Rosario Toledo, bailaora
de flamenco. Entrevista
“El arte va evolucionando
si está vivo en ti”
Silvia Calado. Mont de Marsan, julio de 2008
Rosario
Toledo es toda energía. No hay propuesta que
se le resista. Lo mismo se mete en la piel de ‘Alicia’
-sí, la del País de las Maravillas-, que
danza la música del guitarrista José Antonio
Rodríguez. Pero después de tantas colaboraciones,
le toca hacer su propio camino. Y en el reciente Festival
Flamenco de Mont de Marsan dio no una, sino dos muestras
de su propuesta personal. En gran formato, la generosa
ración de bailes y cantes de ‘Aires de Cádiz’.
En la calle, el cuerpo a cuerpo con el cantaor David Palomar
de ‘Del primer paso’. Ya está enfrascada
en la siguiente aventura, un estreno para la Bienal de
Sevilla a medias con Ana Salazar. Y no es hiperactividad
sino, simplemente, una artista viva.
Rosario Toledo con Juan
José Amador en 'Aires de Cádiz'
(Foto Daniel Muñoz) |
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¿Cómo surge el
espectáculo ‘Aires de Cádiz’?
El preestreno fue en el Festival de Jerez
2007 en la Sala Compañía; fue un primer
boceto. Y se presentó ya como espectáculo
en los Jueves Flamencos de Sevilla. Aunque no lo he hecho
tanto como hubiera querido en este año y medio.
Espero que Mont de Marsan sea un empujón. Cada
vez que lo hago me gusta más, mis compañeros
están entregadísimos, nos encanta hacerlo.
Tiene mucho trabajo por detrás como para que se
quede en el olvido. Es mi primer espectáculo solista
con una idea mía y con gente elegida por mí.
Antes sólo había hecho fragmentos colaborando
con otro artista.
¿Qué propones con
esta primera presentación en solitario?
Yo quería acordarme de mi tierra,
de Cádiz. Nunca me quiero olvidar de ella, haga
lo que haga, pero quería hacer un regalo a ese
repertorio que he seleccionado, que se nota que es gaditano.
Tiene cosas más especiales como la malagueña;
y cosas más populares, como la alegría o
los tangos. También quería resaltar que
en Cádiz no sólo están los tanguillos,
carnavales, alegrías... sino que allí se
ha interpretado muy bien, se ha creado muy bien y hay
una escuela de baile.
¿Hay un sello flamenco
gaditano?
Sí. Pienso que en Cádiz
hay una manera propia de cantar y una manera de expresar
tanto en el baile como en el cante. Estuve escuchando
mucho, estuve leyendo... Y me fijé, sobre todo,
en un texto muy bonito de Caballero Bonald, que me inspiró
el título. Decía que no se explicaba qué
había en esa sustancia, en ese aire de Cádiz
para que desde antes de los romanos hubiera allí
bailarinas y que eso haya seguido vivo hasta hoy. Claro
que sus palabras eran mucho más bonitas que esta
explicación que yo te he dado. Jajaja. Eso es lo
que quiero contar, desde mi perspectiva, desde mi edad
y con mi verdad, pues creo que lo más importante
es mostrarte como eres, con respeto, con cariño
y con mucha entrega.
¿Así fue en la
actuación del Festival de Mont de Marsan 2008?
Yo creo que fue lo que pasó el
otro día aquí en Mont de Marsan con mis
compañeros, con el público y conmigo misma.
Encontré mi centro, llegué a mi centrito
de mitad de espectáculo para delante, creo que
fue a mejor. Y eso es importante porque cuesta mantener
el ritmo de un espectáculo; siempre corres el riesgo
de que caiga. Creo que no estuvimos muy ‘jartibles’.
Y disfrutamos. Eso es lo que quiero que se vea. Yo es
que me considero intérprete porque como decía
Carmen Mora, la madre de Belén Maya, “si
quieres ser una buena bailaora, tienes que ser una buena
intérprete”. Aparte de los pasos, el movimiento,
la fluidez... es lo que tú quieras transmitir.
O te preocupas de ello y lo haces sentir, o no va a llegar
de la misma manera. Yo intento echarlo todo para fuera
y compartirlo.
Rosario Toledo con José Valencia en 'Aires de Cádiz'
(Foto Daniel Muñoz)
¿Qué caracteriza,
a tu juicio, al baile de Cádiz?
Hasta dónde yo sé, por
ejemplo, fue La Mejorana la que subió los brazos
la primera vez, lo que fue un atrevimiento en aquella
época. Hay mucho desparpajo, mucha frescura...
y mucha cara, vamos. Eso parece muy superficial o muy
fácil, pero creo que es lo más difícil.
Es mucho más fácil contar y hacer ver la
pena, el dolor y la introspección. Pero compartir
el disfrute... Muchos compañeros me lo dicen que,
encima, me harto de reír bailando. Creo que tiene
que ser así. Y es bueno que haya esa variedad,
que haya distintas escuelas, toda la riqueza.
¿Ves un momento de auge
en el baile flamenco gaditano?
¡Y mujeres, mujeres! Actualmente,
hay gente de Cádiz bailando muy bien. Es cierto
que la mayoría no vivimos allí, pero esas
ya son circunstancias de cada uno. Pero de allí
venimos y allí se respira una manera de ver las
cosas muy alegre, con mucha naturalidad, con buen humor.
Problemas siempre hay, pero allí se viven de otra
manera. Será por el fresquito, por el salitre o
por los vientos que vienen de un lado y de otro y te dan
unos pocos de meneos, pero se respira bien. Y si eso se
nota cuando nos subimos al escenario, pues encantada.
Volviendo al espectáculo,
¿está premeditado lo que se canta y quien
lo canta?
Lo de la malagueña está
clarísimo, que quise hacer el guiño a don
Enrique (el Mellizo). Aunque al final por darle ritmo
y fuerza a la coreografía hicimos soleá
por bulerías, la soleá era de Cádiz
y tenía el pulso de cómo se bailaba allí,
que no era tan lento ni tan doble, con esa pesadez que
caracteriza a otras escuelas. Allí es mucho más
rítmico, que creo que es algo característico
de Cádiz. Los tangos yo sé que son tientos,
pero en Cádiz se cantaban los tientos por tangos.
Las alegrías, qué te voy a decir. Sí
que ha habido un cuidado a la hora de seleccionar los
cantes. Pero luego cuando tienes el privilegio de tener
a cantaores como Juan José Amador conmigo en el
escenario, algo que siempre le agradezco, me gusta escucharlos,
qué me proponen, qué me ofrecen... y los
dejo hacer. Creo que si fluye el arte de esa manera y
todos nos expresamos, el espectáculo camina hacia
delante, respetando siempre la base del espectáculo.
Pero no soy cuadriculada.
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