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¿Y tu solo, Pepín?
Da una imagen como muy distendida, relajada...
J.S. Yo me lo paso muy bien, sobre todo
en el final. En Londres, que estuvo mi maestro, me dio el
detalle que faltaba. Cuando termino la alegría, recojo
el sombrero, me lo pongo y me hago la idea de las películas
antiguas de Antonio Molina, de Manolo
Caracol. Cuando salían borrachos de cante y de
todo, a las claritas del día, se ponían su sombrero
‘malamente’, se iban para casa y se veían
por la calle de lado a lado. Y le doy como ese punto de haberme
emborrachado de baile y me voy dando cambaladas, de acera
a acera. Me lo paso muy bien y, además, la gente lo
entiende. Cuando le doy el toque al sombrero para encasquetármelo,
yo escucho a la gente reír, que es lo que pretendo.
Me lo paso muy bien porque me acuerdo de una persona que hace
muy poco se me ha ido: mi padre. Cuando estuve montando el
número, estaba claro que mi padre se nos iba. Como
lo monté en ese proceso, me acuerdo mucho de él,
de una manera muy bonita y muy viva. Cada vez que veo el sombrero,
lo veo a él. Y encima mi padre ha sido siempre muy
alegre, muy fiestero y ha vivido muchas noches de acera en
acera. Ha sido un tío que ha vivido la vida muy bien.
Y dentro de la pena de que se te ha ido un ser querido, me
alegra mucho enfrentarme cada noche a un número en
el que me reencuentro con él y me da esa alegría.
Nunca he tenido tantas ganas de bailar como cuando volví
a París después de morir mi padre. Estoy todos
los días loco por ponerme el sombrero.

Sara Baras con José Serrano
y Luis Ortega en 'Sabores'
(Foto: Daniel Muñoz)
L.O. En el número de Pepín
también la gente pilla que lo mismo que hay momentos
de bastante ‘apretaura’, hay momentos de soltarse,
de desparramarse. Los lleva y los trae de ese recogimiento
a esa libertad y a esa forma tan agradable. Da la sensación
de que cualquiera podría salir a compartirlo con él.
Se ve ese divertimento, que es natural, no buscado.
J.S. La alegría está cuadrada
entera, por supuesto. Del principio al final de la letra está
montado, pero después no he montado nada más.
Sólo he concretado alguna falseta y alguna ‘patá’
para caer juntos con los músicos, pero queda abierto.
Eso mantiene el estado en el que te encuentras y, como me
lo paso muy bien, surge ese bienestar.
El espectáculo, en general, subraya un sentimiento
muy alegre, frente a esa oscuridad a la que el flamenco acostumbra,
¿no?
Luis Ortega
(Foto: Daniel Muñoz) |
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L.O. El otro día lo comentábamos
con Sara cenando. Estamos en un momento en el que tomamos
conciencia de lo afortunados que somos. Muchas veces se te
pasan las cosas y no has sido consciente de lo afortunado
que eres. De alguna manera, los años sirven para eso,
para ser consciente de que hay que pasárselo bien.
Y eso sale fuera... si se puede.
J.S. No todos los días sale todo
lo bien que quisieras, pero por el buen ambiente que tiene
la compañía, siempre emerge muy buen rollo.
L.O. Está todo enfocado a trabajar
lo mejor posible. Hombre, el guiso nunca sale igual, pero
la intención está. Y es algo contagioso. Todo
el mundo va a piñón para hacerlo bonito y pasarlo
bien nosotros, que es la única manera de que los demás
lo pasen bien.
Ese es el sentido de la coreografía a tres
‘A fuego lennto’, ¿no?
J.S. Sí, en ‘A fuego lennto’
se ve. Ese número fue encargo para la Gala del Día
Internacional de la Danza, creo que en 1998 en Madrid.
L.O. Veníamos cada uno de hacer nuestras
cosas, nosotros dos y Lola
Greco. Y pensamos hacer algo de ‘sin sudar’,
algo paradito...
J.S. El nombre no está bien puesto
en el programa, es con dos enes: ‘lennto’. La
verdad es que fue un día increíble. A Lola Greco
le pasaron muchas cosas en el BNE, yo tampoco me fui de allí
de la mejor manera... Luis no, es que no hay nadie de la profesión
que no lo adore, lo quiere todo el mundo. El caso es que confluyeron
muchas cosas. La música es alucinante, de José
Carlos Gómez. Y fue de estos guisos que se hacen a
fuego lento, van pasando los días y vas notando el
olor. Intentamos disfrutar bailando. Fue increíble
porque por el camerino pasaron desde los más antiguos
como Pilar
López, hasta los más jóvenes. Creo
que fue ‘ABC’ el diario que puso como titular
de la gala: “Coreografía para el recuerdo”.
L.O. Y Sara cuando la vio, se enamoró
de esta coreografía. Nos dijo: “Eso lo quiero
bailar yo, aunque sea en el salón de mi casa”.
Pero le buscó su sitio en su espectáculo.
¿Y resulta diferente al reemplazar Sara Baras
a Lola Greco?
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José Serrano
(Foto: Daniel Muñoz) |
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.S. Sara y Lola no tienen nada que ver.
Son dos pedazos de artistas, pero cada una tiene su estilo.
No compiten. Sin embargo, la coreografía tiene el mismo
mensaje y el mismo sentido. En París, el violinista
se hizo daño en un hombro y un día no tocó.
Y al verlo desde fuera, nos dijo que parecía un matrimonio,
pero con dos maridos.
L.O. Él vio como mucho amor...
¿Cómo es Sara Baras, que tiene desde
fuera ese halo de estrella, como compañera bailaora?
L.O. Sara es muy normal como compañera.
Inevitablemente, tiene decisiones que tomar y la batuta que
coger en determinados momentos, pero ella como compañera
es supernormal. Le gusta aportar y que le aporten de una manera
fluida, sin llevar el rol del mando. Aunque, evidentemente,
en algunos momentos lo tiene que tomar. Pero casi más
en cuestiones administrativas que en cuestiones artísticas.
Todo el mundo sabe cuál es el encargo, cuál
es el estilo, cuál es su forma. Y que es trabajadora.
J.S. Nos agota a todos, es increíble.
L.O. El otro día ya estaba hablando
del siguiente espectáculo...
J.S. Esa es una de sus armas. Si Sara no
tuviera esa constancia, no estaría donde está.
Aunque bajo mi punto de vista, por mi vida, para mí
y para mi forma de trabajar, entiendo que hay que saber desconectar
un poco para despejar la cabeza. En ella es imposible. No
para de maquinar. En su baile se le ve, por eso es tan generosa.
Como lo tiene todo el día en la cabeza, cuando lo da
en el escenario, lo da todo. Su baile es muy generoso. Ella
misma genera que la gente esté así con su trabajo,
el buen rollo lo da ella porque es tan normal que todo el
mundo cuando le ve la cara, no tiene más remedio que
sentirse bien. Y cuando se tiene que poner en su papel, porque
es la guinda del pastel y porque es su nombre, nadie se siente
aludido personalmente. Normalmente, es más fácil
pensar que hacía falta. Incluso por exceso de ganas,
nos podemos pasar.
Y si se les pregunta por proyectos individuales, se nota
enseguida la reticencia a salir de la compañía
de Sara Baras. Luis Ortega sólo dedica desde 1998 parte
de la temporada a renovar el repertorio del cuadro de la sala
Florida Park de Madrid, del cual es director artístico.
Y José Serrano explica a las claras que, salvo alguna
gala aislada, no tiene intención de emprender camino
en solitario. Y, por lo que comentan, motivos no les faltan.
Como explica el cordobés, “me siento realizado
y valorado en esta compañía”. Y no escatiman
en elogios. Luis Ortega, por su parte, comenta que “la
compañía está muy redonda, está
todo muy mimado, cada unidad está muy bien cubierta:
técnicamente, administrativamente, musicalmente...”.
Y llenando los teatros más grandes del mundo. Como
recuerdan los bailaores, en trece meses se hicieron trescientas
galas de ‘Mariana Pineda’. No es de extrañar
que Luis afirme, bromeando, que “cuando sea mayor, quiero
tener una compañía así”.
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