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Miguel Poveda. Bienal de Flamenco de Sevilla, 28 de septiembre de 2006
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Miguel Poveda
Biografía, discografía, RealAudio y comentarios de los lectores

 
“Me encantan todos los artistas que son valientes, que arriesgan, que se equivocan, pues cuando aciertan, salen genialidades”


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El piano de Dorantes suena en las sevillanas...

Juan Carlos quería que hiciese un fandango de Huelva. Y si yo aparecía con un disco de Juan Carlos Romero, con lo asociado que estaba él a Arcángel, iba a haber comparaciones que no quería. Y, realmente, son cantes a los que les tengo mucho respeto. No he cantado nunca fandangos de Huelva. Y como los escucho cantar tan bien, no me atrevo a meterme ahí. Yo le propuse hacer unas sevillanas por el hecho de que desde el primer día que me vine a vivir a Sevilla, me he sentido como si llevara ahí toda la vida. Nunca me sentí el catalán ni el extranjero. Así que le propuse hacer esta sevillana flamenca y a él se le ocurrió hacerla con dos partes: una de la Sevilla romántica, del coche de caballos, del barrio de Santa Cruz, de Juan Ramón Jiménez; y las dos primeras que son más flamencas, más de Triana. Por eso se titulan ‘Y en medio del río’. Cuando las empecé a cantar me parecieron una maravilla, tiene esa forma como de Isidro Sanlúcar.


Miguel Poveda (Foto: Daniel Muñoz)

Recuerdan a Salmarina...

Exacto, esa forma que me encanta.

¿Te ha cambiado profesionalmente el hecho de estar en Sevilla?

La verdad es que lo he notado. El hecho de tenerme cerca, de saber que estoy ahí... parece que se acuerda más la gente. También han visto que he seguido trabajando, que siguen mi trayectoria, que les gusta lo que hago... igual que a mí me gusta y sigo lo que hacen los demás. Al estar ahí, creo que se hace más evidente que estoy en circulación.

Desde que te afincaste en Sevilla, has colaborado con Eva Yerbabuena, con Israel Galván...

Sí. Resulta costoso que una persona venga de Barcelona. También yo he estado colaborando con músicos de por ahí arriba en proyectos muy diversos y me apetecía ya colaborar con compañeros del flamenco. Soy muy fan de los demás. Con Israel Galván muero. Ya me llamó para ‘Los zapatos blancos/ Los zapatos rojos’ cuando lo hizo en el Festival Grec de Barcelona. En Japón también trabajamos juntos. Es muy valiente, me encanta, como todos los artistas que son valientes, que arriesgan, que se equivocan, pues cuando aciertan, que es la mayoría de las veces, salen genialidades. Además, cuando conoces al protagonista en conversaciones, cómo vive, cómo se desenvuelve... entiendes mejor su obra. Eso me pasa con Israel Galván. Lo de Eva Yerbabuena fue genial, pues es una de las artistas que más admiro. Cuando me llamó para ‘A cuatro voces’, aluciné. Todas esas colaboraciones dentro de la Bienal de Sevilla y otros festivales, han hecho que se me vea más. Antes no trabajaba tan a menudo en Andalucía.

Y lo más reciente ha sido ‘La puerta abierta’ de Isabel Bayón, una colaboración muy intensa y de mucho éxito en Bienal 2006...

Yo flipé cuando me lo dijo. Cuando me llamó, estaba superliado. Tenía lo mío, tenía lo de Israel, tenía la gira de los poetas en Barcelona, me iba a Buenos Aires con Mederos... Y cuando miré la agenda vi que tenía dos días para ensayar. Me dio el vídeo y vi que el único cantaor debía ser yo. Había pensado que había más cantaores y yo participaba en algún momento. Luego vi que tampoco tenía que hacer cosas muy difíciles, que salía cantando por soleá, tenía que hacer letras que hacían alusión a las puertas abiertas, el pasodoble... yo qué sé, un montón de lío. Al final le dije que podía ensayar muy pocos días, que lo iba a intentar hacer bien y que si se quería arriesgar... Al final fue una maravilla, me lo pasé en grande. El espectáculo tenía mucho gusto, era muy delicado, tenía emoción, sentimiento... y ella se lo merece, es muy buena gente y baila muy bien.


Miguel Poveda con Isabel Bayón. Bienal 2006
(Foto: Daniel Muñoz)

Cuando realmente triunfaste fue en el estreno de ‘Tierra de calma’. ¿Qué pasó en el escenario que se transmitió algo tan especial?

¿Sí? Estuve alucinado todo el concierto, me lo estaba pasando en grande, estaba disfrutando mucho, lo estaba sintiendo todo, la respiración de Eva, lo de Diego, lo que pasaba detrás... Había como mucha energía en el escenario. Pero recuerdo que cuando terminé de cantar, me salí por el otro lado... y me vi andando solo por detrás del escenario de una punta a otra y sentí un vacío tan grande, como de soledad, que empecé a llorar por el pasillo. Qué agobio, qué solo después de lo que acababa de dar. Más que nada era la emoción, la tensión de cantar en Sevilla, el estreno, el agotamiento que traía de un mes sin parar. Pero me acuerdo de ese momento, qué solo me sentí... y no había nadie que me abrazara.

Volviendo al disco... Hay muy poquitos instrumentos. ¿Buscabas conscientemente esa limpieza de sonido?

Sí. Una de las conversaciones que tenía con Juan Carlos era que no quería hacer un disco de estribillos. Bueno, a él tampoco tenía que pedírselo porque no está en esa línea. Yo quería un disco muy sobrio, de guitarra, voz, palmas y percusión en algunos casos. Y así se ha hecho.

¿Crees que el flamenco se ha pasado de recargado en muchas producciones de los últimos años?

No, creo que ha habido épocas de búsqueda. La gente ha estado buscando y en esas búsquedas se han probado muchas cosas: más recargado, menos recargado... y gente que no ha buscado tanto, simplemente, ha ido a hacer el disquito para el coche. Claro que otros han ido investigando, cada uno está en su onda. No lo he hecho así porque el mercado esté saturado de esas cosas y yo haya querido hacer otra cosa distinta. Para defender mi obra no quiero cargarme la de los demás.

¿Sentías necesidad de volver al flamenco?

A nivel discográfico sí, porque en directo no he dejado nunca de hacer recitales de cante. La gente también creo que tenía ganas de que hiciera un disco de flamenco. A lo mejor no es el disco de flamenco que se esperaban, pero me lo pedía el cuerpo. A lo mejor querían un disco más ortodoxo, que para mí lo es, pero son composiciones de un guitarrista determinado que suena de una forma determinada y que tiene un sello muy particular. Yo la verdad es que estoy contento, pero sé que hay gente que lo mismo esperaba otra cosa. Y creo que es un trabajo que, sin que suene pretencioso ni soberbio, cuando pase el tiempo se va a entender mucho mejor. Creo que hay mundos alucinantes en determinados temas como la farruca y la malagueña que no se aprecian con una sola escucha.


Miguel Poveda con Juan Carlos Romero y Paco Jarana
en el estreno de Tierra de calma (Foto: Daniel Muñoz)

¿Qué te has traído para el flamenco de todas esas experiencias?

 
"Yo estoy con la línea de Enrique y de Israel... y de los artistas valientes. No puedo ser conservador. ¡Si soy catalán y payo!"

A lo mejor musicalmente no mucho, algún detalle que otro. Experiencia nada más. Un camino ahí labrado, no sé... De ‘Rafael Alberti. Poemas del exilio’, cuando hago flamenco no hago esa modulación. Cambias el registro y lo cambias todo. Con los tangos argentinos, incluso al contrario. Cuando he estado mucho tiempo cantando otras cosas, como lo de la copla con Martirio, lo del tango, lo de ‘Desglaç’... donde he tomado más una pose de cantante que de cantaor, incluso a veces cuando he estado cantando flamenco, a la hora de grabar había cosas que las tenía viciadas, que las hacía más acancionadas. Te traes experiencia, de viajar, de escenario y demás pero, musicalmente, el chip tienes que cambiarlo.

Ante esta nueva generación de cantaores de línea neoclásica, incluso conservadora, ¿cómo se presenta, a tu juicio, la evolución futura del flamenco?

¿A mí me ves conservador? Si fuera conservador no cantaría con orquesta dirigido por Joan Albert Amargós, no cantaría las cosas de Juan Carlos Romero, no cantaría poemas en catalán... Yo me considero todo lo contrario. Si me consideraras conservador, me daría pena. Lo que sí es verdad es que uno no puede empezar la casa por el tejado. Hasta que Enrique Morente ha llegado a esas conclusiones, tiene una discografía bastante clásica, con un homenaje a Antonio Chacón... No me pongas ahí. También ese neoclasicismo puede deberse a unas circunstancias determinadas. A lo mejor ha habido saturación de otras cosas y la gente quiere volver a la raíz, será que hay hambre de lo tradicional. Y, además, el que empieza y es joven primero quiere hacerse como cantaor para después llegar a sus propias conclusiones... si es que tienen que llegar. Yo estoy con la línea de Enrique y de Israel... y de los artistas valientes. No puedo ser conservador. ¡Si soy catalán y payo!

Miguel Poveda, antológico

Aún es sólo un proyecto que le ronda la cabeza, pero cada vez le obsesiona más. Miguel Poveda está cada vez más convencido de que podría dedicar los próximos tres o cuatro años a grabar una antología. Por un lado, según explica Miguel Poveda, “pensaba que podía ser muy pretencioso por mi parte”. Sobre todo, por cuestiones de edad. Pero, por otro lado, sabe que “no es una enciclopedia sino, simplemente, recoger una serie de cantes que me apetece interpretar en un disco doble”. Aunque lo quiere abordar con el mayor rigor posible: “Lo voy a trabajar bien durante unos años, con gente que me ayude, me voy a documentar. ¿Por qué no? Como cantaor flamenco, tengo el compromiso de hacerlo. A mí me encantaría que otros compañeros lo hicieran también”. Y en esa reflexión incluye una alabanza a un trabajo clave para el flamenco: “Yo agradecí mucho la antología de Carmen Linares, es un disco para la historia”.



Más información:

Bienal 2006. Miguel Poveda, ‘Tierra de calma’. Teatro Lope de Vega. Sevilla, 28 de septiembre de 2006. Reseña, fotos y vídeo online

Entrevista a Miguel Poveda, cantaor (marzo 2004)

Miguel Poveda vuelve al flamenco con el nuevo disco ‘Tierra de calma’

 
 
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