Flamenco x 2. José Serrano y
Luis Ortega, bailaores. Entrevista
“Tenemos conciencia de lo
afortunados
que somos en nuestras carreras como bailaores”
Silvia Calado. Jerez, marzo de 2006
Las compañías no
son sólo el cabeza de cartel. Además de la
figura que da nombre y dirección a los ballets flamencos,
tanto entre el elenco de invitados como entre el cuerpo
de baile se ‘ocultan’ artistas a tener muy en
cuenta. En el caso de la compañía de Sara
Baras, sobresale el trabajo de los bailaores Luis
Ortega y José
Serrano, que llevan varias temporadas coprotagonizando
los exuberantes montajes de la artista gaditana. Con trayectorias
profesionales paralelas, llevan compartiendo el disfrute
del baile desde que coincidieron en el Ballet Nacional de
España. Un descanso entre el ensayo y la función
en el Teatro Villamarta de Jerez, da pie a este diálogo
en el que ponen en común recuerdos, opiniones, anécdotas
y baile, mucho baile.

José Serrano
y Luis Ortega (Foto: Daniel Muñoz)
Luis. José. Haced, para
empezar, una breve presentación de vuestras respectivas
trayectorias...
Luis Ortega. Yo comencé
mis estudios en Sevilla con Matilde
Coral, Rafael el Negro y el desaparecido El Mimbre,
que fue mi maestro. Allí fueron mis primeros contactos
con los escenarios, un pequeño anticipo de lo que
fue la Compañía Andalucía de Danza.
Ya en el 87 entré en el Ballet Nacional de España
(BNE) bajo la dirección de José Antonio, durante
cuatro años y es donde nos conocimos Pepín
y yo; coincidimos tres años. Después me fui
al Ballet de Murcia con Merche Esmeralda para hacer ‘Medea’,
una experiencia muy bonita con el maestro Granero y la música
de Manolo Sanlúcar. Volví a Madrid con Granero
a la compañía que montó, Ballet Español
de Madrid, y después regresé al BNE como primer
bailarín. He ido alternando mi carrera entre el BNE
y compañías privadas, y también alternando
como bailarín y como bailaor. Me considero bailarín
de danza española y bailaor flamenco.
¿Se sigue estableciendo
esa diferencia?
José Serrano. Para
mí un bailaor es un bailarín, lo que pasa
es que la palabra bailarín lo abarca todo y la de
bailaor limita.
L.O. Yo veo que bailaor
se refiere a una especialidad. También es una forma
de trabajar. El bailaor es más libre, más
anárquico. Aunque estemos trabajando dentro del flamenco,
tenemos una disciplina de bailarín.

José Serrano (Foto: Daniel
Muñoz)
José, ¿Cuáles
fueron tus comienzos en el baile?
J.S. Soy José Serrano,
Pepín para los amigos. Empecé los estudios
en Córdoba con Antonio Mondéjar, fue mi primer
maestro, y me orientó cuando me trasladé a
Sevilla a estudiar con Manolo
Marín. Y al poquito tiempo, entré a formar
parte de la compañía de Mario Maya cuando
montó ‘El Amor Brujo’. Hice una escena
en la película ‘Montoyas y Tarantos’
con Cristina Hoyos, quien me llamó para una gala
en París. Quería también que entrara
a formar parte de su compañía, pero tenía
pendiente la posibilidad de entrar en el BNE por el aprendizaje,
los maestros y por la disciplina. Ella lo entendió
perfectamente. Eso fue en el 89 y estuve en el nacional
hasta el 98, realizando casi todo el repertorio. Decidí
irme y me llamó Antonio
Canales para interpretar sus papeles en ‘La casa
de Bernarda Alba’ y ‘Guernica’. Tras cinco
o seis meses con Antonio, ya me llamó Sara Baras
en 2000 y desde entonces, estoy con ella.
¿Qué hay en vosotros
de esos primeros maestros?
J.S. Lo que queda está
en la intención de este espectáculo, ‘Sabores’
de Sara Baras. Queríamos que se viera un poquito
ese mirar atrás en los dos números solistas
que hacemos, el legado de esos maestros que lo han hecho
tan bien. Con todo el respeto del mundo, decidimos dar uno
de los sabores dentro de todos los que se pueden ver en
el espectáculo. Hemos intentado imprimir detalles
preciosos y alucinantes de esos maestros. Además,
todo el mundo los tiene en la retina aunque lleve mucho
tiempo sin verlos. Y gracias a dios, ha salido muy bien.
L.O. Otras veces fusionamos
distintos estilos de danza y esta vez hemos querido fusionar
en el tiempo. Musicalmente, utilizamos otros lenguajes y
son guiños al pasado pero con una fusión de
épocas.
J.S. Además, en
la coreografía a tres que hemos aportado, ‘A
fuego lennto’, también se ve la frescura del
aire de hoy. Aparte de que bailando nos acordamos de los
maestros, en lo que se ha hecho más hincapié
es en elementos como los palillos de Luis en la seguiriya
y en el sombrero mío en las alegrías -ese
de ahí (y señala a la sombrerera de la mesa)-.
En el caso de Luis, la seguiriya acepta palillos de toda
la vida, pero creo que siempre la han hecho mujeres, creo
que ningún hombre.

Luis Ortega (Foto: Daniel Muñoz)
¿Cómo trabajaste
ese número, Luis? ¿Por qué decidiste
coger las castañuelas?
L.O. Ha sido un poco experimental.
Tampoco es que los palillos sean mi fuerte de virtuosismo,
lo he trabajado en determinados momentos en encargos, en
compañías. Pero me gustaba la imagen y utilizar
palillos de otra manera, más como un instrumento
de percusión que como un concertista virtuoso. Y
la verdad es que ha sido una experiencia alucinante. Me
he trasladado a otro lugar, pues estás entre el bailarín
y el bailaor, entre el bailaor y el músico, pues
tus cinco sentidos están divididos de otra manera,
escuchas de otra manera.
J.S. Y la identidad del
número ha quedado muy flamenca.
L.O. Sí, se ha
ido rodando en la temporada de París, cogiendo su
identidad. Está siendo una experiencia alucinante
porque es un disfrute diferente y un riesgo diferente también.
J.S. Tiene guasa. Tienes
que estar muy pendiente del palillo y el flamenco tiene
también eso, que si estás pendiente de algo,
te cohíbe.
L.O. Me ha colocado en
otra perspectiva. Dentro de lo disciplinado que yo soy como
bailarín, las manos siempre han sido la parte más
libre. Aunque lo demás esté más amarrado,
las manos son la parte más libre. Y con palillos
tienes un corsé al que hay que buscarle el disfrute.
Continúa
>>