolo Bohórquez. Publicado por Signatura Ediciones.)

CAPITULO II

Primeros pasos de una estrella

Aunque en ocasiones se haya afirmado que la familia de Pastora Pavón era de gran tradición flamenca, esto es algo que no se puede demostrar. Arturo Pavón, el pianista, el hijo del hermano mayor de la artista, comentó en una ocasión que estaban emparentados con los Pelao de Triana, excelentes cantaores, sobre todo grandes intérpretes de tonás, aunque no eran profesionales. El más famoso de todos era Juan el Pelao, que fue un martinetero de gran calidad y aún hay quienes se emocionan cuando se pronuncia su nombre en el Altozano o en la Cava de los Gitanos.

Manuel Yerga Lancharro, flamencólogo conocido por todos y, según él mismo, amigo personal de la Niña de los Peines, aseguraba en el número 67 de Sevilla Flamenca que la artista recordaba algunos tangos de sus abuelos Tomás y Rosario; o sea, del abuelo materno y de la abuela paterna. Es muy posible, porque hay constancia de que cantaban, como la hay de que también cantaban su madre, su padre y otros familiares. A finales del siglo XIX era muy difícil encontrar en las provincias de Sevilla y Cádiz a gitanos que no supieran cantar flamenco.

De lo que no hay duda es de que Arturo fue el primer profesional de esta familia, como veremos en su capítulo. De hecho, cuando Pastora comenzó a ser conocida en los ambientes flamencos sevillanos, la llamaban "la hermana de Arturo", según sus propias palabras:

Yo me llamo de verdad Pastora Pavón Cruz, nací en Sevilla hace cuarenta y tres años, en la calle del valle, 19, y soy gitana como toda mi familia. Debuté por casualidad, o mejor dicho, por delegación, en una caseta de la feria de Sevilla, donde cantaba mi hermano Arturo, aquí presente, sustituyéndolo un día que había bebido. Esta contingencia solía ser tan frecuente, que decidí comenzar a ser célebre. Entonces tenía ocho años, o sea, que ya hace treinta y cinco.

¿Por qué me llaman la Niña de los Peines? Pues por casualidad, a pesar mío, porque cantaba un estilo del cual hice una creación personal. Era una especie de "Tanguito", el "Tanguito de los peines", una interpretación de una canción que de pequeña había sentido a un ciego de Pilas (Sevilla). No era un estilo de mucha fuerza flamenca, y lo dejé correr pronto. Por eso, por este origen, no me gusta mi nombre de guerra; me gusta más mi nombre primitivo, el que la gente me borró para decirme ya siempre la Niña de los Peines.

Mi debut formal como cantaora, y ya como la Niña de los Peines, fue allá por el año primero de éste siglo, en Madrid, en el Café del Brillante, alternando con todo lo bueno y mejor del cante con fundamento (Es como ella llama al cante bueno de verdad y de buen estilo, apostilla el periodista). Entonces, en este café cantábamos Arturo Pavón, Ángel de Baeza (era guitarrista, no cantaor), Manuel Torres, una de las más inolvidables estrellas de la flamenquería; Chacón (Don Antonio), un cantaor ante cuyo recuerdo hay que descubrirse. En aquel tiempo, yo ganaba cuatro duros. Don Antonio Chacón ganaba seis, y era el que ganaba más. Dos años después, fui contratada para ir a Jerez, ganando ocho duros diarios; superaba a Chacón, con gran enfado de los consagrados. En Jerez me quede mucho tiempo en La Primera de Jerez, la taberna más famosa y consagrada del mundo; entonces, la verdadera meca del cante con fundamento, soleares, seguirillas gitanas, bulerías, todo aquello que de aquí a veinte años, si Dios no pone remedio, no habrá quien pueda sentirlo porque no quedará quien pueda cantarlo.

Esta declaraciones la hizo Pastora el 19 de Julio de 1934 en la Revista Mirador; de Barcelona, al periodista Ernest Guasp. Son de un gran valor porque aportan muchos datos sobre sus comienzos. Nueve años antes, en Noviembre de 1925, le preguntaron también por sus comienzos en la página teatral del Heraldo de Madrid y dio otros datos de gran interés:

- "Empesé" a "cantá" siendo una criatura: a los nueve años.
- ¿En Sevilla?
- Sí; en mi pueblo, en "Seviya". Allí por la Alameda hay unos "cafetitos", ¿sabusté?, y en aquellos "cafetitos" pues "prinsipié" yo. Luego vinimos a "Madrí" y aquí estuve cantando en "er" café "der" Brillante, que era uno que estaba en la calle de la Montera, en lo "arto", pero se murió una tía mía que yo tenía aquí y "entonses" nos "marchamo" a Bilbao a "explota"..., "amos" a "explotá" "er" mérito ese que yo tenía de "cantá", porque como nos "hasía farta", ¿sabusté?... Pero en Bilbao no me dejaron "trabajá", como era tan pequeña, y me tuve que "poné" de modelo con un pintor. Luego, D.Ignacio nos mandó dinero para que viniera otra vez a "Madrí". Canté en "Madrí". Después salí por provincias. Y después he vuelto mil "miyone" de "veses" a "Madrí"...

En efecto, Pastora empieza a cantar siendo una niña de sólo ocho años de edad y lo hace por necesidad económica. La primera fue para sustituir a su hermano Arturo, que además de gustarle el vino desde muy joven, como ella misma declaró, estaba teniendo problemas con la voz desde la pubertad. Como en la casa había apuros económicos, puesto que el padre había tenido un accidente laboral en Mérida, en la construcción de un puente, y trabajaba poco, la madre decidió probar suerte con Pastorcita, que ya hacía en casa las delicias de amigos y familiares, en las fiestas de la propia familia. Si lo haces en casa, ¿Por qué no lo vas a hacer en un tablao?, debió de preguntarse Pastora la de Calilo.

Así fue como comenzó a cantar en la taberna de Ceferino, que estaba en El Perneo, en la Puerta Osario, cerca del actual Laboratorio Municipal. Ahí comenzó la carrera artística de la cantaora más célebre de todos los tiempos. Y su explotación, puesto que tuvo que trabajar mucho siendo sólo una niña; en ocasiones, según he podido saber por algunos familiares, se la veía durmiendo en una silla de una caseta de feria mientras le tocaba el turno de entretener a los señoritos.

CAPITULO III

"La Niña" ya aparece en los periódicos de Sevilla

Hasta abril de 1908 no aparece el nombre de nuestra protagonista en la prensa sevillana, rastreada por José Luis Ortiz Nuevo, al que le debo muchas de las noticias que irán apareciendo en este capítulo, sobre su primera época e inéditas hasta ahora. El Noticiero Sevillano del día 27 de este mes se hacía eco la noticia de una gran fiesta en el Teatro Eslava en la que la artista participó con figuras de mucho renombre. Fue una fiesta en homenaje a grupos regionales, que fue cubierta con extraordinaria generosidad por este diario sevillano y por El Liberal. Como ambos reportajes son muy extensos, sólo transcribiremos un extracto:

En esta parte cantaron malagueñas y tangos Pastora Barrio (a) La Niña de los Peines y Luis López, acompañados por el maestro Juan Gandulla (a) Habichuela. También cantó en esta parte el joven Medina, dando apreciada cuenta de su buen estilo. A petición del público cantó el garrotín y la jota, que tuvo la atención de dedicar a los aragoneses. Estos, entusiasmados, daban frenéticos vivas a su tierra y aplaudían. Después hubo un descanso de quince minutos. Terminado el descanso, se bailaron sevillanas de conjunto, La Macarena, Peteneras, Panderos, Malagueñas y jaleo por las bailadoras "La Macarrona" y "La Coquinera". Al terminar su baile "La Macarrona" pidió la concurrencia que bailara un tango, lo que enseguida hizo con gran donaire y gracia, alcanzando muchos aplausos. Después los cantadores Medina y Luis López "El Niño de las Marianas", cantaron malagueñas y tangos, y el último cantó "Las Marianas", siendo calurosamente aplaudido. El cantaor Medina nuevamente cantó jotas, entusiasmando al público. Los catalanes dieron entusiásticos vivas á Sevilla á Cataluña y á España. La fiesta terminó con unas seguidillas de conjunto, bailadas sin palillos.

Al día siguiente, El Liberal publicó también un extenso reportaje sobre esta fieta andaluza, destacando a José Medina y a la Niña de los Peines. A diferencia del anterior, en este no confunden Pavón con Barrio cuando se refiere a la artista gitana:

Habichuela, maestro de verdad en el manejo de la guitarra, tocó, admirablemente, como él sabe hacerlo, y Pastora Pavón "La Niña de los Peines", José Medina y Luis López "El Niño de las Marianas", hicieron las delicias del público cantando. La Niña de los Peines está reputada hoy como la mejor cantadora de tangos. Tiene una hermosa voz y un delicioso estilo. Hay momentos en el que al cantar parece que gime y llora, obteniendo los mejores efectos. Medina fue otro de los héroes de la tarde. Hizo verdaderas filigranas cantando malagueñas, el garrotín y á petición del público, jotas y guajiras. Los aragoneses cada vez que cantaban una jota se ponían de pie y aplaudían con entusiasmo. Ha sido buena tarde para Medina.

Las familias de la alta sociedad sevillana de entonces no estaban por los flamencos pero disfrutaban de ellos cada vez que les apetecía. Y en casi todas las fiestas que hacían para destacadas personalidades estaba la Niña de los Peines, que a sus dieciocho años era ya una figura consagrada y el ídolo de cientos de aficionados. El Noticiero Sevillano del día 20 de Julio de 1909 informó de una gran fiesta andaluza en la que compartió escenario con Don Antonio Chacón, uno de sus maestros más admirados:

En la caseta que el Círculo de Labradores tiene en el Prado de San Sebastián, se celebró anoche la fiesta andaluza con la que algunos socios obsequiaron a distinguidas familias de la buena sociedad sevillana. Un maestro de baile y tres discípulas suyas iniciaron la fiesta con alegres danzas. Después cantó Chacón con mucho estilo unas malagueñas, acompañado a la guitarra por un conocido tocador, y "La Niña de los Peines" cantó unos tangos que fueron muy aplaudidos. A continuación sirvióse el típico chocolate con buñuelos, verdadero motivo de la reunión, y por último, cuando los flamencos se retiraron, la bella señorita Salud Franco, accedió a los reiterados ruegos de los concurrentes, cantó algunas granadinas, guajiras, jotas y soleares, con una perfección y una delicadeza admirables.

Reseña del libro por Luis Clemente

 
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