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Pierre Lefranc
"El Cante Jondo. Del territorio a los repertorios:Tonás, seguiriyas, Soleares (+ CD)"

 

 

"El cante no
se podrá
jamás
estudiar sin
una
percepción
detallada de
su marco
sociocultural
y de sus
orígenes"

 

 


¿Puede considerse rota la cadena de transmisión oral del cante actualmente?

En las familias gitanas, por cierto, se ha roto. Desde principios de los años 60, ya los cantes se aprendían principalmente en los discos. Poco después, donde antes había cante, lo nuevo era que se compraban gafas para seguir 'Misión imposible' en la televisión. La necesidad de mantener una cultura interna estaba desapareciendo. La transmisión por disco, sí que se hace, pero hoy día las vivencias por detrás de lo cantado son distintas. Entre un cantaor de antaño que no comía cada día y el de hoy que, cobradas sus trescientas mil (o más), sube a su Mercedes, ¿qué filiación hay?


Antonio Mairena (Foto: Paco Sánchez)
 
   

Ignorar o tergiversar el contexto histórico, social y cultural del "territorio" del cante ha sido usual en la bibliografía flamenca. ¿Cree que puede seguir estudiándose como un fenómeno aislado?

La respuesta a la pregunta es una rotunda negativa. El cante no se podrá jamás estudiar sin una percepción detallada de su marco sociocultural y de sus orígenes. Aquí se plantea un doble problema, de interés y de acceso. Las capas sociales de donde viene el cante interesaron muy poco los españoles de los siglos XIX y XX, hasta el punto de que, para ver algo de ellas, estamos casi totalmente pendientes de relaciones de viajeros extranjeros. Igualmente, cuando Demófilo -a quien se debe tanto- escribe que se trata de "un género propio de cantaores", profesionaliza los fenómenos cuando, en realidad, se trataba de una cultura interna y de pequeños grupos de cantes de familias gitanas... ¡que había que buscar! Eso no se hizo. Sobre la utilidad de relacionar el cante con el folclore en general, soy escéptico: el cante es un fenómeno muy aparte y parecería arriesgado hacerlo entrar a la fuerza en esquemas generales de folclore ibérico.

A pesar de que reseña las acepciones cante gitano y cante flamenco, se queda con cante jondo, ¿por qué?

La edición original francesa se tituló 'Le cante jondo'. Me decidí en pro de tal formulación por Manuel de Falla, Federico García Lorca, el Concurso de Granada y el hecho de que la expresión es conocida hasta en Francia en su forma española y en francés. También sigue siendo de uso corriente en España. Para la edición española, "cante jondo" no planteó ningún problema con la Universidad de Sevilla, así es que se conservó. Si una expresión ya recibida continúa utilizándose a diario, ¿quién me va a persuadir de que debo prescindir de ella?

Personalmente, me decidí en contra de "cante gitano" por dos razones. Por un lado, dentro del cante jondo hay cantes de payos, que no se pueden dejar de lado, como los de Silverio Franconetti, Aurelio y algunos más, que forman parte de repertorios gitanos. Por otro lado, ante de la polémica en curso, sobre lo de saber si el cante es gitano o payo, considero toda provocación como inútil, sobre todo, en el título de un libro escrito por el extranjero que, en cierto modo, siguo siendo (aunque tal vez de cultura internacional). Pero mis convicciones y certidumbres se dan a conocer discretamente "p'acá p'allá". Sobre peleas terminológicas, me mantengo muy aparte. Palabras y nociones son instrumentos de análisis y de descripción, no dioses.

 
"Entre un cantaor de antaño que no comía cada día y el de hoy que, cobradas sus trescientas mil (o más), sube a su Mercedes, ¿qué filiación hay?"
   

Su inmersión en el estudio del cante jondo coincidió con una campaña de recuperación del cante. ¿Qué considera que aportaron aquellas iniciativas?

Era por múltiples razones indispensable aquella campaña. En el Madrid de principios de los 50, el último gran baluarte del cante de tradición y de calidad era Villa Rosa. La antología de 1954 (que fue una iniciativa francesa y no de Hispavox) y la creación de Zambra, en 1954 también, pusieron al público internacional y madrileño en contacto con una amplia herencia que fue así salvada, pero que era en esencia chaconiana. Todo eso estaba bien, pero se debían también dar a conocer las vertientes y tradiciones gitanas de parte de Caracol, Mairena, las dos de Utrera, Terremoto, La Perla, Agujetas... Todo lo cual se hizo muy bien otra vez, pero en un gran desorden y sin perspectivas de conjunto, siendo el resultado que cada cual alaba lo que prefiere e ignora el resto (sea porque le gusta menos, sea porque no lo conoce), en una pelea permanente que cansa. Lo que traigo son hechos, contextos, perspectivas, posibilidades... y que cada cual haga lo que le guste. Mi deber es alumbrar, presentar los hechos y dejar al lector libre.

 

De ahí también surgieron teorías más literarias que científicas sobre el cante y sus orígenes. ¿Cree que la difusión de esas creencias ha perjudicado al conocimiento del flamenco?

Las teorías literarias pueden contener intuiciones que valen o que no valen. Se necesitan de modo permanente fundamentos de hechos.

Paralelamente, la investigación en torno al flamenco se iba consolidando. A estas alturas, ¿cuáles cree que son las asignaturas pendientes?

Lo útil son las investigaciones basadas en hechos y centradas sobre un cantaor o tocaor, con tal de que sean conducidas con voluntad de descubrir algo interesante y ponerlo a disposición del público de modo imparcial. No necesitamos -ya nos sobran- discursos académicos, demostraciones "arreglaítas" de antemano, expresiones de preferencias o dogmas o perjuicios, anatemas... Los que deben mandar son los hechos y hay que buscarlos siempre con la mente abierta. Afortunadamente, los libros centrados se multiplican, por parte de la nueva generación.


Andalucía y el perímetro jondo

De su labor investigadora, ¿cuáles son, a grandes rasgos, las conclusiones extraídas en torno al flamenco?

Todo lo que tengo que decir ya está en el libro, que está centrado sobre un aspecto del "flamenco": el cante dicho jondo, que es mayormente gitano, como lo sabía Chacón y lo dijo en Granada en 1922. Después de casi cincuenta años pasados en la zona, la palabra "flamenco" me gusta menos cada día. Pepe de la Matrona solía decir que el flamenco existía siglos antes de la palabra. Dicha palabra sólo corresponde a una etiqueta comercial que fue inventada por la prensa sevillana hacia 1860 para designar el conjunto que estaba tomando cuerpo como mercancía. Una etiqueta comercial, que yo sepa, no tiene ninguna autoridad, sea doctrinal o sea científica (postrarse ante ella para interrogar su etimología también es un rito casi alucinante). Ya que dicha palabra designa todo lo que se vende bajo ese nombre, ¿cómo, utilizándola, vamos a distinguir?

Usted mismo opina que "hay muchas ventanas que abrir alrededor del cante". ¿Cuáles siguen cerradas?

Hay muchas que abrir: sobre Marruecos (árabe y bereber) y Africa del Norte, sobre el África negra (como se ve en el excelente libro de J.L. Navarro García), sobre Egipto... Lo sabemos todos, Andalucía ha sido una encrucijada de pueblos, culturas... Recluirse en ella no puede bastar, hay que mirar alrededor. Conozco un investigador puntero que no consigue afrontar la idea de que el cante (como lo sugiero) pueda deber algo a las llamadas musulmanas a la oración. También puede ser que en algunas mentes, se debería abrir una ventanita a la posibilidad de que unos pocos gitanos hayan contribuido algo a las herencias que forman el cante. Estamos delante de una de las creaciones artísticas espontáneas más espléndidas de la cultura universal. Por favor, mantengamos alrededor de ella el máximo respeto y seriedad.

Y, como son trece preguntas y Pierre considera que era "¡un total de mala sombra para gitanos franceses!", se añadió un ¿qué tiempo hace por ahí?

Variable inclinando a feo.

revista@flamenco-world.com

 

Más información:

La bibliografía sobre el flamenco, por Ana Tenorio

 
 
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