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Reivindicación
Aún así, no escatima en elogios para quienes, a su juicio, tiran
del carro: "Un guitarrista, cuando graba un disco, lo tiene que crear entero,
coger sus palos y crearlos. Y a un cantaor le da los temas un autor y, como tiene
que expresar, elige los temas que sean mejores y los interpreta". Los reproches
van algo más allá, coincidiendo con compañeros como Gerardo
Núñez: "En un teatro es más fácil que la gente
vaya a ver a un cantaor o a un bailaor... Supongo que el público piensa
que una guitarra sola hora y media va a ser un coñazo, cuando hoy en día
hay muchas ideas tanto entre los guitarristas jóvenes como en los que hemos
participado en los teatros durante muchos años". Y, consecuentemente,
su desafío es "hacer un concierto de guitarra que sea muy divertido,
en el que haya cambios, con baile, con cante. Un concierto para convencer a la
gente de que hay que poner en los teatros a más guitarristas. Los promotores
deberían ir haciendo al público, metiendo a la guitarra en los carteles.
A la gente le da miedo, yo no lo entiendo. Tenemos que intentar moverlo. Tengo
que hacerlo".
Como proyectos futuros, Ramón Jiménez intenta poner en primer
plano su guitarra: "Siempre he creado con un oído para que suene de
cara al bailaor, que le fuera útil y sugerente. Ahora intento que mi creación
sea más guitarrística". Sin embargo, tiene en mente "hacer
un disco acompañando al cante. Ahora hacen un disco de cante y llaman a
cinco o seis guitarristas, pero lo que quiero es hacer yo solo un disco de cante.
Y lo haré para El Ciervo, que creo que es una voz muy interesante, una
voz con mucha experiencia". Con ello, cubriría las tres facetas del
guitarrista flamenco, "para tratar de ser lo más completo posible
en mi carrera", con el añadido de que una experiencia así "podría
aportarme mucho a la hora de hacer el disco de guitarra que quiero hacer".

Ramón Jiménez con Juan y Bernardo Parrilla
(Foto: Daniel Muñoz)
Inspiración
Ese futuro trabajo ya va germinando... de manera bastante natural. "No
me ha gustado nunca tener un sistema de composición. Soy un poco raro para
eso, pero me gusta ser raro porque tiene algo de verdadero. El ejercicio de crear
es ficticio y acaba reflejando esa artificialidad". Huyendo de esa frialdad,
cuenta que "sólo hago ejercicios de técnica, repaso las cosas
que sé y después no hago búsqueda, sino que me pongo a tontear
con la guitarra. Cuando tienes la guitarra en las manos mucho rato y la expones...
algo sale. No puedo ponerme a buscar. Me dejo llevar por la inspiración.
Si estás bien, tienes las manos bien, me dejo llevar. Y cuando surge una
idea, la sigo, intento retenerla".
Eso sí, limitaciones, las justas. Y eso es seña de identidad
de la escuela a la que Ramón Jiménez pertenece. "Ha habido
una forma en Caño Roto, la escuela de El Nani, que nosotros mismos dirigimos.
Y nos basamos en la técnica, en la búsqueda, siempre hemos sido
muy escudriñadores en la guitarra... y eso lo da el sitio". Se guían
por el maestro, "que era muy completo, tenía todas las armas y creo
que las ha dejado a los guitarristas que lo hemos seguido". Como ejemplos
pone a Jesús de Rosario, El Viejín, Jerónimo, David Cerreduela...
"Hay una baraja amplia", con caracteres diferenciales respecto a otras
escuelas. "Decían que los de Jerez o los de Andalucía tenían
cierto aire marcando. Y he intentado que eso lo hubiera en Caño Roto. Y
a partir de mí lo va habiendo. He intentado agrandar la escuela de El Nani,
ponerle eso que decían que nosotros no teníamos, ese aire que decían
que le faltaba. Y creo que ahora ya lo hay". Destaca, como modelo, a Jesús
de Rosario, que "tiene un aire increíble, pero también tiene
la búsqueda y el entendimiento que nos caracteriza y que no hay en otros
sitios donde los guitarristas son más cortos".
La continuidad de esta escuela madrileña es imparable. "Los niños
jóvenes que están saliendo ahora con catorce o quince años
ya tienen la escuela de siempre que es estudiar, mucho ejercicio, mucha técnica,
mucha búsqueda y, además, el aire que faltaba... Y creo que he sido
el promotor. El baile me lo ha dado casi sin querer". Aunque también
ha habido otros factores que han incentivado esa madurez de la escuela: "Siempre
hemos sido muy exigentes, entre nosotros mismos, las ideas regulares las hemos
desechado. Nos hemos exigido mucho de unos a otros y eso ha mantenido un nivel
que hemos visto en guitarristas de otras escuelas, esos que, sin embargo, siempre
han visto una cosita en nosotros... Han dicho, ¡joder, estos tíos
cómo pican!". Pero las armas de esta tropa no son nada sin tiempo:
"Horas, horas, horas... y eso da resultado". A pesar del sacrificio.
"La guitarra es muy jodida, muy ingrata. Te pide mucho y no te da nada".
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