Rafael
Amargo, bailaor. Entrevista
"Al flamenco le sobra talento y
le falta constancia"
Silvia Calado. Madrid, mayo de 2004
Fotos: Daniel Muñoz
Rafael
Amargo vive un momento dulce. Atrás dejó
la etapa "canalla" y los desprecios del flamenco,
un mundo del que quiere irse alejando poco a poco, al menos,
de puertas para fuera. Con tres premios 'Max' consecutivos
al mejor bailarín, varias obras en gira con compañía
propia -'Enramblao', 'Poeta en Nueva York' y 'El amor brujo'-
y un nuevo proyecto para la próxima temporada basado
en 'El Quijote', el bailaor o bailarín o artista
-tanto le da- disfruta de una fértil etapa, plena
de tranquilidad, de fama, de éxito. Eso sí,
su aguijón es afilado y no se anda con rodeos cuando
tiene que hablar de las dolencias del flamenco, un arte
que dice respetar... y contribuir a engrandecer.

Rafael Amargo en 'Poeta en Nueva
York'
Rafael Amargo pasa
el verano en Madrid, haciendo temporada en el Teatro Alcázar.
Allí estrena 'Enramblao', un espectáculo...
...Dedicado a la vida
que está viva en las calles. Es un homenaje a mi
estancia en la ciudad de Barcelona, donde yo viví.
Fue una etapa de mi vida muy loca, muy 'crazy'. Y ahora
que ya estoy liberado de todo eso, ya puedo contarlo y hacerle
un homenaje a ese estado de ánimo. Es una sucesión
de piezas, algunas flamencas y otras menos flamencas, pero
todas con el sello 'amargo', un sello muy personal y muy
particular, que significa hacer en cada momento lo que uno
quiere. Hay desde el 'hip hop' al 'tap dance'; hay personajes
que me crucé por la calle... Está reflejada,
por ejemplo, una historia de comprensión y de amor
maravillosa con una prostituta; una historia con un transformista
que bajaba cada noche a trabajar al barrio chino, las estatuas
vivientes, los mimos...
¿Y en qué consiste ese sello
'amargo'?
No lo sé. Los expertos
me definieron hace poco como un bailarín ecléctico.
Yo no entiendo la palabra, pero me gusta tanto que me la
quedo.
¿Bailarín? ¿Y no bailaor?
Sí, yo soy bailaor,
pero también puedo ser bailarín. Yo soy alguien
que se mueve porque existe la música y porque existe
un movimiento en el cuerpo. Estoy en un momento en el que
no sé verdaderamente ni lo que quiero, ni lo que
hago, ni dónde estoy, ni lo que soy. Estoy en una
etapa muy complicada, pero muy sana, porque he superado
otras mucho más canallas.
Pero eso activará la creación,
¿no?
Hombre, totalmente. Pero estoy mejor ahora,
tranquilito.
¿Cómo casa el flamenco con
esas otras disciplinas que tocas?
El flamenco es un arte
tan grande y tiene una materia prima tan rica que casa todo
el arte que al igual que el flamenco sea racial, sea de
abajo.
También continúas poniendo
en escena 'Poeta en Nueva York'...
'Poeta en Nueva York'
es mi obra completa, la más importante que he hecho
hasta ahora y en la que me siento más cómodo.
Y con esta obra voy a hacer la gira internacional. Aquí
en Madrid me paso los meses de junio, julio y agosto para
acabar de hacer mi casa, pero en septiembre me voy a Sudamérica,
al Caribe, con el calorcito...
¿Qué tal se recibe tu propuesta
fuera?
El flamenco gusta mucho
en todos sitios, sobre todo, el mío que toca más
campos. Llevo bailarines de danza contemporánea,
pues yo más que de flamenco, te diría que
tengo una compañía de danza, de música,
de arte.

Rafael Amargo
Aquí hay un
paréntesis. Una de sus colaboradoras le muestra la
foto de estudio que dentro de poco aparecerá en un
dominical. Está desnudo con una postura diríase
flamenca. A pesar de ser la impresión de un e-mail,
se aprecia la belleza de la imagen. Y le encanta. "Si
apareciera en la web, se nos colapsaría el servidor".
"Uf, con lo raritos que son los flamencos, no sé,
no sé". Al guardarla en la bolsa de ensayo -está
en el Teatro Albéniz preparando su intervención
en la gala del Día Internacional de la Danza- se
empieza a reír y comenta que "soy el único
flamenco que va a ensayar con una bolsa de Louis Vuitton.
Es que soy muy petardo, a mí me encanta eso de las
marcas, uy, eso me ha importado muchísimo siempre,
¿verdad?". No hace falta avisar de la ironía
de sus palabras... Proseguimos.
¿Cómo presentarías
'Poeta en Nueva York'?
Se trata de un recorrido
a través de los apartados más significativos,
seleccionados por mí, de 'Poeta en Nueva York' de
Federico García Lorca. Te quedas con los distintos
estados de ánimo, con las distintas visiones que
tiene el poeta del Nueva York del año 1929. Yo es
que no quería hacer nada de Lorca, como que en flamenco
hay que hacerlo por fuerza. Pero revisando la obra me di
cuenta de que era un Lorca no escrito en la vega granadina,
sino mucho más abierto, como soy yo.
Y nacido en el mismo sitio...
Creo que por eso quiero tanto
al poeta. Tenemos tantas cosas en común... Como él
cuenta que se encontró Nueva York en el año
29, es como yo me la encontré en el 96, la primera
vez que fui. Se te ponen los pelos de gallina de pensar
que a mí me pasó lo mismo.
También tienes en tu repertorio
actual 'El amor brujo'.
'El amor brujo' es un
clásico y no tiene más. Es una revisión
un poco menos conceptual, pero no deja de ser un ballet
encorsetado. Aunque me remonto a la primera versión
que se hizo en 1915, la de Pastora
Imperio y he querido volver a la raíz, también
he querido darle un aire más 'punky', más
'amargo'.
¿Qué balance harías
de esta última etapa?
Estoy loco de contento.
Me lo estoy comiendo todo, estoy llenando todos los teatros,
los flamencos... ¡me odian! Hace poco me llamó
Juan Verdú -periodista y promotor- en una fiesta
y me dijo: "Amargo, tú eres el terrorista del
flamenco". Me encantó. Más les gustaría
a todos los que hay ser terroristas como yo.
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