Pitingo, cantaor flamenco. Entrevista
“A mí me hubiera encantado
sacar
como single del disco la seguiriya”
Silvia Calado. Madrid, julio de 2006
Aunque nació en la desembocadura
del Guadiana, su cante viene de la otra orilla del Guadalquivir.
Las sagas jerezanas de Los Carpio y Los Valencia, más
Juanito Mojama confluyen en la genética flamenca
de Antonio
Pitingo. Y el recorrido sigue hasta Granada, donde el
cantaor ha encontrado como padrinos de su álbum debut
a Los Habichuela. Y aún hay más ingredientes,
pues su voz viene aliñada con los sabores del gospel
y del soul. Y aunque es consciente de que no va a cambiar
el flamenco, sí quiere aportarle nuevos colores.
Dicen que la ‘soulería’ es “hacer,
poniendo el alma, unas determinadas virguerías con
la voz, ajustándose en todo momento al compás
flamenco”. Con Pitingo nace el flamenco-soul.
Pitingo (Foto: Daniel
Muñoz) |
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El cante te viene de familia. Preséntate,
Pitingo.
Nací en Ayamonte, Huelva. Pertenezco
por parte de mi madre a Los Carpio y a Los Valencia, mi
abuela es Carpio Valencia, sobrina de Juanito
Mojama y el cante lo he escuchado desde chico en mi
casa porque mi abuela cantaba, mi tío José
cantaba y bailaba, mis primos... Menos mi madre la pobrecita,
que ella dibuja muy bien, pero de cantar, no. A mi tío
Diego también lo escuchaba mucho, que era nuestro
patriarca, y cantaba y bailaba muy bien.
Más cante de Jerez que de
Huelva...
Mucha gente me pregunta que por qué
no he hecho fandangos de Huelva en el disco. Y siempre digo
que por parte de mi madre son todos de Sanlúcar,
de Cádiz, de Jerez. Ya conociste en
el estudio de Jerez a mi primo Fernando. Me gusta el
fandango de Huelva y lo conozco, pero soy más caracolero,
me gusta más el fandango de Manolo Caracol. Me he
criado más en el cante de Cádiz que en el
de Huelva. Y cantaba desde chiquitito. Con ocho o nueve
años cantaba lo típico, un poquito por bulerías,
fandangos, por rumba, pero una vez que vine a Madrid fue
cuando empecé a cantar más variedad de cantes:
malagueñas, granaína, taranta...
¿Y te viniste a Madrid para
abrirte camino como cantaor?
No, me vine a Madrid para trabajar. Empecé
a trabajar en el aeropuerto cogiendo maletas. Y después
a ir a las fiestas de los señoritos que me iban saliendo
por las noches. Luego ya me metí en un tablao mientras
seguía trabajando en el aeropuerto.
¿“De los señoritos”
has dicho?
De los señoritos, sí. Esta
noche me voy a una.
¿Ya no tiene esa connotación
negativa?
Ya no tanto. Ahora es gente aficionada,
que respeta. Antes, pues depende, lo mismo te llamaban,
te hinchabas de cantar y no te echaba cuenta nadie, sólo
lo hacían por tener allí a dos flamencos.
Y lo único que estabas esperando era cobrar e irte.
Pero ahora ya es diferente.
Volviendo a tu historia. El siguiente
paso fueron los tablaos, ¿no?
Me metí a trabajar en El Café
de Chinitas, Torres Bermejas, Casa Patas..., cantándole
a bailaores como Mari Paz Lucena, El Toleo y mucha más
gente.

Pitingo
Siempre se dice que hay que pasar
por esa escuela. ¿Qué aprendiste en los tablaos?
Aprendí a cantar más reposado.
A veces, hay gente que tira para delante y otros para atrás,
hay gente que empieza a cantar más reposado y otros
que se adelantan demasiado. Yo aprendí a cantar más
reposadito y a subir al escenario más tranquilo,
más medido. Se nota el cantaor que ha acompañado
al baile por la medida del tiempo, del ritmo.
Y en las noches flamencas de Madrid
conociste a productores, cantaores...
Fui una noche a El Mago -una reunión
flamenca que semanalmente se celebra en Madrid- y conocí
a José Manuel Gamboa, Ricardo Pachón... Y,
a pesar de los buenos comentarios, al final desaparecí
un año, porque no me quería dedicar aún
a cantar, no me sentía preparado para ser cantaor
de ‘alante’. Me iba a ir a cantar a un tablao
a Barcelona, pero al final no me fui. Seguí en lo
mío hasta que, al cabo de un año, volví
a aparecer por El Mago. Entonces me dijo Gamboa que me quería
escuchar Ricardo Pachón. Con él no pasó
nada, pero firmé con un manager. Al principio, estaba
muerto de miedo, pues me puso a torear de repente con ‘miuras’.
Yo me veo de hace dos años a ahora y prefiero no
verme. Lo reconozco. Salía a los escenarios con la
cabeza agachada. La primera gala fue en Chicago con Gerardo
Núñez. Tú, imagínate. Tenía
una copa de agua en el suelo, junto a la silla, y no logré
en todo el concierto que me llegara a la boca de lo que
temblaba.
Pero eso te habrá hecho
sentir mucha más confianza...
Claro que es bueno. Aunque todavía
tiemblo un poquillo.
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Pitingo (Foto: Daniel
Muñoz) |
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Ya conseguirás beber, ¿no?
Sí, sí. Me doy un poquillo
la vuelta y bebo. Pero los nervios no se me quitarán
en la vida, soy muy nervioso.
Y después de calentar motores
en directo, llega el disco...
Fue a raíz de la canción
‘Los quereles’, que grabé en el disco
colectivo ‘El búho real’ de Emi. Empezaron
a ponerlo mucho en Radiolé porque a ellos les gustaba.
Lo escuchó Universal, vinieron a verme el año
pasado en Flamenco
pa’ Tos y ahí empezó todo. Hablamos
y me dieron a elegir productor, entre ellos, Javier Limón.
Pero a mí me parecía que para mi disco tenía
que ser Gamboa, porque para mí es la persona que,
como productor, más sabe de flamenco y era el que
me podía guiar y del que me fiaba. Aunque hay cosas
modernas, quería un disco flamenco. Otro productor
te puede llevar por otro lado y luego para remontar, no
veas.
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