Sara Baras, bailaora.
Entrevista
“El respeto a los grandes
no se puede olvidar,
pero tampoco que nos han dado la libertad
para salir adelante”
Silvia Calado. Madrid, septiembre de 2004
Fotos: Daniel Muñoz
Como cada día, el camerino
de Sara
Baras tiene las puertas abiertas de par en par. Bailaores,
técnicos, una admiradora que viene a que le firme
una foto... Por ese pequeño cuartito no cesa el desfile
de personajes. Y ella a todos los atiende con la misma sonrisa.
Se la ve tranquila... y no es para menos. Entre ‘Mariana
Pineda’ y ‘Juana la Loca’ ha hecho casi
mil funciones en los últimos cuatro años.
A petición popular, repone ‘Sueños’
y ante la taquilla del Teatro Lope de Vega hay cola permanentemente.
Un sueño cumplido. Hace años, mientras la
bailaora gaditana estaba en el Teatro Apolo, en este otro
coso de la capital española triunfaba el Ballet Nacional
de España con ‘Fuenteovejuna’ de Antonio
Gades. Cerró los ojos y formuló un deseo:
“Ojalá un día esté yo llenando
ese teatro”. Y así ha sido. Ese reposo también
se nota en su baile, “quizás valore más
los silencios, quizás busque más momentos
de arte”. Aunque, a la vez, reconoce que el éxito
da miedo, “es un reto diario”. Paradójicamente,
por su triunfo es criticada, sobre todo, en los cerrados
círculos flamencos. “Si me están diciendo
que tengo capacidad para montar una coreografía para
miles de personas, muchísimas gracias; en un cuarto
bailando por bulerías, eso lo hago desde que soy
una niña”. Y la capacidad, la tiene, como demuestra
la ya repleta agenda del próximo año, en cuyo
último tramo tiene previsto crear un nuevo espectáculo.
¿Argumental? ¿No argumental? “Ahí
estoy como loca buscando”.

Sara Baras
Cinco años después
del estreno, ‘Sueños’ sigue funcionando.
¿Cuál es el secreto de este espectáculo?
Pues yo creo que la verdad. Tiene mucha
verdad. Después de hacer ‘Juana la Loca’
y ‘Mariana Pineda’, que son producciones grandes,
ha sido el público el que lo ha pedido otra vez.
Mucha gente quería volver a ver la farruca, flamenco
sin historias. Y teníamos muchas ganas de hacer flamenco
sin historias. Por supuesto, lo hemos retocado. En este
tiempo, gracias a dios, hemos aprendido muchas más
cosas. Y no sólo hemos cambiado el espectáculo
en sí, sino que el nivel de la compañía
es mucho más alto. Tenemos un artista un invitado
de súper lujo, que es José Serrano; tengo
un cuerpo de baile con cinco chicas y dos chicos, más
los músicos. Hay una entrega. Y ese espectáculo
refleja esa entrega y un respeto por el flamenco de siempre,
visto como nosotros lo vemos, porque somos jóvenes
y tenemos nuestro estilo. Se trata de bailar por bailar.
Se te ve más reposada. ¿Ha
cambiado algo en ti? ¿Ha cambiado tu baile?
Yo creo que sí, que ha cambiado
a mejor. Aunque no hace tanto tiempo, sí hace muchas
funciones desde ‘Sueños’. ‘Mariana
Pineda’ ha pasado ya las cuatrocientas funciones,
y no lleva dos años todavía, y ‘Juana
la Loca’ llegó a cuatrocientas cincuenta en
dos años. Compartes escenarios, ensayos y todo con
personajes muy importantes como Lluis Pasqual, Manolo Sanlúcar,
Luis Olmos, artistas invitados... Y claro que aprendes,
aprendes muchísimo... y, por supuesto, mejoras. Mi
baile quizás se haya hecho más tranquilo,
quizás valore más los silencios, quizás
busque más momentos de arte, más pellizquitos...
no efectos, ni velocidades, aunque también las tengamos
porque nos gustan.
Hace unos años se te criticaba
justo esa... efusividad.
Sí y las ganas y la rapidez y hacer
lo más difícil. Y ahora no, ahora te vas dando
cuenta de lo que tiene más importancia, de lo que
está ahí y consigues sacar estudiando, por
supuesto. Que no todo el mundo estudia.
Sara Baras
¿Te satisfacen más
estos espectáculos sin argumento o son experiencias
diferentes?
Son muy diferentes. Hay momentos en los
que te apetece meterte en el papel de alguien, interpretarlo.
Y hay momentos en los que te apetece salirte del personaje,
como ahora mismo. Llevamos cuatro años entre ‘La
Pineda’ y ‘Juana’ (así llama
a sus últimas obras familiarmente) haciendo
personajes, pero tenía muchas ganas de bailar la
farruca, de bailar una letra de soleá... y de hacer
lo que me dé la gana.
El personaje impone una limitación,
¿no?
El personaje en el guión llega el
momento en el que tiene que llorar y tienes que llorar;
si pone que tiene que bailar triste, tienes que bailar triste.
Y aquí no, es como al revés. Lo estoy disfrutando
muchísimo. La gente me dice que hago el papel de
mí, pero ni siquiera eso... hago lo que me da la
gana, con todo el respeto, con todo el cuidado. ¡Que
aquí se trabaja y se estudia a diario!
Debe cansar hacer el mismo papel
cada día...
| |
|
| "A
lo mejor, con el tiempo logro aprenderlo pero, de
momento, no sé subirme a un escenario guardando
ni una pizca de la fuerza que tenga" |
| |
Realmente es un trabajo duro. Con cuatrocientas
‘Pinedas’ en un año y ocho meses no te
da tiempo a distraerte, tienes que estar todos los días
ahí sudando como las demás. No es tontería,
es un trabajo muy serio y, sinceramente, hay momentos en
los que cuesta mucho. En el Teatro Calderón de Madrid
fueron cinco meses seguidos y, por supuesto, yo no fallé
ningún día, pero ninguno de mi compañía
tampoco. A lo mejor, con el tiempo logro aprenderlo pero,
de momento, no sé subirme a un escenario guardando
ni una pizca de la fuerza que tenga. Yo me dejo el alma.
Al día siguiente te levantas con el cuerpo destrozado.
Es la exigencia que te haces tú misma de estar todos
los días a tope. Lo que pasa es que sí, que
lo llevo con muchísima fuerza y alegría porque
el público responde. Y yo creo que es envidiable
que el teatro esté siempre lleno de gente, las reacciones...
Y no es que te dé tranquilidad, sino lo contrario,
te da todo el miedo del mundo. Se levanta el teatro hoy,
pero mañana se tiene que levantar otra vez. Es un
reto diario.
¿Cómo se relacionan
la tradición y el baile flamenco de hoy?
Los flamencos tenemos libertad para poder
expresarte tal y como sientes. Todo lo que aprendas, todo
lo que te da ánimo... cuando tienes ese momentito
para expresarte, te sale. No es que yo quiera hacer un movimiento
de contemporáneo, porque yo respeto muchísimo
a los compañeros de contemporáneo, pero claro
que sé cosillas porque soy bailaora, soy bailarina,
me dedico a la danza y todo lo que sea baile, intento aprenderlo.
Si de repente hay un movimiento que me gusta, ¿por
qué no lo voy a meter en la soleá? Me sale
aflamencado en ese momento, me parece de una belleza alucinante
y no sé por qué no puedo hacerlo, sino al
contrario. Creo que pasa igual con la música, por
ejemplo, con Diego
el Cigala. Ha hecho un disco con Bebo Valdés
que es una preciosidad y nadie discute que él no
sea flamenco. Sin embargo, en el baile parece como que molesta
que se hagan cosas modernas o diferentes. Yo no pretendo
ser moderna, pretendo ser honrada y honesta con mi trabajo.
Y yo no puedo cerrar los ojos y verme bailar sólo
a mí. Veo muchísimos espectáculos,
muchísimas coreografías, muchísima
música, muchísimo baile, muchísimo
teatro. Todo me influye, todo se me clava y lo que me gusta,
imagínate, tengo que aprenderlo... sin olvidar nunca
que soy una flamenca.
| |
|
| "El
flamenco te obliga a mostrar tu personalidad y es
lo que hace que el flamenco evolucione desde dentro" |
| |
¿Pero el baile flamenco
puede evolucionar desde dentro sin recurrir a otros géneros?
Pienso que todo está inventado gracias
a todos esos maestros que hemos tenido. Lo que sí
creo es que el flamenco te obliga a mostrar tu personalidad
y es lo que hace que el flamenco evolucione desde dentro,
claro que sí. Yo para hacer mi farruca me he fijado
en los maestros, en las farrucas de siempre, no he mirado
a un bailarín de clásico. Sin embargo, sí
se ve que es una farruca muy de hoy. No puedes pasar por
alto la farruca de Antonio Gades. Y no hay ninguna pretensión
ni de comparación ni de nada. Se puede innovar dentro
de lo mismo.
Estudiando se descubrirán
muchas cosas, ¿no?
Claro, es lo que dice Paco de Lucía,
que para dar con una nota genial tienes que pasarte mil
horas tocando. Pues aquí es lo mismo, trabajando,
sin parar de bailar, sin para de escuchar cosas, investigando,
claro que te salen cosas. No es que intentes algo diferente,
intentas hacer lo que tú sientes y trabajando sale.
Un compañero guitarrista
nos decía hace poco que, aparte de dulzura, habías
aportado al flamenco una imagen nueva...
Cuando yo empecé tenía el
miedo que tienen muchas niñas ahora. No soy la típica
flamenca porque no soy gitana, no voy maquillada, ni tengo
el pelo negro, rizado, ni lo que hemos convertido en lo
típico. Y yo he pasado miedo. Cuando iba a actuar
a alguna peña, me han dejado en la puerta de muchísimos
sitios y no se creían que era yo la que bailaba.
Y ahora me pasa lo contrario, que lo defiendo más.
Antes los artistas eran artistas hasta para ir a comprar
el pan. Y ahora hay que demostrar que se es artista ahí
arriba. Eres normal, eres como los demás. Y si mi
físico no es el de una gitana muy flamenca, yo creo
que mi corazón sí. En el escenario tampoco
intento ser la típica bailaora. Me encuentro más
cómoda con un vestido más sencillo. Ahora,
por ejemplo, me ha dado por ponerme un moño bajo
y la gente me dice “uy, Sara, qué bien”.
Creo que no le doy tanta importancia. Considero que el movimiento
y lo que uno siente es lo que verdaderamente importa.
Continúa
>>