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Flamenco x 2. Entrevista a Ángel
Rojas y Carlos Rodríguez, bailarines
“Mostramos
la danza flamenca,
no el baile flamenco”
Silvia Calado. Madrid, febrero
de 2010
Ángel Rojas
y Carlos Rodríguez cambian de tercio. Después
de catorce años refrescando la danza española
al frente del Nuevo
Ballet Español, ahora aplican su particular
punto de vista al baile flamenco. Dicen que el riesgo de su
nueva propuesta, que acaban de presentar en Londres y Madrid,
está en la estética y que será un espectáculo
que “se recordará por las imágenes”.
A su lado tienen en escena a cuatro bailarinas y un elenco
de músicos que no escapan al movimiento de la escena.
Y en los estudios, contaron con tres coreógrafos de
indiscutible flamencura. ‘Cambio de tercio’, dicen,
es el inicio de una nueva etapa en la trayectoria de estos
bailarines que usan las palabras “mercado” y “producto”.
Y ahora sienten el vértigo de cómo continuará.
'Cambio de tercio', Rojas &
Rodríguez
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¿Qué
es ‘Cambio de tercio’?
Ángel Rojas:
‘Cambio de tercio’ es el espectáculo más
flamenco que hemos hecho en nuestra vida, sorprendentemente.
Carlos Rodríguez:
Y, para ello, hemos colaborado con gente que es flamenca,
no se le puede llamar de otra manera.
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“Lo que
entra y no entra en el flamenco es una pregunta que está
constantemente en el aire y es un atraso”
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Á.R.:
Claro que lo colateral es necesario. En el flamenco hay muchos
burladeros, demasiados. Y esto hace, no que el flamenco no
se extienda, pues es imposible pararlo, pero sí frena
la mente. Lo que entra y no entra es una pregunta que está
constantemente en el aire y es un atraso.
C.R.: ¿Quién
es más y quién es menos? ¿Quién
es más puro o quién no?
Á.R.:
Plantear eso es de gente poco vivida o poco interesada por
el arte. El flamenco no tiene pureza real, su pureza es la
mezcla. A veces la mezcla es más acertada que otras,
pero si no lo es, se cae por su propio peso.
La danza española
es el punto de partida de vuestro trabajo hasta ahora. ¿Cómo
entendéis su relación con el baile flamenco?
Á.R.:
Son primas hermanas. Aunque la fractura entre ambas disciplinas
se nota casi más en Madrid. Aquí hay una corriente
como de flamencura muy fuerte, pero un poco enferma de continuidad.
Gente que tiene cualidades tremendas para bailar de todo y
ser bailaores-bailarines, salen del conservatorio con una
calidad increíble y, de repente, van a Amor de Dios
y allí desaparece todo. Parece que les hacen un reseteo.
C.R.: Una
pena. El Güito, Manolete
y muchos bailaores de esa generación bailaban en compañías
junto a gente de otro estilo… y antes Antonio y Pilar
López. Antonio
Gades bailó con castañuelas y hasta jota.
No sé qué está pasando. Está bien
que cada uno se especialice en lo que quiera pero, ¿tan
jóvenes ya? Eso está llevando a la mediocridad
artística; no creo que haya que especializarse cuando
aún no sabes lo que eres, lo que te llena, lo que a
la gente le gusta de ti… Hay quien toma esa decisión
antes de tiempo.
Á.R.:
Como estamos muy vetados en el flamenco, no es que le queramos
dar caña, pero sí tenemos ganas de decir: “¡Chicos!
¿Hay algo más aquí?”.
C.R.: En lo
que estamos especializados es en la investigación de
la danza, trabajando con danza española y flamenco.
Y es ese nuestro lenguaje, dando en cada momento algo nuevo,
propuestas diferentes.
Á.R.: Aunque
lo nuevo sea lo tradicional, que en este caso es así.
C.R.: Lo nuevo
es, por primera vez, hacer un espectáculo flamenco.
Á.R.: A
ver si se callan… o a ver si explotan ya de rabieta.
Noooo, es broma, no lo hemos hecho con esa intención.
¿Y cómo
aplicáis al flamenco ese lenguaje vuestro?
C.R.: Estéticamente,
el espectáculo es lo más flamenco que hay ahora
en el mercado. No sé por qué salió así,
pero empezamos a ver cuadros, escenas de cosas que han ido
pasando a lo largo de la historia… y veíamos
clarísimo que lo antiguo era moderno. Lo que casi parece
kistch cuando ahora lo ves en el escenario resulta fresco;
yo veo a la gente con una sonrisa.
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“Estamos
casi siempre fuera, porque estar aquí en España
es un poco complicado”
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Á.R.:
A mí si me dicen hace unos años que me voy a
poner un zahón y un sombrero de ala ancha, no me lo
creo. ¡Eso es lo que tiene irse a Londres!
Picasso decía
que cuanto más fuera estaba, más español
se sentía…
Á.R.:
Sí, es verdad. Estamos casi siempre fuera, porque estar
aquí en España es un poco complicado.
C.R.: Nos
sale la tradición en los aviones. Cuando te empiezas
a mover por Madrid y ves ese flamenqueo, que no flamenco…
'Cambio de tercio' en directo,
Rojas & Rodríguez
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Á.R.:
Es que no se cuida nada.
C.R.: El otro
día estuve viendo a Miguel
Poveda, que es impresionante. Y cuando se pone a cantar
tres coplas aflamencadas y aparecen los palmeros con esa estética,
no entiendes por qué. Con lo bien vestido que va él,
con su pelito cortado, toda la banda que lleva, que son vanguardia…
Eso debería cambiar. No tenemos rechazo, pero nos apetecen
otras cosas.
Á.R.:
Sí lo tenemos, pero no es negativo. Cuando te cultivas
en un arte, suena un poco feo decirlo, pero lo miras todo
desde otro balcón. Yo soy muy claro, no me da nadie
de comer, me busco la vida solo. No vamos de sobrados, pero
con diecisiete años producíamos nuestros espectáculos
y tenemos treinta y cinco. Ya uno sabe algo como para decir
“cuida esto que es lo que nos da de comer a todos y
no me critiques tanto porque yo no paro de trabajar, pues
lo que yo hago es abrirte la puerta a ti”.
C.R.: Es bonito,
cambiando de tema, equivocarse y acertar. Nos hemos equivocado
muchas veces por hacer algo diferente. Si hubiéramos
seguido por el camino de lo que conoces y te han enseñado,
quizás no hubiéramos llegado a donde estamos,
nos hubiéramos acabado antes y la gente se hubiera
cansado de nuestro producto. Es interesante permitirnos el
lujo de haber hecho todo eso, aún equivocándonos,
porque la gente sigue a la expectativa. Estar trabajando en
este proyecto y con gente así demuestra que en algo
no nos hemos equivocado. Algo habrá que les motiva.
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“Cuando
te cultivas en un arte, suena un poco feo decirlo, pero
lo miras todo desde otro balcón”
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Á.R.:
Sobre todo, es gente muy especial. No es que necesiten hacer
una coreografía contigo o el dinero. Es gente, por
naturaleza, muy exquisita.
¿Cuál
ha sido el papel de los tres coreógrafos invitados?
Á.R.:
Manuel
Liñán, Rocío
Molina y Rafael
Campallo han coreografiado la parte central del espectáculo:
los solos nuestros y el paso a dos. Así también
nos hemos quitado peso para dedicarnos a otras cosas, a disfrutar
de producir, a dirigir, a hacer las cosas como se hacen de
verdad.
Carlos Rodríguez
y Ángel Rojas, 'Sangre'
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¿Por qué
recurrir a coreógrafos externos?
Á.R.:
Somos humildes, a pesar de que podamos dar otra imagen por
decir las cosas muy contundentemente. Eso nos ha costado enemistades,
y estamos abiertos a que nos critiquen; esto es un juego.
Nos gusta seguir cultivándonos y es perfecto si viene
gente de fuera a hacer algo que no te apetece hacer ya, estamos
en un punto en el que nos lo podemos permitir.
C.R.: Nos
ha facilitado conseguir el equilibrio. Cuando eres director
y coreógrafo y te montas a ti mismo, no ves el conjunto.
Lo que han coreografiado se ha integrado en un todo ya hecho.
Y ha encajado porque ellos lo ven desde fuera y nos ven a
nosotros. Al espectáculo le da brillo.
Á.R.:
Así puedes ver desde fuera el espectáculo y
cortar aquí, suprimir allá… o modificar
el vestuario. Las batas de cola se han repetido dos veces.
Veis a los bailarines
como “materia que se transforma”...
Á.R.:
Es una excusa que se le ocurrió a Rodríguez
y mola. En el espectáculo se habla de lo que nunca
se ve, que es el backstage, y se lo enseñamos al público.
Ve cómo la materia se transforma de verdad, cómo
una persona, de repente, se convierte en otra cosa. Cambia
tu actitud, cambia tu energía. Eso es teatro, eso es
danza, eso es magia escénica. Los músicos tampoco
están en una plataforma detrás, como normalmente
en el flamenco, sino integrados en la coreografía.
No bailan, pero se mueven con nosotros.
C.R.: Todo
se transforma y se crean cuadros que se mezclan con la danza:
es ver a un músico participar en un espectáculo,
no ser escenografía. En lo que yo bailo, vienen conmigo
andando y cantándome al oído. Eso convierte
a los músicos en una parte más imprescindible.
Aquí son parte de la escena.
¿Qué
músicos son y qué música han hecho?
Á.R.:
Contamos con cuatro compositores. Al principio, ha sido complicado
porque no entendían lo que queríamos. No queríamos
una soleá, sino una música para una coreografía,
no para un baile flamenco. Cada pieza tiene una estructura
diferente a lo normal en flamenco y a lo mejor de una composición
de tres minutos, para la coreografía nos valían
treinta segundos. Y, claro, el músico se echaba las
manos a la cabeza.
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“El espectáculo
muestra la danza flamenca, sin tener que seguir estructuralmente
unos cánones marcados”
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C.R.: La gente
ni se lo va a plantear, va todo muy ligado. Hay partes que
rezuman pureza, como cuando Sandra Carrasco canta por zambra,
es a pelo e impresionante. Por lo demás, es un espectáculo
que muestra la danza flamenca, sin tener que seguir estructuralmente
unos cánones marcados.
Á.R.:
Antes no era así, se inventó en los 80. Hubo
una fiebre y seguimos con la fiebre. Ojo, que nosotros también
hemos caído, también hemos quedado de pesados
bailando veinte minutos por soleá. Pero hay que pasar
página. Este espectáculo enseña la danza
flamenca, no el baile flamenco.
C.R.: Respecto
a la música, hemos hecho un trabajo muy psicológico.
No dejan de ser músicos del flamenco, que admiran a
los grandes del género, a Paco de Lucía, a Cañizares,
a Vicente Amigo… y es más tradición lo
que ellos sienten. Pero hemos tenido que decirles que nos
compongan un tema de nueve minutos y de esos quedarnos con
tres. Y protestaban y les decíamos que se lo íbamos
a pagar, que se lo quedaran para sus conciertos, pero que
para el espectáculo esos eran los tres mejores minutos.
La gente no viene a verle tocar nada más, ni a verme
a mí zapatear nada más, sino a ver cómo
yo conecto contigo. Son todos temas cortitos que se van ligando.
'Cambio de tercio' en directo,
Rojas & Rodríguez
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'Cambio de tercio' en directo,
Rojas & Rodríguez |
Bailáis junto
a cuatro bailarinas. ¿Son veteranas de la compañía?
C.R.: Pensamos
en trabajar con gente flamenca, pero nos dimos cuenta de que
iba a ser un error, pues nuestro lenguaje tenía que
mantener esa frescura, su espíritu, su energía.
Y el flamenco tiene otro punto.
Á.R.:
Llevan ocho años trabajando con nosotros y nos conocen.
Para ellas es un reto adaptarse a esa estética, bailar
con esos trajes… y encima bailar de una forma concreta,
con mucha investigación de las antiguas bailarinas
como Pilar López, e incluso actuales como Lola Greco
o Merche
Esmeralda.
C.R.: Señoras.
Ahora en el flamenco hay muy poca gente que baile con elegancia
de mujer. El flamenco tiene tanta fuerza y se ha querido la
mujer meter tanto en ese terreno, que ha perdido el gusto
femenino.
¿Quién
ha diseñado ese vestuario tan especial?
C.R.: Vicente
Soler, estilista de moda. Como quisimos que fuera tradicional
y los costureros eran de toda la vida de danza flamenca, necesitábamos
una persona que le quitara hierro. Está muy vinculado
a lo que hacemos y le dijimos que si se atrevía. Lo
hizo, nos presentó los bocetos y eso era.
Á.R.:
Espectacular. Ya habíamos trabajado con él alguna
pincelada y es la persona que nos viste públicamente.
Hay mucho feeling, él te viste a ti, para
ti, como persona física, no como artista.
C.R.: Sólo
se le dijo “mírate estas fotos, mírate
estos vídeos”. No se descartó ni un diseño,
todos los hicimos. Nos lo presentó todo con telas,
con dibujos, con colores… un trabajo profesional de
verdad.
Á.R.:
El mayor éxito del espectáculo como productores
y como directores artísticos es que todo lo que ideamos
en Londres, es realidad.
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“Un artista
no tiene por qué tener visión de producción
pero si hubiera más que la tuvieran, a lo mejor
el flamenco estaría en otro lugar”
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C.R.: También
es la primera vez que hacemos un espectáculo que nace
de la no necesidad de hacerlo, y vas con una tranquilidad
y una falta de ansiedad... es algo que muchas veces te pasa
y te puede hacer fallar.
Usáis las palabras
“producto” y “mercado”, lo cual no
es frecuente...
Á.R.: Es
que nosotros no somos flamencos, jajaja. Te estoy
dando el titular.
C.R.: Un artista
no tiene por qué tener visión de producción
pero si hubiera más que la tuvieran, a lo mejor el
flamenco estaría en otro lugar. Hay pocos productores
de flamenco, que son los que lo aman y cuidan. Y hay gente
que es muy buena, pero está perdidita y se le va a
pasar el tiempo.
Á.R.:
Cuando te implicas en esto no sólo a nivel artístico
sino también a nivel económico, como productores
tenemos saber qué estamos haciendo y por qué.
Aparte, tenemos nuestros proyectos individuales, algo que
te nutre como ser humano y como creador. ‘Cambio de
tercio’ es un producto. Coca-Cola es un producto y si
lo vendes en plateado, lo ganas. Y encima, la plata nos gusta.
El producto no está reñido con tu gusto; hemos
llegado a un consenso, que ha sido fácil porque somos
afines como amigos y como socios. Y no tenemos que sacrificar
nuestra pureza para hacer un producto. Hacemos espectáculos
para vender y para el público. También nos apetecería
hacer pajas mentales, pero luego no puedes quejarte de que
no lo vendes. Y no es porque no tenga validez y calidad artística,
sino porque el mundo está hecho de una forma y no puedes
ir a contracorriente. Vete a una comuna y hazte hippy, pero
no te quejes. Si estás en un mundo rodeado de instituciones,
de subvenciones, de cafres que programan, de gente que no
te paga… tienes que saber que es así. Lo tenemos
muy claro.
Ángel Rojas y Carlos Rodríguez,
entrevista
(Foto Daniel
Muñoz)
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C.R.: Cuando
empiezas a producir con poca edad, los palos que te van dando
te hacen mella y concluyes que no te puede volver a pasar...
o no de la misma manera. Te dejas aconsejar por gente que
sabe, como Miguel Marín. Cuando estamos ideando algo,
lo llamamos para contar con su visión. Y te pregunta
si puede encajar en tal teatro tres semanas o a qué
precio se puede vender. Hay que trabajar así, no sólo
porque yo coma de esto, sino porque somos responsables de
otras cuantas personas.
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“También
nos apetecería hacer pajas mentales, pero luego
no puedes quejarte de que no lo vendes”
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Á.R.:
Con ‘Sangre’ hemos hecho 300 funciones y aún
le queda una gira por Asia. ‘Cambio de tercio’
va a taquilla un mes en Madrid y apostando varios miles de
euros en publicidad. Nos lo hemos currado, pero ahora estamos
en una posición privilegiada. Podríamos estar
tres días en un festival, con tu caché. Pero
no queremos eso, sino estar un mes aquí y traer a programadores
internacionales, costeado por nosotros. Va a ser el grueso
de nuestro trabajo en los próximos tres años.
Y no paramos ahí, sino que ya pensamos que si va bien,
planteamos a riesgo temporada en París. Así
hay que ir, quejarse es fácil. Y los políticos
son complejos, ojalá fueran una especie en extinción,
pero hay que vivir con ellos, nos necesitamos.
¿Es difícil
el equilibrio entre lo “comercial” y la validez
artística?
C.R.: El equilibrio
entre calidad y comercialidad es súper difícil.
Siempre te van a tachar de lo que sea; hacemos oídos
sordos. Cuando el producto sale dos veces de España,
ya te das cuenta de si has hecho algo bueno o no.
Destacáis al
hablar del espectáculo el valor de lo español...
Á.R.:
‘Cambio de tercio’ es muy español, el producto
más español que hay ahora mismo en el mercado.
Y es muy folklórico, puro arraigo.
C.R.: Empieza
por cuplés, tiene el abanico, el mantón, la
bata de cola…
Á.R.:
…el zahón, el sombrero de ala ancha, la castañuela…
Lo importante es ese espíritu español tan recalcitrante,
tan de posguerra.
C.R.: Aunque
el espectáculo está muy basado en lo tradicional,
el riesgo de la estética era mucho. Yo llevo una camisa
que cuando la vi parecía de payaso, pero en el escenario
era totalmente acorde. Claro, estaba rodeado de niñas
con las faldas cortitas, sus lunares, la flor arriba…
Si no hay riesgo en algo, no hay nada que ganar. Y lo que
hace el espectáculo especial es la estética.
Respetando mucho el trabajo de músicos y coreógrafos,
cuando recuerdes ‘Cambio de tercio’ te vas a acordar
de imágenes.
'Cambio de
tercio' en directo, Rojas & Rodríguez
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¿Qué
balance hacéis ahora de la trayectoria de la compañía?
C.R.: El balance
es positivo por haber aprendido más de nuestros errores
que de los aciertos, por poder disfrutar de lo que más
nos gusta, por conseguir el respeto de la gente y los compañeros,
y por permitirnos el lujo a estas alturas de empezar una nueva
etapa. Y sigo con la misma ilusión.
Á.R.:
Es tremendo. La presentación oficial del espectáculo
se hace con una retransmisión en dos pantallas en el
edificio de Movistar. Y eso, después de años
de pico y pala, escuchando de todo. Echas la vista atrás
y qué guay. Ayer tuvimos la reunión con los
directivos y ¡qué vértigo daba! Era como
ponerte las botas de baile por primera vez. El desgaste no
ha hecho mella.
C.R.: Es una
nueva etapa realmente porque es la primera vez que hacemos
algo así y creo que no va a ser la última.
Á.R.:
Ahora va a ser difícil continuar.
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