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Hay que creer en lo que estás
grabando, ¿no?
Yo me tiré muchas horas estudiando el disco. Por la
noche me iba con Gamboa, cogíamos la guitarra y me
ponía a cantar. Ensaya esto, canta aquí... Así
hasta que estaba perfecto y él me decía: “Ahora
sí. El viernes vamos a grabar”. Tres meses de
trabajo en total, con muchos problemas... Y juntar a Los Habichuela,
que también es difícil.
El título apabulla: ‘Pitingo con Habichuelas’.
Parece un plato. Jajajaja.
¿Cómo conseguisteis juntarlos?
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Pitingo |
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En principio, iban a entrar más artistas, pero no
pudo ser por distintos motivos. Y a Gamboa se le ocurrió
que todo el disco fuera sólo con la familia Habichuela.
Juntar a Pepe y a Juan... Hacía más de treinta
años que no se juntaban en una grabación y Gamboa
consiguió reunir a toda la familia, hasta los nietos.
Era bonito verlo en el estudio. Todos se han portado muy bien
conmigo. Pepe
Habichuela confió desde el primer momento en mí.
Y con el tío Juan tengo una amistad de diario, de llamarnos
cada día. Cuando un día no lo llamo, me riñe.
Como si fuese un hijo suyo.
¿Y qué supuso para ti grabar con ellos?
Al primero que escuché en el estudio fue al tío
Juan
Habichuela con la granaína. Y me puse a llorar.
Yo me emociono cuando escucho algo tan bonito, pero encima
verle allí en el estudio tan mayor y con esa manera
de tocar... Me puse a llorar. Pero vamos, que El Camborio
y yo nos hemos tirado llorando en el estudio casi toda la
grabación. Con el tío Pepe igual, con la seguiriya.
¿Obras de arte? Para mí, la granaína
y la seguiriya. La ‘soulería’ y tal son
aportaciones pero obras de arte flamencas son la seguiriya
y la granaína; son las que me han dejado marcado. Si
pongo el disco, siempre me voy a la seguiriya y la granaína.
Lo demás está bien, la malagueña también,
pero cómo están tocados y cantados esos dos
cantes, no. A mí me hubiera encantado sacar como single
del disco la seguiriya. Pero ya sabemos todos que no puede
ser, la gente no lo entiende.
Después está la cara más moderna:
la ‘soulería’, la malagueña con
pasodoble, ‘Celos’... ¿De dónde
te viene esa faceta soul?
Cuando empecé a grabar la verdad es que lo estaba
haciendo todo tradicional. Y una noche le dije a Gamboa que
tenía unas cosillas con la guitarra. Se lo hice y me
contestó que por qué no lo hacía en el
disco. Me daba un poquito de vergüenza. Y dijo que era
muy bonito y que lo hiciera... Así surgió la
‘soulería’. Ya me metí en el estudio
y empecé a hacer varias voces. Casi todos los coros
del disco son míos. Me tiré muchos años
cantando gospel con amigos negritos. Y aún perdura
esa relación. Seguramente, este verano en los Jardines
de Sabatini van a venir conmigo a hacerme unos coros un chico
y una chica negros, que cantan que te mueres. Ahora están
con Mojo Project, son Iván y Maica Sitte. Con ellos
empecé a cantar, a aprender todas las armonías
de los coros y la forma de girar de ellos. Y me parece que
me ha aportado mucho para hacer algo diferente. No quiero
inventar nada nuevo porque el flamenco está inventado
sino, simplemente, aportar algo a la armonía.
Como el camino que ha seguido la guitarra en los
últimos tiempos...
Eso es. En cante hubo un tiempo en el que se avanzó
al igual que la guitarra, pero la guitarra le tomó
la delantera en cuanto a armonía y tonos. Y yo quiero
aportar diferentes tonalidades porque el flamenco, aunque
se hagan cosas nuevas, siempre va en semitonos. Y el gospel
tiene una riqueza de armonías que no veas, unos giros
diferentes. Creo que se puede hacer. ‘Los quereles’
está hecho con una base por debajo de coros de gospel,
igual que la ‘soulería’... es todo gospel
a ritmo flamenco.
Pitingo (Foto: Daniel Muñoz)
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No es fusión intencionada entonces, sino que
viene en tu formación.
Sí, claro, yo lo conocía. Había muchos
gitanos que hablaban en Madrid diciendo que el Pitingo tenía
que cantar cosas modernitas. Pero yo no sabía a qué
se referían con cosas modernitas. ¿Qué
es modernito? Yo creo que se pueden hacer, simplemente, aportaciones
nuevas. Y si alguna vez hago un segundo disco volverá
a ser flamenco con alguna aportación. Me encantaría
grabar el ‘Yesterday’ por bulerías. Ahora
hemos hecho la banda sonora de la película ‘Cándida’
de Guillermo Fesser el ‘Gwendolyne’ de Julio Iglesias
y ha ido todo el tema con unos coros de gospel por debajo,
una cosa preciosa. Me hubiera gustado meterlo en este disco
pero no dio tiempo.
¿Qué hay en común entre el flamenco
y esas músicas?
Es la misma forma de modular. Yo siempre comparo a Stevie
Wonder con Pepe Marchena en la velocidad de la voz. Y a La
Niña de los Peines la comparo con Aretha Franklin,
con esas voces negras, puras y esa forma de girar. Lo que
pasa es que el flamenco tiene otras tonalidades. Si un cantaor
se aprendiera esa forma de girar podría cantar soul.
Estos chicos de Mojo Project cantan flamenco. Lo mismo, no
cantan por soleá, pero saben hacer cosas de Camarón
perfectamente. Les cuesta un poquito más el ritmo,
pero pueden hacerlo.
Y a ti lo mismo te gusta Camarón que Marchena...
Hay gente a la que, por ejemplo, sólo le gusta Juan
Talega, esas voces roncas. Y hay gente a la que sólo
le gusta Mairena y no sale de ahí. A mí me gusta
Marchena en algunas cosas, me gusta Mairena, me gusta Talega,
me gusta La Niña de los Peines, Manolo Caracol, Capullo
de Jerez... Es que me gusta todo el cante que esté
bien hecho y con sentimiento. Otros me pueden parecer más
fríos o menos fríos. ¿De ahora? Me gusta
mucho Enrique Morente. Creo que es el que más está
aportando al flamenco.
¿Qué le pasa a los jóvenes que
sigue siendo Morente quien arriesga?
Es que los jóvenes intentan hacer algo moderno, entre
comillas, pero no se arriesgan a hacer algo diferente. Para
muchos jóvenes hacer algo moderno es meter una batería
a ritmo de bulerías. Y, en realidad, no aporta nada
porque, simplemente, están haciendo lo mismo pero con
otro instrumento. Pero Morente, de repente, cambia de tonalidades,
aquí mete una voces, allí hace... Es genial.
Y no pierde la esencia flamenca porque luego va a un teatro
y canta su recorrido entero por tarantas, mineras, cartageneras,
sus soleares, sus seguiriyas... Pero en sus grabaciones hace
lo que se le ocurre. Yo flipo con él. Está por
delante porque tiene una mentalidad más abierta que
todos. Cuando escuchó mi disco me llamó y lo
que más le gustó fue la malagueña cuando
al final se juntan las dos voces. “Qué bonito,
qué ocurrencia. Enhorabuena, Pitingo”, me dijo.
Me llamó a las tres de la mañana. Jajaja.
Para mí es un orgullo que me lo diga él, pues
creo que es difícil sorprenderlo.
Llama la atención la imagen que reflejas en
el disco, más cercano a un cantante de pop. ¿Hay
un poco de rebeldía contra los tópicos?
Lo quise hacer así. Yo antes tenía el pelo
largo, pero me apetecía cortármelo porque tenía
muchos problemas aquí en Madrid en la vida diaria,
para entrar en sitios, para coger un taxi... Eso fue mucho
antes del disco. Simplemente, doy una imagen de un chaval
de veinticinco años que no por ser flamenco tiene que
ir con pañuelo de lunares y exteriorizar que soy gitano.
Gitano soy, pero no tengo que ir con botos, ni tengo que decir
‘su primo’, ‘su mama’. Yo me he criado
en Madrid y hablo y vivo como un chaval normal.
¿Ves más posibilidades ahora para que
el cante que hacéis los jóvenes llegue a otros
públicos?
Mira Miguel
Poveda, Arcángel
y Estrella
Morente. Los tres son totalmente diferentes y los tres
abarcan a cantidad de público ajeno al flamenco. El
otro día estaba en la piscina y empezó un socorrista
muy ‘bakala’ a hablar conmigo y me dijo que le
encantaba Miguel Poveda. Me dijo que tenía todos sus
discos y que le encantaba cómo canta. Y me llevé
una alegría. Eso es un puntazo. Arcángel también
gusta a todo el mundo... Y yo intento también gustar
a todo el mundo, a los flamencos y a los no flamencos. A unos
les gustaré más y a otros les gustaré
menos. Ahora estoy en el punto de mira, sobre todo, de muchos
flamencos, pero tampoco hago yo mucho caso de lo que digan.
Hace tres años le gustaba a todos y ahora no le gusto
a ninguno, pero bueno...
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