Rafaela Carrasco,
bailaora. Entrevista
“La experiencia no cambia
tu baile, te cambia por dentro. Y eso se tiene que notar
desde fuera”
Silvia Calado. Jerez, junio de 2004
Fotos: Daniel Muñoz
Rafaela
Carrasco es una de las más destacadas representantes
del baile flamenco de vanguardia. La bailaora sevillana
es de las que no se conforman, de las que vuelan, de las
buscan constantemente. Tras pasar por la Compañía
Andaluza de Danza, por la Compañía de Mario
Maya y completar en Madrid su formación como solista,
fundó su propia compañía. ‘La
música del cuerpo’ fue su tarjeta de presentación,
un espectáculo que logró todos los premios
del Certamen Coreográfico de Madrid. El paso por
el Festival de Jerez 2004 puso de acuerdo a la crítica
y al público, sencillamente, con un baile por malagueñas.
Tras una fértil etapa de creación, vuelve
a escena con nuevas propuestas propias, una de ellas compartida
con Belén Maya y titulada ‘Fuera de los límites’.
Estas son las inquietudes de una bailaora libre de ataduras.
Rafaela Carrasco |
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Haznos un resumen profesional...
Empecé a bailar con seis años
lo típico, sevillanas. Una vez que ya allí
no podía seguir aprendiendo porque era una escuela
de barrio, como quería aprender flamenco, me las
ingenié para que me llevaran a la academia de Matilde
Coral. Allí hice todas la carrera de clásico
español hasta los diecisiete años. Al poco
tiempo, hice unas audiciones con Mario
Maya y entré a trabajar con él. En su
compañía estuve cinco o seis años,
así como en la Compañía Andaluza de
Danza cuando él la dirigió. A los veintitrés
años me fui a Madrid para empezar a formarme como
solista, a estudiar, a trabajar con mucha gente y a encontrarme
a mí misma, mi expresión, mi manera de contar
las cosas. Hace un par de años decidí montar
compañía, por necesidad. Llega un momento
en el que sigues evolucionando y necesitas ir a otros sitios,
probar tus coreografías, poder mover a mucha gente,
experimentar... y hasta ahora.
También te formaste
en otras disciplinas, ¿no?
He hecho cositas de contemporáneo
pero, sobre todo, veo mucho porque me gustan otro tipo de
movimientos. El flamenco es fantástico, muy enriquecedor
y, además, tiene la riqueza y la apertura para poder
probar con otro tipo de culturas, con otro tipo de danzas,
con otro tipo de músicas. Hay cosas que yo quiero
contar que con el flamenco tradicional no puedo, que me
limita. Necesito buscar otras formas para poder complementarlo.
Y pronto fundaste tu propia
compañía y un triunfal primer espectáculo...
Una vez estrenada la obra que estoy
haciendo con Belén
Maya, me meto ya de cabeza con una producción
nueva. ‘La música del cuerpo’ fue mi
primer espectáculo, mi primer bebé, está
hecho con mucho cariño, con mucho amor, con muchos
miedos, con mucho llanto, con muchas cosas, muchas horas
y mucho esfuerzo de todo tipo. Son cuatro piezas sin argumento,
pero cada una cuenta algo. He intentado sacar, sobre todo
de las tres primeras, las partes que yo pienso que definen
quién soy. Primero, la bailarina, que es la más
técnica y la más moderna a nivel escénico.
Fue la pieza con la que ganamos en Madrid el Certamen de
Coreografía de Danza Española y Flamenco el
premio a la mejor música y el premio al bailarín
sobresaliente. Segundo, la parte flamenca. Y tercero la
mujer, la más femenina, la más sensual, es
una zambra con colín y con crótalos. La cuarta
parte es una unión de las tres, son tres parejas,
seis bailarines, tres hombres y tres mujeres, cada una cuenta
las tres formas que he intentado sacar de mí. Creo
que todos tenemos distintas facetas; en un momento puedes
ser muy sensible y en otro muy agresivo. La última
pareja era la dualidad entre lo masculino y lo femenino,
dentro de mí y de cualquier persona. El espectáculo
está lleno de silencios..
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| "La
gente no está acostumbrada a los silencios
en el flamenco, nada más que a mucho ruido" |
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Que inquietaban mucho al público,
¿lo notas?
Claro, porque la gente no está
acostumbrada a los silencios en el flamenco, nada más
que a mucho ruido. En contemporáneo se utiliza mucho.
En el flamenco estamos hechos a mucho sonido, a mucha percusión,
a mucho jaleo. Y tenía muchas ganas de buscar el
silencio, de buscar el sonido de una mano, el sonido de
una cabeza o de una mirada en el silencio, incluso poner
un poco nerviosa a la gente. Es un espectáculo muy
íntimo, muy lleno de sensaciones, muy rico.
La obra pone el acento en la
relación del baile y la música.
Yo trabajo muy musical siempre. Me
encanta escuchar alguna pieza musical, me gusta trabajar
con los músicos, dejarles que creen música
y buscar en esa música qué me motiva y dónde,
en qué parte de mi interior me duele o me afecta.
Intento sacar de ahí las sensaciones y las emociones
que quiero, me encanta acentuar una nota... me encanta trabajar
así.
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Rafaela Carrasco |
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¿Has logrado encontrar
una forma de expresión propia?
Yo, sinceramente, no creo que sea una
bailaora o una bailarina muy personal. Creo que he buscado
mi manera de poder expresarme, mis movimientos, lo que para
mí es cómodo y me hace poder contar cosas.
Ha sido una unión de cosas, ha sido estudiar y ver
a mucha gente, buscarme yo sola en muchas horas de estudio,
ver con lo que me siento bien y cómoda. No lo sé,
me imagino que lo percibirá el que lo ve, pero con
el propio lenguaje de mi cuerpo.
Sin embargo, con la malagueña
que bailaste en el Festival de Jerez 2004 hubo unanimidad
en que había algo más...
Tengo muchas ganas de verla desde fuera.
Tengo que pedir una copia al teatro, aunque sea un plano
de lejos. Realmente, no ha sido pretendido, nunca suelo
trabajar pretenciosamente, pero creo que ese ha sido el
número menos pretencioso de todos. Me encanta la
malagueña, busqué una letrita que me motivara,
que David
Lagos canta muy bien. La musicalidad de Jesús
Torres me encanta, aparte de que hay mucha afinidad personal,
también la hay profesionalmente. Él me entiende
bastante bien, hablamos un mismo lenguaje, es muy fácil
contarle lo que quiero y que busque por ahí. Me ha
hecho una música muy bonita y muy emotiva, con lo
cual ha salido muy fácil el trabajo. Y después,
pues metí un verdial, con dos o tres rematitos de
‘pellizquino’ y un cierre muy sencillo. No ha
sido nada buscado, pero ha resultado. La reacción
de la gente me ha sorprendido, me alegra muchísimo
porque normalmente no suelo tener buenas críticas
en Andalucía. Tampoco son malas, pero no dejan de
pasar desapercibidas.
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