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Carlos Piñana, guitarrista.
A sus 23 años,
Carlos Piñana publica su segundo disco: Cal-libiri.
Cuando este cartagenero terminó de estudiar ocho años de guitarra
clásica, después de haberse llevado los concursos más importantes
de guitarra flamenca, se puso a dirigir un sexteto con dos albaneses, dos cubanos
y dos hermanos mayores. Pese a todo, por tradición familiar, se considera
un guitarrista flamenco de los pies a la cabeza.
¿Qué
diferencias existen con su anterior disco?
Bastantes, porque
el primero era una muestra de flamenco puro y ortodoxo y en el segundo hay mestizaje:
se mezclan muchas culturas, se mezcla el flamenco de vanguardia con música
clásica y ritmos latinos.
Su título,
'Cal-libiri' es más desenfadado que el del primero, "El cuidado de
la esencia".
En el primero intentaba
mantener la esencia de mi familia y le daba título una taranta, estilo
que habían cuidado mi padre y mi abuelo. El título del segundo es
como me llaman familiarmente los músicos cubanos, sugiere algo más
original.
No puede
negar que su grupo es, al menos, colorista.
Sí
Una amiga dice que soy una ONU ambulante.

¿Cómo
se ha adaptado, por ejemplo, el percusionista cubano a las bulerías?
Los cubanos tienen
un sentido del ritmo bestial, con gran formación, y se han adaptado perfectamente
a las cadencias flamencas. Llevo año y pico con ellos, pero en dos sesiones,
en dos juergas, se quedaron con el ritmo. Me ha costado más trabajo con
los albaneses, porque los músicos clásicos tienen la cabeza muy
estricta, no están acostumbrados a improvisar y el flamenco tiene mucho
de improvisación.
Dice eso
después de haber pasado diez años estudiando guitarra clásica
en el conservatorio
Sí, son
ocho años, pero durante dos no pude dedicarme porque empezaron a salirme
compromisos. La guitarra clásica y la flamenca son incompatibles, las técnicas
son muy diferentes y me ha costado mucho trabajo compaginarlas. Las pulsaciones
son diferentes, más fuertes en el flamenco. Paco de Lucía rompió
los moldes de la guitarra flamenca, revolucionó y fue criticado por los
clásicos, incluso Andrés Segovia le criticó, siempre ha habido
rivalidades entre los dos mundos. En el conservatorio me llené de rabia
y energía, incluso saqué matrícula de honor. Entre los beneficios
que me ha dejado está el virtuosismo en la mano izquierda y el haberme
abierto la mente a la hora de componer.

Carlos Piñana en el Festival de Jerez
(2 de Mayo de 2000)
Perdón
por la indiscrección, pero ¿era tan severo su abuelo Antonio como
parecía?
¿Severo?
A mi hermano le pegaba con el bastón en la cabeza cuando no se quedaba
con los cantes, porque le quería coger como heredero suyo y le metía
los cantes a puñados. A todos nos ha metido por vereda. A mí me
echaba cada bronca
Mi padre también ha sido muy severo, él
ha sido mi primer maestro, después estudié con Manolo Sanlúcar
y aprendí mucho de él.
El que
un solo de flauta por bulerías abra el disco le hará ganar enemigos
en el mundo flamenco
No lo sé,
es un trabajo arriesgado y lo que marca diferencias siempre se critica. Abre el
disco porque tiene mucha fuerza y porque me lo aconsejó la casa discográfica.
¿Son
sus intenciones, finalmente, acercar la música clásica, la cubana
y el flamenco?
Mi intención
no es fusionar, sino, simplemente, hacer lo que me ha inspirado en estos dos años.
Sin perder la raíz flamenca, no se trata de desvirtuar, sólo que
me ha salido así. No es un disco de mestizaje. No puedo presentarlo como
un disco de flamenco, no es un disco de guitarra solista aunque la minera sea
un tema puro. Yo soy un guitarrista flamenco, de los pies a la cabeza, pero vivo
con los tiempos y en estos dos años me han inspirado todos estos contactos.
Luis Clemente
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Antonio Piñana,
abuelo del entrevistado, fue considerado durante lustros el mejor y más
completo intérprete de los cantes de Levante. Su hijo, también llamado
Antonio, le acompañó a la guitarra y hoy su nieto Carlos se pone
al frente de una generación flanqueado por sus hermanos Curro y Pepe, cantaor
y guitarrista. "Estoy con ellos desde que empecé, porque ahora me
apoya un grupo pero en mi carrera como solista siempre he estado con ellos".
Participa en el disco de Curro "De lo humano y lo divino" (RTVE, 1998).
Carlos Piñana
comenzó a los diez años sus estudios de guitarra clásica
en el Conservatorio de Cartagena, cuya orquesta de cámara le llegó
a respaldar en 1995, un año antes de conseguir el Bordón Minero
en el concurso de La Unión y de sacar su primer disco, al que titula 'El
cuidado de la esencia'. Sigue consolidándose al obtener en 1988 un premio
de guitarra en Córdoba. En 1999 da un giro y lanza 'Cal-libiri'.
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