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¿Tenía grabaciones para escuchar
cante?
Grabaciones había, pero en mi casa nunca había tocadiscos de
esos. Y ahora hay muchos cantaores grabados que no me gustan. Todo en este mundo
se aprende, pero lo que vale es lo que sale. Mira, yo no escribo. ¿Para
qué escribo? Si Dios me ha dado este mérito, que conozco el arte
y conozco las personas, las reuniones...
Cuando era joven, Pepe Marchena era muy importante, ¿qué me
dice de él?
Marchena era un cantaor con mucha música distinta y muy preciosa...
su cante no tenía fin. Era envidiable en el mundo entero. Y, cuando se
murió, saqué un cante, 'Se murió Pepe Marchena'.

La Sallago en 1969
¿Cuáles son sus cantes preferidos?
Canto por to... todos los cantes me gustan. Mi madre cantaba mucho las cantiñas
antiguas, siempre en mi familia. Me gustan la soleá, los tientos, los fandangos,
la malagueña, el taranto...
¿En su juventud se cantaba mucho por soleá y por siguiriya?
Los cuplés flamencos, las cosas de la Imperio Argentina, se cantaban
muchísimo. Ella era de oro y yo soy de barro porque soy flamenca. El cante
por derecho se escuchaba menos. La siguiriya, la antigua, la cantaba mi abuelo
Sallago y mi madre. Mi padre cantaba muy bien también, pero no llegué
a conocerlo jamás. Y la bulería se cantaba precioso en mi pueblo,
mu pará [se pone a marcar con los nudillos en la mesa y canta: 'Yo tendí
mi camisón, ay con lunares coloraos...'] De chiquilla, me gustaban
mucho los vestíos de lunares, con volantes y yo era una chiquilla muy revoltosa...
['...lunares, lunares, lunares, mi batita de lunares, el domingo me la puse
y salieron los novios a pares'] Venía mucha gente de Lebrija a escuchar
a los Sallago, pero no en el teatro, a mi casa. Porque a mis hermanos les gustaba
una copita, su trabajo y ya está... cantaban muy bien, pero no querían
salir de casa. Y siempre teníamos esa desesperación de no poder
arreglar la casa, porque siempre venía gente. Y mi madre ya viuda, cuando
vendía camarones cantaba: 'Sacando yo el copo lloré, porque quería
un camaroncito y el viento rompió la red'. Son cantes antiguos de Sanlúcar.
¿Coincidió con La Periñaca?
¡Qué buena La Periñaca cantando! Ella decía que
tenía cuatro veces veinte y ahora yo tengo que decir "cuatro veces
veinte y tres euros" [se ríe]. Y ni ella ni yo gitanas... mucha
gente piensa que sí, pero no. Luego salió uno diciendo que había
encontrado antecedentes en mi familia, de que yo era gitana, ¿sabes? Pero
todo mentira. Un día que estaba en el Price, esto se lo juro yo por Dios,
porque ha quedado en la historia... Había una copa y todos los cantaores
querían dársela a Antonio Molina, ¿sabes? Pero aquella noche
yo había formado un taco y el público decía que no, que "¡pa
la gitana!", porque pensaron que yo era gitana. Y Antonio Molina se enfadó,
porque dijo que la copa tenía que ser pa él. Así que tuvieron
que darle otra copa a Antonio Molina.
Estuvo de turné con Pastora Pavón, La Niña de los Peines,
¿verdad?
Sí señora, con Pastora y el Pinto. Y con Pastora Imperio, Pericón
de Cádiz, Manolo Vargas... Cuando estaba mi marido muy malillo, yo he cantado
con esa gente tan grande. Y yo bailaba mucho entonces, era bailaora también,
¿sabes? Lo que pasa es que ahora con esta cara y este cuerpo... porque
yo no tengo arrugas, ¡tengo grietas! Si salgo bailando, la gente me mata.
Pero hay personas que me quieren, ese de Rota con todos los dientes de oro, ¿cómo
se llama? ¡Agujetas! Me quiere mucho y me lleva a su casa de Rota y me dice:
"Tú te quedas aquí conmigo". Igual que Terremoto, que
me adoraba... y el Porrinas, que me quería con delirio... y La Niña
de los Peines. Estuvimos en La Campana -en Sevilla- y le digo: "Pastora,
¿cómo hago pa quitarme estas bolsas debajo de los ojos?". Y
coge y dice: "¡Con un camión!". Ojú qué
ange...
También conoció a Caracol, ¿no?
¡Digo, y tanto! Yo siempre he estado con Caracol. Para mí era
el cantaor más grande del mundo. También El Perrate. Ojú,
qué bien cantaba. Mairena sabía mucho acerca de cante también.
La Paquera me vuelve loca. ¡Y esa Perla! Cada uno con lo suyo, qué
bonito es eso, ¿verdad? El cante gitano, el cante andaluz y esos cantes
aragoneses y esos cantes de Jalisco... Pero a mí me gusta más el
cante gitano, porque se canta con el corazón.
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"Los niños no comen con la siguiriya ni la soleá,
ni yo he comido"
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En una entrevista con Manuel Herrera en 1989 declaró: "El cante
se está perdiendo y tiene que volver a donde estaba". ¿Ha vuelto?
¿Quién decía eso, yo? ¡Ojú, qué
ange! El cante sigue y hay una parte buena, como ese José Mercé
o Camarón, que es cante de verdad. Yo no soy tan buena, pero es cante de
verdad también. Ahora hay mucha gente buenecita... pero flamenco, flamenco,
no. Van cantando estas cositas, ya sabes, con un eco de cantaor. Chiquilla, los
niños no comen con la siguiriya ni la soleá, ni yo he comido. Yo
soy también de las personas que he sacado esas cosas, como los grupos de
los niños de ahora. Y canto sevillanas, cortitas y diferentes a todo el
mundo. Y a mí no me dan las letras ni na, las saco yo, inventadas. De la
gente joven hay algunos muy buenos, muy buenos. ¿Y cómo es este
muchacho que baila? ¡Canales! Ojú, qué arte...
me gusta mucho.
¿El cante puro se está perdiendo?
[Hay una larga pausa...] Yo pienso que no se pierde, porque siempre
hay un público escogido, lo bueno no se pierde nunca. Hay públicos
más entendidos y públicos menos entendidos. La juventud quiere la
movida y estas mujeres tan bonitas y estos niños tan monos. Cuando sale
uno cantando así como yo, ellos, como no lo entienden... Hace dos años
canté en La Roda y me da pena recordarlo pero, verás, al salir yo
al escenario todo el mundo: "¡Oooh!". Como de pena, ¿sabes?
Y yo he comprendido lo que es la vida en ese sentido. Que yo no tengo presencia,
hija... [hace compás en la mesa y canta: "Qué feíta
es la vejez, desaparece la ilusión, y ya no hay naíta que hacer"].
Por la noche, en la peña, a nadie le parece importar la falta de belleza
física de la cantaora. Entre el público hay mucha gente joven y
también mayores, gitanos y no gitanos. Y La Sallago se los gana a todos
sin esfuerzo, con una voz ricamente gastada y unas facultades todavía admirables.
La adoran, la jalean y la animan en cada instante. La cantaora intercala cantes
con bailecitos y observaciones acerca de la vida y de las verdades. Y sus frases
vuelven a transformarse en cante. Es obvio que canta a gusto con Fernando Moreno,
que la acompaña con gran cariño... Malagueña, tientos, soleá,
tangos, bulerías, siguiriyas, fandangos... Ella corresponde la admiración
cantándole una y otra vez: "¡Qué bien toca mi Fernando!,
con ese ritmo y ese compás". Cuando un niño irrumpe corriendo
por el pequeño escenario todos le regañan, pero la cantaora nos
calla a los mayores inventando una letra acerca de la hermosa inocencia de la
niñez... y de los hijos que "no he parío".
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