La Niña de los Peines
Biografía, discografía, RealAudio y comentarios de los lectores.

"La Niña de los Peines en la Casa de los Pavón"
Reseña del libro, por Luis Clemente.

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LA CASA DE LOS PAVONES.
VOCES DE ESTAÑO FUNDIDO

por Luis Clemente

Por primera vez se desarrollan las claves para un estudio a fondo de la tremenda figura de Pastora, La Niña de los Peines (Sevilla, 1890-1969), que sirve a su autor para situar la importancia de sus hermanos Tomás y Arturo.

Al fin un libro sobre Pastora, basado en las treinta entrevistas con La Niña que ha localizado y manejado su autor, quien ya había buceado por hemerotecas cuando preparaba los libros sobre Escacena y El Carbonerillo; hace dos años abrió una carpeta para la casa de los pavones y en los cinco últimos meses del pasado año Manolo Bohórquez se decide a redactar el libro sobre una cantaora a quien reconoce una "vida un tanto complicada" y se bandea para no herir sensibilidades (deja al beneficio de la duda si Manuel Torre fue su primer hombre) y dejar consideraciones en torno a la "absoluta decadencia de cantar con fundamento" y al acercamiento del flamenco al pueblo que promovió la ópera flamenca, preguntándose por la idealización del reservado.

La mejor cantaora

Tras remontar un árbol con raíces en sus tatarabuelos, esboza entre muchas citas el ambiente de comienzos de siglo, cuando debutó, y su largo rastreo periodístico le lleva a reproducir íntegras interesantes entrevistas, como la que firmó Carmen de Burgos (hablando de ese "grito salvaje, desacertado y sincero") o el ejemplo de "interviú" manipulada por la primera periodista española a una afónica Pastora, que titula: "La mejor cantaora de España, está desilusionada y quiere retirarse". Fue en 1935 y Josefina Carabias se encontró a una Niña "que no es vieja, ni muchísimo menos. Es una mujer gorda y frescota".

El cruel intelectual

Como los genios del flamenco, saboreó la capacidad de aprendizaje improvisado y vivió la gloria muy joven, siempre bajo la estrecha vigilancia de su madre, desde su debú formal (en el Madrid de 1901) y posterior viaje a Bilbao, con Ignacio Zuloaga.

Detalla su participación como artista invitada, junto a Manuel Torre y La Macarrona, en el Concurso de Granada de 1922, y cómo tuvo de admirador a Lorca, a quien conoció en casa de La Argentinita, pero años más tarde reconocería que "los intelectuales han sido muy crueles con el flamenco". Reproduce al completo la legendaria crónica "del aguardiente" de García Lorca, que escribió como nadie sobre ella: "Jugaba con su voz de sombra, con su voz de estaño fundido, con su voz de musgo…".

Fue chistada como "La Niña de las Púas" por el ingenioso antiflamenquista Eugenio Noel y de Antonio Mairena llegó a decir que grabó cantes "para intelectuales, pero no engañaba a ningún aficionado legítimo". En su deseo de poner las cosas en su sitio, Bohórquez aplica algún puyazo a Mairena, a quien atribuye "frustraciones".

Legados grandes y pormenores

Frecuentó el Madrid de los primeros años 20 y allí formó pareja con Manuel Escacena, con quien reconoció una "hija natural"; continúa biografiando hasta su deterioro físico a partir de 1964 y su muerte cinco años después, al mes de fallecer su marido, el crupier y cantaor Pepe Pinto. Reproduce en el extenso capítulo nueve, a lo largo de 130 páginas de repertorio (¡30 páginas por bulerías!) y de catálogo discográfico (aún no cerrado), los cuarenta años (de 1910 a 1950) que se pasó impresionando discos, creando la obra más extensa en discos de pizarra.

Pasa de puntillas por el paréntesis de la Guerra Civil, su regreso a Sevilla, la retirada y el adiós definitivo con una fracasada gira; cuenta la muerte de sus hermanos, los homenajes que se le rinden, la admiración de Antonio Mairena… Habrá que poner alguna pega: los momentos descompensados (en el largo relato del monumento en bronce de la Alameda no hace falta mencionar a la empresa de transportes) y la falta de reflexión sobre su ductilidad, su cualidad de esponja impregnada y destilada, queda un hueco sobre su carácter rompedor, su capacidad de cuadrar canciones a compás (desde el "Cielito lindo" a un charlestón por bulerías) y su forma de entender la evolución del flamenco. ¡Lo que hubiera dado Manolo por preguntarle a Pastora sobre El Niño Medina, a quien tanto cantó y nunca mencionó!.

Legado tomasiano

Algo que no podía faltar es el esbozo del influjo musical de su hermano Arturo, quien tuvo carácter de maestro, y en el capítulo dedicado a Tomás pormenoriza su legado, sus cantes largos, brillantes, de aliento, cómo se impregnaba en las fiestas, por soleá, su cante emblemático y volátil.

Pensado en principio para dos tomos, su autor tiene proyectado un libro sólo para Tomás, y antes, con motivo de su centenario, uno sobre Pepe Pinto. Pero la próxima aventura editorial de Bohórquez girará sobre la enorme figura de Manuel Vallejo.

Luis Clemente

Extracto del libro: "La Niña de los Peines" de Manolo Bohórquez

 
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