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El piano de Dorantes
suena en las sevillanas...
Juan Carlos quería que hiciese un
fandango de Huelva. Y si yo aparecía con un disco
de Juan Carlos Romero, con lo asociado que estaba él
a Arcángel, iba a haber comparaciones que no quería.
Y, realmente, son cantes a los que les tengo mucho respeto.
No he cantado nunca fandangos de Huelva. Y como los escucho
cantar tan bien, no me atrevo a meterme ahí. Yo le
propuse hacer unas sevillanas por el hecho de que desde
el primer día que me vine a vivir a Sevilla, me he
sentido como si llevara ahí toda la vida. Nunca me
sentí el catalán ni el extranjero. Así
que le propuse hacer esta sevillana flamenca y a él
se le ocurrió hacerla con dos partes: una de la Sevilla
romántica, del coche de caballos, del barrio de Santa
Cruz, de Juan Ramón Jiménez; y las dos primeras
que son más flamencas, más de Triana. Por
eso se titulan ‘Y en medio del río’.
Cuando las empecé a cantar me parecieron una maravilla,
tiene esa forma como de Isidro Sanlúcar.

Miguel Poveda (Foto: Daniel
Muñoz)
Recuerdan a Salmarina...
Exacto, esa forma que me encanta.
¿Te ha cambiado profesionalmente
el hecho de estar en Sevilla?
La verdad es que lo he notado. El hecho
de tenerme cerca, de saber que estoy ahí... parece
que se acuerda más la gente. También han visto
que he seguido trabajando, que siguen mi trayectoria, que
les gusta lo que hago... igual que a mí me gusta
y sigo lo que hacen los demás. Al estar ahí,
creo que se hace más evidente que estoy en circulación.
Desde que te afincaste en Sevilla,
has colaborado con Eva Yerbabuena, con Israel Galván...
Sí. Resulta costoso que una persona
venga de Barcelona. También yo he estado colaborando
con músicos de por ahí arriba en proyectos
muy diversos y me apetecía ya colaborar con compañeros
del flamenco. Soy muy fan de los demás. Con Israel
Galván muero. Ya me llamó para ‘Los
zapatos blancos/ Los zapatos rojos’ cuando lo hizo
en el Festival Grec de Barcelona. En Japón también
trabajamos juntos. Es muy valiente, me encanta, como todos
los artistas que son valientes, que arriesgan, que se equivocan,
pues cuando aciertan, que es la mayoría de las veces,
salen genialidades. Además, cuando conoces al protagonista
en conversaciones, cómo vive, cómo se desenvuelve...
entiendes mejor su obra. Eso me pasa con Israel Galván.
Lo de Eva
Yerbabuena fue genial, pues es una de las artistas que
más admiro. Cuando me llamó para ‘A
cuatro voces’, aluciné. Todas esas colaboraciones
dentro de la Bienal de Sevilla y otros festivales, han hecho
que se me vea más. Antes no trabajaba tan a menudo
en Andalucía.
Y lo más reciente ha sido
‘La
puerta abierta’ de Isabel Bayón, una colaboración
muy intensa y de mucho éxito en Bienal 2006...
Yo flipé cuando me lo dijo. Cuando
me llamó, estaba superliado. Tenía lo mío,
tenía lo de Israel, tenía la gira de los poetas
en Barcelona, me iba a Buenos Aires con Mederos... Y cuando
miré la agenda vi que tenía dos días
para ensayar. Me dio el vídeo y vi que el único
cantaor debía ser yo. Había pensado que había
más cantaores y yo participaba en algún momento.
Luego vi que tampoco tenía que hacer cosas muy difíciles,
que salía cantando por soleá, tenía
que hacer letras que hacían alusión a las
puertas abiertas, el pasodoble... yo qué sé,
un montón de lío. Al final le dije que podía
ensayar muy pocos días, que lo iba a intentar hacer
bien y que si se quería arriesgar... Al final fue
una maravilla, me lo pasé en grande. El espectáculo
tenía mucho gusto, era muy delicado, tenía
emoción, sentimiento... y ella se lo merece, es muy
buena gente y baila muy bien.

Miguel Poveda con Isabel Bayón.
Bienal 2006
(Foto: Daniel Muñoz)
Cuando realmente triunfaste fue
en el estreno de ‘Tierra de calma’. ¿Qué
pasó en el escenario que se transmitió algo
tan especial?
¿Sí? Estuve alucinado todo
el concierto, me lo estaba pasando en grande, estaba disfrutando
mucho, lo estaba sintiendo todo, la respiración de
Eva, lo de Diego, lo que pasaba detrás... Había
como mucha energía en el escenario. Pero recuerdo
que cuando terminé de cantar, me salí por
el otro lado... y me vi andando solo por detrás del
escenario de una punta a otra y sentí un vacío
tan grande, como de soledad, que empecé a llorar
por el pasillo. Qué agobio, qué solo después
de lo que acababa de dar. Más que nada era la emoción,
la tensión de cantar en Sevilla, el estreno, el agotamiento
que traía de un mes sin parar. Pero me acuerdo de
ese momento, qué solo me sentí... y no había
nadie que me abrazara.
Volviendo al disco... Hay muy poquitos
instrumentos. ¿Buscabas conscientemente esa limpieza
de sonido?
Sí. Una de las conversaciones que
tenía con Juan Carlos era que no quería hacer
un disco de estribillos. Bueno, a él tampoco tenía
que pedírselo porque no está en esa línea.
Yo quería un disco muy sobrio, de guitarra, voz,
palmas y percusión en algunos casos. Y así
se ha hecho.
¿Crees que el flamenco se
ha pasado de recargado en muchas producciones de los últimos
años?
No, creo que ha habido épocas de
búsqueda. La gente ha estado buscando y en esas búsquedas
se han probado muchas cosas: más recargado, menos
recargado... y gente que no ha buscado tanto, simplemente,
ha ido a hacer el disquito para el coche. Claro que otros
han ido investigando, cada uno está en su onda. No
lo he hecho así porque el mercado esté saturado
de esas cosas y yo haya querido hacer otra cosa distinta.
Para defender mi obra no quiero cargarme la de los demás.
¿Sentías necesidad
de volver al flamenco?
A nivel discográfico sí,
porque en directo no he dejado nunca de hacer recitales
de cante. La gente también creo que tenía
ganas de que hiciera un disco de flamenco. A lo mejor no
es el disco de flamenco que se esperaban, pero me lo pedía
el cuerpo. A lo mejor querían un disco más
ortodoxo, que para mí lo es, pero son composiciones
de un guitarrista determinado que suena de una forma determinada
y que tiene un sello muy particular. Yo la verdad es que
estoy contento, pero sé que hay gente que lo mismo
esperaba otra cosa. Y creo que es un trabajo que, sin que
suene pretencioso ni soberbio, cuando pase el tiempo se
va a entender mucho mejor. Creo que hay mundos alucinantes
en determinados temas como la farruca y la malagueña
que no se aprecian con una sola escucha.

Miguel Poveda con Juan Carlos
Romero y Paco Jarana
en el estreno de Tierra de calma (Foto: Daniel Muñoz)
¿Qué te has traído
para el flamenco de todas esas experiencias?
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| "Yo
estoy con la línea de Enrique y de Israel...
y de los artistas valientes. No puedo ser conservador.
¡Si soy catalán y payo!" |
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A lo mejor musicalmente no mucho, algún
detalle que otro. Experiencia nada más. Un camino
ahí labrado, no sé... De ‘Rafael Alberti.
Poemas del exilio’, cuando hago flamenco no hago esa
modulación. Cambias el registro y lo cambias todo.
Con los tangos argentinos, incluso al contrario. Cuando
he estado mucho tiempo cantando otras cosas, como lo de
la copla con Martirio, lo del tango, lo de ‘Desglaç’...
donde he tomado más una pose de cantante que de cantaor,
incluso a veces cuando he estado cantando flamenco, a la
hora de grabar había cosas que las tenía viciadas,
que las hacía más acancionadas. Te traes experiencia,
de viajar, de escenario y demás pero, musicalmente,
el chip tienes que cambiarlo.
Ante esta nueva generación
de cantaores de línea neoclásica, incluso
conservadora, ¿cómo se presenta, a tu juicio,
la evolución futura del flamenco?
¿A mí me ves conservador?
Si fuera conservador no cantaría con orquesta dirigido
por Joan Albert Amargós, no cantaría las cosas
de Juan Carlos Romero, no cantaría poemas en catalán...
Yo me considero todo lo contrario. Si me consideraras conservador,
me daría pena. Lo que sí es verdad es que
uno no puede empezar la casa por el tejado. Hasta que Enrique
Morente ha llegado a esas conclusiones, tiene una discografía
bastante clásica, con un homenaje a Antonio Chacón...
No me pongas ahí. También ese neoclasicismo
puede deberse a unas circunstancias determinadas. A lo mejor
ha habido saturación de otras cosas y la gente quiere
volver a la raíz, será que hay hambre de lo
tradicional. Y, además, el que empieza y es joven
primero quiere hacerse como cantaor para después
llegar a sus propias conclusiones... si es que tienen que
llegar. Yo estoy con la línea de Enrique y de Israel...
y de los artistas valientes. No puedo ser conservador. ¡Si
soy catalán y payo!
| Miguel Poveda, antológico
Aún es sólo un
proyecto que le ronda la cabeza, pero cada vez
le obsesiona más. Miguel Poveda está
cada vez más convencido de que podría
dedicar los próximos tres o cuatro años
a grabar una antología. Por un lado,
según explica Miguel Poveda, “pensaba
que podía ser muy pretencioso por mi
parte”. Sobre todo, por cuestiones de
edad. Pero, por otro lado, sabe que “no
es una enciclopedia sino, simplemente, recoger
una serie de cantes que me apetece interpretar
en un disco doble”. Aunque lo quiere abordar
con el mayor rigor posible: “Lo voy a
trabajar bien durante unos años, con
gente que me ayude, me voy a documentar. ¿Por
qué no? Como cantaor flamenco, tengo
el compromiso de hacerlo. A mí me encantaría
que otros compañeros lo hicieran también”.
Y en esa reflexión incluye una alabanza
a un trabajo clave para el flamenco: “Yo
agradecí mucho la antología
de Carmen Linares, es un disco para la historia”.
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