La Sallago
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VV/AA
"Cultura Jonda 1. Homenaje a Manuel Machado"

 

 

"Imperio
Argentina era de oro y yo
soy de barro
porque soy
flamenca"

 

¿Tenía grabaciones para escuchar cante?

Grabaciones había, pero en mi casa nunca había tocadiscos de esos. Y ahora hay muchos cantaores grabados que no me gustan. Todo en este mundo se aprende, pero lo que vale es lo que sale. Mira, yo no escribo. ¿Para qué escribo? Si Dios me ha dado este mérito, que conozco el arte y conozco las personas, las reuniones...

Cuando era joven, Pepe Marchena era muy importante, ¿qué me dice de él?

Marchena era un cantaor con mucha música distinta y muy preciosa... su cante no tenía fin. Era envidiable en el mundo entero. Y, cuando se murió, saqué un cante, 'Se murió Pepe Marchena'.


La Sallago en 1969

¿Cuáles son sus cantes preferidos?

Canto por to... todos los cantes me gustan. Mi madre cantaba mucho las cantiñas antiguas, siempre en mi familia. Me gustan la soleá, los tientos, los fandangos, la malagueña, el taranto...

¿En su juventud se cantaba mucho por soleá y por siguiriya?

Los cuplés flamencos, las cosas de la Imperio Argentina, se cantaban muchísimo. Ella era de oro y yo soy de barro porque soy flamenca. El cante por derecho se escuchaba menos. La siguiriya, la antigua, la cantaba mi abuelo Sallago y mi madre. Mi padre cantaba muy bien también, pero no llegué a conocerlo jamás. Y la bulería se cantaba precioso en mi pueblo, mu pará [se pone a marcar con los nudillos en la mesa y canta: 'Yo tendí mi camisón, ay con lunares coloraos...'] De chiquilla, me gustaban mucho los vestíos de lunares, con volantes y yo era una chiquilla muy revoltosa... ['...lunares, lunares, lunares, mi batita de lunares, el domingo me la puse y salieron los novios a pares'] Venía mucha gente de Lebrija a escuchar a los Sallago, pero no en el teatro, a mi casa. Porque a mis hermanos les gustaba una copita, su trabajo y ya está... cantaban muy bien, pero no querían salir de casa. Y siempre teníamos esa desesperación de no poder arreglar la casa, porque siempre venía gente. Y mi madre ya viuda, cuando vendía camarones cantaba: 'Sacando yo el copo lloré, porque quería un camaroncito y el viento rompió la red'. Son cantes antiguos de Sanlúcar.

¿Coincidió con La Periñaca?

¡Qué buena La Periñaca cantando! Ella decía que tenía cuatro veces veinte y ahora yo tengo que decir "cuatro veces veinte y tres euros" [se ríe]. Y ni ella ni yo gitanas... mucha gente piensa que sí, pero no. Luego salió uno diciendo que había encontrado antecedentes en mi familia, de que yo era gitana, ¿sabes? Pero todo mentira. Un día que estaba en el Price, esto se lo juro yo por Dios, porque ha quedado en la historia... Había una copa y todos los cantaores querían dársela a Antonio Molina, ¿sabes? Pero aquella noche yo había formado un taco y el público decía que no, que "¡pa la gitana!", porque pensaron que yo era gitana. Y Antonio Molina se enfadó, porque dijo que la copa tenía que ser pa él. Así que tuvieron que darle otra copa a Antonio Molina.

Estuvo de turné con Pastora Pavón, La Niña de los Peines, ¿verdad?

Sí señora, con Pastora y el Pinto. Y con Pastora Imperio, Pericón de Cádiz, Manolo Vargas... Cuando estaba mi marido muy malillo, yo he cantado con esa gente tan grande. Y yo bailaba mucho entonces, era bailaora también, ¿sabes? Lo que pasa es que ahora con esta cara y este cuerpo... porque yo no tengo arrugas, ¡tengo grietas! Si salgo bailando, la gente me mata. Pero hay personas que me quieren, ese de Rota con todos los dientes de oro, ¿cómo se llama? ¡Agujetas! Me quiere mucho y me lleva a su casa de Rota y me dice: "Tú te quedas aquí conmigo". Igual que Terremoto, que me adoraba... y el Porrinas, que me quería con delirio... y La Niña de los Peines. Estuvimos en La Campana -en Sevilla- y le digo: "Pastora, ¿cómo hago pa quitarme estas bolsas debajo de los ojos?". Y coge y dice: "¡Con un camión!". Ojú qué ange...

También conoció a Caracol, ¿no?

¡Digo, y tanto! Yo siempre he estado con Caracol. Para mí era el cantaor más grande del mundo. También El Perrate. Ojú, qué bien cantaba. Mairena sabía mucho acerca de cante también. La Paquera me vuelve loca. ¡Y esa Perla! Cada uno con lo suyo, qué bonito es eso, ¿verdad? El cante gitano, el cante andaluz y esos cantes aragoneses y esos cantes de Jalisco... Pero a mí me gusta más el cante gitano, porque se canta con el corazón.

 
"Los niños no comen con la siguiriya ni la soleá, ni yo he comido"
   

En una entrevista con Manuel Herrera en 1989 declaró: "El cante se está perdiendo y tiene que volver a donde estaba". ¿Ha vuelto?

¿Quién decía eso, yo? ¡Ojú, qué ange! El cante sigue y hay una parte buena, como ese José Mercé o Camarón, que es cante de verdad. Yo no soy tan buena, pero es cante de verdad también. Ahora hay mucha gente buenecita... pero flamenco, flamenco, no. Van cantando estas cositas, ya sabes, con un eco de cantaor. Chiquilla, los niños no comen con la siguiriya ni la soleá, ni yo he comido. Yo soy también de las personas que he sacado esas cosas, como los grupos de los niños de ahora. Y canto sevillanas, cortitas y diferentes a todo el mundo. Y a mí no me dan las letras ni na, las saco yo, inventadas. De la gente joven hay algunos muy buenos, muy buenos. ¿Y cómo es este muchacho que baila? ¡Canales! Ojú, qué arte... me gusta mucho.

¿El cante puro se está perdiendo?

[Hay una larga pausa...] Yo pienso que no se pierde, porque siempre hay un público escogido, lo bueno no se pierde nunca. Hay públicos más entendidos y públicos menos entendidos. La juventud quiere la movida y estas mujeres tan bonitas y estos niños tan monos. Cuando sale uno cantando así como yo, ellos, como no lo entienden... Hace dos años canté en La Roda y me da pena recordarlo pero, verás, al salir yo al escenario todo el mundo: "¡Oooh!". Como de pena, ¿sabes? Y yo he comprendido lo que es la vida en ese sentido. Que yo no tengo presencia, hija... [hace compás en la mesa y canta: "Qué feíta es la vejez, desaparece la ilusión, y ya no hay naíta que hacer"].

Por la noche, en la peña, a nadie le parece importar la falta de belleza física de la cantaora. Entre el público hay mucha gente joven y también mayores, gitanos y no gitanos. Y La Sallago se los gana a todos sin esfuerzo, con una voz ricamente gastada y unas facultades todavía admirables. La adoran, la jalean y la animan en cada instante. La cantaora intercala cantes con bailecitos y observaciones acerca de la vida y de las verdades. Y sus frases vuelven a transformarse en cante. Es obvio que canta a gusto con Fernando Moreno, que la acompaña con gran cariño... Malagueña, tientos, soleá, tangos, bulerías, siguiriyas, fandangos... Ella corresponde la admiración cantándole una y otra vez: "¡Qué bien toca mi Fernando!, con ese ritmo y ese compás". Cuando un niño irrumpe corriendo por el pequeño escenario todos le regañan, pero la cantaora nos calla a los mayores inventando una letra acerca de la hermosa inocencia de la niñez... y de los hijos que "no he parío".

revista@flamenco-world.com

 

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