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Además, empezó tocándole
a los más grandes de la época, incluidos La
Niña de los Peines y Antonio
Mairena...
Tuve la suerte de, por ejemplo, recibir el premio de la Cátedra
de Flamencología del Flamenco junto a Antonio Mairena.
Yo tocaba muchísimo en los festivales en aquella época
y le tocaba a todos. Ellos fueron mis maestros, quienes te
van inculcando un espíritu potente que después
te ayuda a resolver los problemas de la creación. Algo
que algunos jóvenes, no los que he nombrado antes que
esos son sabios, sino digamos los de tercera generación,
quieren ser solistas ya antes. Y eso es muy difícil
porque si no conoces profundamente el género que utilizas
para crear surgen los problemas: cogen del brasileño,
del argentino, del cubano... hacen su mezcla, pero no hay
nada. No, no, usted aprenda primero el flamenco. Si fuera
a la escuela no le enseñan la carrera de Medicina hasta
que no ha adquirido unos conocimientos que le han preparado
para ejercer el estudio de la Medicina; y, después
de ser médico, coges la especialidad. Y en lo nuestro
la especialidad es ser concertista. Yo admiro a los magníficos
guitarristas que tocan para cantar. Ahora lo tengo medio olvidado...
aunque en este espectáculo llevo nada menos que a tres
cantaores. Volvemos siempre al origen porque nos gusta. Mira
Paco, en esta gira lleva también tres cantaores. A
él le ha gustado siempre más que a mí.
Aparte de la próxima gira de ‘Sueños
de ida y vuelta’, ¿qué proyectos tiene
entre manos?
Mi futuro más inmediato es este. Tengo mucha ilusión
con este proyecto. Ahora mismo no da tiempo a hacer una gira,
la estamos preparando para toda España a partir de
marzo de 2005. Mientras tanto, sigo también con mi
sexteto... que es más manejable. Fíjate lo que
supone traerlas desde Cuba. El estreno en la Bienal de Sevilla
será el escaparate. Y si hay que aflamencarlo más,
se aflamenca más. ¡Ya las hago tocar hasta por
bulerías!
¿Sigue creando mientras tanto?
Tengo ilusión por preparar para Córdoba para
el año que viene, que el Festival de la Guitarra celebra
su 25 aniversario, donde llevo actuando desde la primera edición...
lo cual es lógico por mi edad (risas). Quiero
crear algo nuevo inspirado en la historia de la ciudad. Ya
estoy leyendo libros... Así es la música, no
basta con tocar, te tienes que enriquecer con conocimientos
culturales de toda índole. Si voy a dedicar una obra
a Córdoba, evidentemente, tengo que conocer bien Córdoba.
¿Y se resolverá alguna vez el problema
de su discografía?
Tengo más mala suerte... Las compañías
con las que he grabado, algunas han desaparecido como Columbia.
El primer disco que grabé con dieciséis o diecisiete
años ya como solista, se ha reeditado ahora en la colección
‘Historia del Flamenco’, donde también
han reeditado a grandes maestros que me sacaban a mí
cuarenta años como Luis Maravilla o Niño
Ricardo. ¡Por eso se cree la gente que yo soy mayor!
Y después me ven jugar al tenis o corriendo por la
calle y dicen joder, este tío cómo está
(risas).
Y con tan buen humor...
Eso dice todo el mundo de mí. Que qué buen
humor tengo. Este año me fui a Córdoba a estar
con Manolo Sanlúcar, que lo está pasando muy
mal el pobre por la muerte de su hijo, a alegrarle la vida.
Me invitó el festival a pasar allí la semana
y fui porque mi objetivo era Manolo. Estuvimos comiendo juntos
y charlando, tratando de levantarle un poco la moral con las
bromas y mi carácter. La gente dice que siempre estoy
de cachondeo... pero no siempre (risas). Y eso te conserva
también joven.
Historia
de un flamenco sin flamenco
Por Víctor Monje ‘Serranito’ |
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“Yo no tengo en mi familia antecedentes del flamenco.
Sin embargo, mi padre tenía mucha sensibilidad
para los tangos argentinos. Empecé cuando tenía
siete años. Mi padre ponía sus acordes,
no tocaba bien pero tenía sensibilidad, cantaba
sus tangos y a ahí me ves a mí llorando
siendo un niño. Yo tengo fotos cantando tangos
con un pantalón bombacho y mi padre acompañándome
a la guitarra con la pierna así cruzada... ¡eso
no fue invento de Paco!”
“Había una niña
que bailaba flamenco y la acompañaban dos guitarristas
también de mi edad. Yo me enamoré de ella
y empecé a tocar flamenco por ese motivo. Estaba
en una academia de baile que se llamaba Las Celindas,
que estaba en Alvarado, y ahí iba a yo a estudiar.
Tendría nueve años. Luego estuve con Los
Chiquillos de España, donde empecé a tocar
para bailar. Después con el grupo -como estos
que hay hoy- Los Serranos, con mi hermano y otro amigo.
Y como me sacaban diez años, pues me pusieron
Serranito. Yo salía a cantar por las mesas en
Riscal, ganábamos un dineral, y después
me quedaba solo con la guitarra en el escenario”.
“En Los Chiquillos había
una bailaora que se marchó muy enfadada porque
decía que conmigo no podía bailar. Y volvió
a los seis meses y nada más verla, lo primero
que hice fue bailarle por bulerías para demostrarle
que había aprendido. Esa vez se quedó.
Yo tenía algo, no sé qué flamenco
me vino a iluminar. El caso es que con dieciséis
años estaba despuntando. Y ya llevo cincuenta
años trabajando con la guitarra... medio siglo”.
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