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Ramón Montoya (1937)

Esta
entrevista viene del periódico "La Nación", de Buenos
Aires, Argentina, con fecha de 11 de mayo de 1937. No aparece el nombre del periodista.
EL ARTE POPULAR ANDALUZ
Ramón
Montoya recuerda figuras del "cante jondo"
La vida pintoresca del "cantaor" Antonio Chacón
En
las primeras horas de la mañana de ayer llegó a nuestra metrópoli,
a bordo del vapor Campana, procedente de Marsella, el celebrado guitarrista español
Ramón Montoya, considerado como el intérprete más completo
de la música popular andaluza. Viene el artista antes citado para actuar
en nuestra capital, contratado por la empresa del teatro Maravillas, en cuyo escenario
se presentará esta noche, integrando el espectáculo de arte regional
que en el mismo viene ofreciendo el conjunto que encabeza la bailarina Carmen
Amaya. Está vinculado Montoya al arte del "cante jondo" por una
actuación de más de un cuarto de siglo, en que su destreza de "tocaor"
fue hermanada con figuras de tanta significación en la expresión
flamenca como las Macarronas, la Niña de los Peines y Antonio Chacón.
A través de una entrevista que el celebrado guitarrista nos concede en
el Maravillas, van desfilando en sus recuerdos todos los "grandes" que
hicieron un culto de la canción popular del pueblo andaluz, salpicando
la conversación con episodios, pintorescos unos, sentimentales otros, y
en los que interviene, frecuentemente, el actor Manolo Vico, vinculado también
a la vida artística de Montoya por más de una actuación accidentada
por tierras de la Península. El físico de Montoya desmiente por
completo la región de la que es oriundo, como no lo confirma tampoco el
acento de su palabra. Al verlo, con su rostro encendido, se diría que es
un hombre del norte de España, y hablando parece un andaluz perfecto. Pero
en las primeras preguntas ya Montoya se explaya y detalla todo cuanto de él
se desea saber.
¿De
qué región es usted?
Yo
soy de Madrid, del mismo barrio del Avapiés, de esa tontería de
barriada que tan bien define a la capital de España. Y por cierto que en
algunas oportunidades he tenido que enseñar mis documentos personales para
demostrar que yo era madrileño por los cuatro costados.
Yo hube de venir a Buenos Aires, hace más o menos siete años, en
que García Malla me propuso que actuara en el teatro Casino, pero el miedo
a embarcarme, que para algo soy, además de madrileño, gitano, me
hizo renunciar a los tentadores ofrecimientos de entonces. Recuerdo siempre que
más de una vez me lo decía Manolo Vico, que ya conocía esta
tierra:
"¡No seas tonto, Ramón, vete a América, que te vas a
hinchar de ganar dinero!"; Pero confieso que la sola idea de saber que tenía
que pasarme tantos días en medio del mar me quitaba todo el interés
que podían ofrecer los interesantes contratos ofrecidos.
Montoya
se inició tocando en los cafés cantantes de Madrid.
¿Cómo
se inició usted en el arte de guitarrista?
En
los cafés cantantes de Madrid, muchos de los cuales o la mayor parte de
ellos, ya ni siquiera existen. De entonces recuerdo yo con emoción el café
de la Marina, donde me inicié, y que estaba situado en la calle Jardines
número 21. También me tocó trabajar en el famoso café
de Naranjeros, en la plaza de la Cebada; el café del Gato, en la cortada
del mismo nombre y cuyas dueñas respondían al pintoresco nombre
de las hermanas Higorrotas; el café de la Magdalena, también en
la calle de ese nombre, entre las plazas de Antón Martín y del Progreso;
el café del Pez, en la calle Ancha de San Bernardo. En el café de
la Marina me tocó actuar al lado de las famosas Macarronas, de Malena de
Salud, la hija del Ciego, que representa para mí lo más grande en
bailes de hombres, interpretados por una mujer, que aparecía en traje de
corto con zajones y sombrero calañés, chiquita y con una voz cavernosa
que coincidía perfectamente con su arte; Anita Caña artista de gran
temperamento; la Mejorana, una de las grandes intérpretes del baile clásico
flamenco, y Antonio de Bilbao, que conocieron en Buenos Aires en el teatro San
Martín en la compañía de Eulogio Velasco, hace varios años.
De Antonio de Bilbao recuerdo, por cierto, la forma original en que se consagró
en Madrid. Fue una noche de esas memorables en el café de la Marina. Después
de actuar varios artistas, y respondiendo al jaleo de varios amigos, apareció
en el tabladillo Antonio y me pidió que yo le acompañara. La impresión
que se traducía de su físico y su indumentaria no dejaban adivinar
el bailarín inmenso que había en él. Iba metido debajo de
una boina que traducía su origen vasco, y al preguntarle qué quería
bailar, me dijo que lo haría por alegrías. Lo miré y pensé
que eso era en broma y resolví tocar entonces del mismo modo, pero el hombre
reaccionó y me dijo convencido de sí mismo:
"¡No,
toque usted bien, que yo sé bailar!"
Y
en efecto, el hombre sabía lo que hacía, hasta el punto que esa
noche acabó con los "bailaores", "tocaores" y con el
público, y cómo sería la impresión que produjo, que
el dueño del café vino de inmediato a imponerme que debía
contratarlo, por cuanto esa facultad estaba reservada al "tocaor" oficial
de la casa, que entonces era yo. Le pregunté el precio que quería
ganar y me respondió: doce pesetas, que a la sazón era un buen salario,
pero que si pidiera cincuenta lo mismo se las hubiéramos dado. Yo ganaba
siete pesetas, que también era una paga importante, pero por intervenir
fuera del café ganaba yo diariamente más de veinte duros. Lo único
que puedo decir de Antonio de Bilbao es que poco tiempo después era él
el amo del café de la Marina y que su nombre circuló por toda España
en tono consagratorio. No quiero dejar de recordar también a Faíco,
interprete magnífico de la farruca y a quien actuando en París el
público lo consagró en el paso doble "La Giralda". Triunfaron
igualmente allí Ramírez, de Jerez, en farrucas y tangos, y Monijón,
primo de Faíco.
¿Y
de las "bailaoras", cuales recuerda como las mejores?
Mariquilla,
la flamenca, en lo clásico, de la talla de la Macarrona, y Encarnación
Hurtado, la Malagueñita.

Considera
a Chacón como el intérprete más completo.
Pero
en el "cante jondo" - continúa diciendo Montoya - lo más
grande que ha dado España es Antonio Chacón, o, mejor dicho, D.
Antonio Chacón, porque si a alguien hay que darle el don es a él.
Para mí y para muchos, Chacón ha sido el amo de todos los "cantes"
flamencos. Y puede decirse, además, de él, que no era solamente
un "cantaor", porque lo mismo sabía hablar de pintura y de literatura
como de medicina. Y cantando era algo serio. Era capaz de comenzar a cantar a
las 8 de la noche y seguir hasta el día siguiente a la misma hora con el
mismo entusiasmo y eficacia, y terminaba con todos, como que donde estuviera él
nadie podía ponerse a su lado. Durante quince años le acompañé
con mi guitarra, esta guitarra que va conmigo desde hace veintisiete años,
y que los flamencos llaman "la leona de Montoya". Chacón era
lo más grande en el cante gitano por seguidilla y era, a la vez, gran señor
y amigo, como que se murió y no dejó una "gorda", después
de haber ganado más de dos millones de pesetas, porque todo cuanto rescataba
lo empleaba en vivir bien, como un gran señor que era. También fue
grande en el "cante" de Levante Manuel Torres, intérprete magnífico
de la murciana y la cartagenera, y Manuel Escasena, que contó, además,
con la admiración de Antonio Chacón. Escasena tenía una cabeza
de forma rara, que le valió fuera comparada a un pepino, y recuerdo que
Chacón, al referirse a él me decía: "Vea usted, Montoyita,
este "cabeza de pepino" es extraordinario". Y más de una
vez el mismo Chacón se encargó de hacer que en alguna juerga de
Villa Rosa llegara a manos de Escasena un billete de cien pesetas, fingiendo que
otra persona se lo había entregado para él. El pobre bondadoso de
Antonio Chacón. De Chacón debo recordar también cuando me
presentó en Sevilla en una fiesta, durante las ferias. Había allí
reunido lo más grande que el "cante" tenía entonces, y
fui yo, ilustre desconocido, para acompañar a Don Antonio. Al presentarme
se limitó a decir: "Primero vais a cantar todos vosotros y luego lo
haré yo, acompañado por Montoya, y os aseguro que os voy a hacer
llorar a todos". Y así fue, en efecto: acabaron todos llorando. Su
admiración por mí era tanta que llegó a perdonarme que en
una fiesta del Duque de Medinaceli llegara tarde por preferir jugar al billar,
y se limitó a decirme: "Montoya, ¿usted es jugador de billar
o "tocaor" de guitarra?". En otra oportunidad que volvimos a Sevilla,
la admiración de los andaluces llegó a negar mi nacimiento en la
capital, y él replicó en tono amable: "¡Haga el favor
de decir que usted ha "nacío" en Sevilla!".
En
París actuó en la Opera Cómica con la Argentinita
La
conversación gira luego sobre sus actuaciones recientes y sobre el plan
a desarrollar en el Maravillas, y Montoya nos dice:
He
estado actuando en París por espacio de ocho meses, que se han ido prolongando
desde hace cinco, en que tenía que venir a Buenos Aires, y no me dejaban.
He dado varios recitales de música flamenca en la sala Pleyel, de París,
y dos en la Opera Cómica, acompañando a Encarnación López,
la Argentinita, que obtuvo un éxito extraordinario. ¡Cómo
baila vuestra compatriota! Para mí es la artista más completa que
ha conocido España entre las "bailaoras", con el agregado de
que hasta cantando con esa voz chiquitina que tiene lo hace en forma primorosa.
Es el suyo arte puro, de primera calidad, y que el público de París,
como antes el de España, supo valorar en su verdadera expresión.
Luego actué en Bruselas, Londres y Suiza, hasta que pude salir en dirección
a Marsella y embarcarme para pasar esos días de alta mar, de los que no
quiero ni siquiera acordarme para tener valor para la vuelta.
"En
mi actuación en Buenos Aires, mi repertorio estará integrado por
interpretaciones en la guitarra, en mi "leona" de arte flamenco puramente
clásico, como soleares, malagueñas, granadinas, mineras, tarantas,
rondeñas, bulerías, tango en mayor y menor, guajiras, farrucas,
seguidillas y la rosa, y ejecutaré cada una de ellas con arreglo a los
deseos del público, que por espacio de tantos años he pensado conocer
por tantas referencias que de él tenía".
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