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Santiago Lara
Biografía, discografía, Real Audio y comentarios de los lectores

 

 

Santiago Lara, guitarrista flamenco. Entrevista

“Mi carrera como guitarrista
flamenco es una reválida continua”

Silvia Calado. Jerez, marzo de 2007

Especial. ‘El sendero de lo imposible’, tema a tema (por Santiago Lara)

El toque de Jerez sigue presumiendo de vitalidad. Santiago Lara se suma a la nutrida lista de tocaores que, partiendo de la escuela tradicional jerezana, amplían horizontes en busca de personalidad propia. Descubierto con sólo dieciséis años por el premio de la Bienal de Sevilla 2000, inició su camino profesional de la mano de Manolo Sanlúcar, quien le inculcó “el respeto a la esencia del flamenco”. Tras varias temporadas de segunda guitarra del maestro, se lanzó al mundo del acompañamiento y composición para baile, embarcado en la compañía de Mercedes Ruiz. Y ahora quiere desafiar a los agoreros con ‘El sendero de lo imposible’, un disco debut que materializa el sueño de ser solista.


Santiago Lara (Foto: Daniel Muñoz)
 
   

¿Cómo comienza tu afición a la guitarra flamenca?

Empecé a tocar con ocho años. Mi padre es muy aficionado al cante y mi hermano Paco, que me saca diez años, empezó a tocar la guitarra. Me aficioné por ellos y, de hecho, mi primer profesor fue mi hermano. Así aprendí los palos y los cimientos de la escuela jerezana del toque. A los catorce años, ya fui a aprender con José Luis Balao, que ha enseñado a todo el mundo. Fui adquiriendo más conocimientos de guitarra clásica, mis primeras elecciones de solfeo y me abrió mucho la mente a la composición.

Pronto entras en contacto con Manolo Sanlúcar...

La siguiente etapa llega cuando empiezo a componer, cuando conozco a Manolo Sanlúcar, que es quien me dio los secretitos. La relación viene del concurso de la Bienal de Sevilla de 2000. Se enteraría, alguien le hablaría de mí. Y dio la casualidad de que al siguiente verano me inscribí en un cursillo que impartió en Sanlúcar, donde escuchó mis cositas... y le gustaron. Cuando le faltó un guitarrista, me llamó para trabajar con él. Ese año había terminado Selectividad y estaba que no sabía por dónde tirar, veía que no había mucha cancha para ser guitarrista. Mi padre siempre me decía en broma que me había llamado Manolo Sanlúcar. Hasta que un día, llamó de verdad. Fue una grata sorpresa. Su hijo, que en paz descanse, hizo de médium, me pasó las grabaciones de las segundas guitarras de ‘Locura de brisa y trino’ y me pasé un mes tipo monje, aprendiéndomelo todo de oído. Ensayé un par de veces con él y con el grupo, y la primera actuación fue en el Festival de Mont de Marsan 2002... temblando.

¿Qué enseñanzas te inculcó?

Son tantas... La verdad es que los cursillos de Manolo son más hablados que tocados. Principalmente, te inculca el respeto hacia la esencia del flamenco y de la guitarra flamenca. Siempre repite que hay que respetar los palos, que la seguiriya suene a seguiriya, que el taranto suene a taranto. Y a partir de ahí, que hagas lo que quieras. A nivel compositivo, te abre la mente de una forma increíble. Tiene una tesis preparada. Y no se la inventa como hace la mayoría, es que la tiene escrita. Y se pone a hablar de ello y no para. Más de una vez, escuchándolo, me han dado las tantas en su casa. No se está preparado para seguirlo. También he aprendido a trabajar con orquesta. Hice ‘Medea’, tanto en directo como en la grabación. Entonces me dio lecciones incluso de orquestación, de cómo tratar la guitarra con una orquesta detrás, del comportamiento de los músicos de orquesta. Y es muy complicado. No puedes luchar contra sesenta, tienes que sacrificarte tú.


Santiago Lara con Manolo Sanlúcar (Foto Daniel Muñoz)

Además, vienes completando tu formación en el Conservatorio...

Sinceramente, entré en el Conservatorio por tener un título, una licenciatura, una preparación. Aspiro a poder hacer orquestaciones... un día lejano. Se aprende mucho de los autores clásicos, sobre todo, en composición, en el modo en el que emplean las melodías y los estribillos para hacer las piezas más amenas. Para el flamenco viene muy bien, sobre todo, para componer, pero los flamencos son algo cerrados. Mozart, Beethoven, Bach... Manolo Sanlúcar bebe mucho de ahí. Yo destacaría la armonía de Bach y la capacidad de síntesis de Mozart, que con tres notas pone un teatro boca abajo.

¿Están reñidos la música formal y el toque flamenco?

Tienen que convivir. Hay guitarristas de todo tipo. Hay gente que quiere tocar para cantar y para conservar el toque tradicional de Jerez y es superdigno y respetuoso, si no, se perdería. Pero el que quiere ser solista, tiene que estudiar, tiene que enriquecerse, ir más allá. No es que sea imprescindible, pero creo que así la música puede tener más calidad.

¿Y se reprocha en Jerez que se salga un guitarrista de los cánones? Por ejemplo, a Daniel Méndez le pasó en Morón...

Aquí en Jerez creo que no me han escuchado. Todas las opiniones son buenas pero lo típico, hay cierto recelo, dicen que soy un virtuoso. Pero lo cierto es que hay compañeros a los que admiro como Diego del Morao que me dicen lo contrario, que es el camino que ellos también toman, que mantenemos la escuela de aquí, que no la hemos perdido. En todo caso, la camuflamos, pero sigue estando. Incluso Manolo Sanlúcar me analizaba las composiciones y me decía que resaltara las cosas de Jerez, de Rafael del Águila, de Morao... Son cosas que no haría nunca un guitarrista de otro lado. Además, la escuela de Jerez no es sólo rasguear, es mucho más rica. Aquí en Jerez hay ahora una generación de guitarristas increíble, en la que están Javier Patino, Alfredo Lagos, Juan Diego... Y cada uno con su estilo, no nos parecemos unos a otros.

¿Ha sido casual ese despegue de la guitarra en Jerez?

Casualidad no es. Ellos se fueron a Madrid a abrirse camino cuando allí estaba todo el cogollo. En mi caso, yo me he abierto camino de otra manera, con el concurso... y con lo que he podido.

¿Los concursos ayudan?

Creo que, en un principio, a mí me ha perjudicado. Aunque después he visto que sí me ha ayudado. Entonces no era consciente de lo que estaba sucediendo. Tenía sólo dieciséis años cuando gané en la Bienal de Sevilla. Y flipo viéndome en el vídeo, que me planto en el Lope de Vega como si estuviera en esta terraza. Tenía mucho más descaro que ahora, no estaba atento a las miradas, estaba a mi guitarra. Me perjudicó porque todos se preguntaban que quién era ese niño... para darle el premio. En un concurso se valora un momento, no una trayectoria.

El siguiente paso es el de la composición para baile en la Compañía de Mercedes Ruiz. ¿Cómo te desenvuelves en esa faceta?

La relación con Mercedes Ruiz me vino en buen momento. Mi carrera es una reválida continua. Después de ganar dos premios muy prematuros y muy importantes, tenía que empezar desde cero. Nunca había tocado para bailar... Y no es que no supiera, es que aún no había tenido tiempo de ponerme. Todo se aprende. El zapateado que tenía compuesto desde la Bienal le llegó a Mercedes y lo cogió para hacer una coreografía con la que quería presentarse al Concurso de Córdoba. Me llamó, lo toqué con ella y ganó. Después, nos unimos profesionalmente. Empezó a llamarme para hacer segundas guitarras con Javier Patino y un día que él no pudo venir, me quedé solo. La verdad es que es un trabajo que te impone la exigencia del ritmo, el baile tiene que tener claridad rítmica. Por eso es fundamental conocer la disciplina del baile, es un mundo muy completo. Y a la vez, tienes que conocer el cante porque, indirectamente, estás tocando para el cante. Me encanta tocar para el baile, no quiero dejarlo de hacer. Si alguna vez fuera solista, siempre llevaría baile y no por atraer público, sino porque me encanta. Me gusta el baile como música, la percusión de pies. Y tengo la suerte de trabajar con una persona que domina ese aspecto a la perfección.


Santiago Lara con Mercedes Ruiz (Foto Daniel Muñoz)

¿Qué exige la composición para baile?

Depende. Hay piezas que surgen de una petición. Si me pide unas bulerías, ya compongo una bulería instrumental pensando en ese estilo, en la coreografía, dándole motivos musicales. Y al revés, me gusta también componer del otro modo, cuando ella me muestra una escobilla y tengo que adaptarme al ritmo que me marca, dándole musicalidad a la vez, respetando su ritmo y dándole un sentido musical. Resulta una tarea complicada adaptarse a los pies sin molestar y que tenga sentido. Es laborioso pero muy gratificante.

En ‘Juncá’ hay una intención de homenajear a los maestros. ¿Cuáles son tus referencias?

Maestros, todos. Sobre todo, los de Jerez. Ha habido genios, creadores, que es difícil que salgan de nuevo como Antonio Chacón, Manuel Torre o El Gloria; artistas de fuerza como La Paquera... hay tantos. Y más recientes incluso como Los Morao. No hay que perderlos de vista.

Decía Cañizares en una entrevista reciente que recomendaba a los jóvenes conocer mejor las fuentes...

Él siempre lo dice y se le nota tocando. Lo que pasa es que tenemos referencias distintas. Él ha trabajado con Paco de Lucía. Y tanto Paco como Manolo son para nosotros referencias inmediatas. Como ellos, entre comillas, han superado a sus predecesores a nivel técnico y compositivo, pues son nuestra referencia. Y después viene el interés por lo de atrás. Yo sé muy bien que la farruca de Sabicas es la esencia. Si tocas esa farruca y la entiendes, es difícil que no sepas lo que es una farruca.

Y ya hablando del disco, ¿cómo surgen las composiciones?

Vienen surgiendo desde los dieciséis años. Hay ideas que están desde que empecé a componer y que hoy son fruto de seis años de trabajo. Son temas que no salen de unir falsetas sueltas, sino que siempre he tenido la idea de componer para un disco, de darle una unidad a todo. Si pensaba en una taranta, la pensaba para un disco. Y si, a lo mejor, me pedían una para bailar, hacía otra distinta. No es un resumen de mi trayectoria, sino que siempre he esperado grabar un disco, lo he buscado, tenía necesidad de grabar. Y lo hice rodeándome de músicos como Paquito González y Perico Navarro en la percusión; David Palomar, Londro y Carmen Grilo en el cante; mi hermano José en los coros; Manolo Nieto en el bajo y contrabajo, José Amosa en los teclados; Mercedes Ruiz en los pies...


Santiago Lara con Carmen Grilo (Foto Daniel Muñoz)

Se aprecia un evidente criterio de legibilidad en todo el trabajo...

No lo hago pensando en la gente, es mi lenguaje. La guitarra tiene que cantar. Si no canta, difícilmente llegará al público. Después está la armonía, que se te aprecie la intención... Manolo Sanlúcar canta, para mí es un cantaor. A veces le veo aplicar técnicas del cante, hasta los quejíos. Si no somos legibles, ¿para quién hacemos la música? Hay músicos a los que no les veo el mensaje.

Como se vio en el Festival de Jerez, está ya listo para el directo.

Después del estreno de Jerez estoy muy contento. Antes de los ensayos, estaba bastante asustado. He tratado de que sea lo más fiel al disco posible. Y he tenido que trabajar la adaptación. Por ejemplo, tenía muchas pistas de percusión de Paquito González y hemos tenido que sintetizar para el escenario. Han hecho un trabajo buenísimo. Hay que tener cuidado al hacer un disco de que sea posible trasladarlo al directo. Siempre es una pena que en directo no pueda sonar todo, pero se puede sustituir. Me sorprende esa capacidad en Vicente Amigo, uno de mis referentes, que con tres personas en el escenario reproduce el disco fielmente. Emplea pocos instrumentos en la grabación y tiene una producción y una dirección musical muy acertada.

¿Cuál es tu objetivo ahora que tienes el primer disco en la calle?

Ahora quiero que me escuchen, confío en mi disco, en mi música. El que lo escuche, que lo haga libremente, sin pensar en hacer crítica rápida, en si se parece a este o al otro. Es un primer disco, quiero que escuchen la música, que se olviden de la técnica, pues la técnica no está para correr, sino para hacer crecer la música.

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Más información:

Guía de escucha. Guitarra flamenca actual

Entrevista a José Manuel León, guitarrista (junio, 2006)

Entrevista a Juan Diego, guitarrista (diciembre, 2003)

Festival de Mont de Marsan 2002. Manolo Sanlúcar, ‘Locura de brisa y trino’

 
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