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Son de la Frontera. Calle 54, Madrid. 10 de febrero de 2005
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Son de la Frontera
Biografía, Real Audio y comentarios de los lectores


“Pretendemos buscar un poco más en nosotros mismos y crecer como músicos, creando un sonido personal y con frescura”


Son de la Frontera, grupo flamenco. Entrevista

“Sin la investigación de su pasado,
el flamenco no tiene futuro”

Silvia Calado, noviembre de 2006

De Holanda a Madrid, de Madrid a México, de México a Estados Unidos... Son de la Frontera no deja de recorrer el mundo. Y de las habitaciones de hotel y camerinos de esos últimos puntos cardinales vienen las respuestas a esta entrevista transfronteriza. Raúl Rodríguez -tres cubano- y Paco de Amparo -guitarra flamenca-, correo electrónico mediante, escriben sobre su nuevo trabajo ‘Cal’. Confirman la propuesta de grupo, la inmersión en el legado de Diego del Gastor, la defensa del flamenco de raíz y la creación propia. Como la cal enluce capa sobre capa, el nuevo álbum “toma conciencia de nuestros fundamentos artísticos más propios, para saber construir un lenguaje interesante para el futuro”.

 


Raúl Rodríguez
(Foto Daniel Muñoz)
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Entrevista a Son de la Frontera (julio 2004)
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¿Qué es ‘Cal’? ¿Cómo explicaríais brevemente a los aficionados lo que contiene este álbum?

Paco de Amparo: ‘Cal’ es la continuidad de un proyecto que comenzó con mucha ilusión y respeto, mirando en un principio de lleno a la música y creación de nuestro ídolo Diego del Gastor. Pero además, en este nuevo disco, en cierta forma, se pretende mostrar más nuestra propia identidad y que cada uno de nosotros pueda sentirse identificado a modo personal, musical y como grupo.

Raúl Rodríguez: En este trabajo hemos intentado profundizar aún más, no quedarnos a mitad del camino y continuar la doble exploración, en lo colectivo y en lo individual, que supone el trabajo en Son de la Frontera. El título hace referencia a la memoria de la cal, esa piedra líquida que purifica y embellece a la vez, que fue testigo y parte de las casas y las calles más flamencas, las del principio de la historia de nuestra cultura: desde la sierra de Morón salió gran parte de la cal que blanqueó la Andalucía de los siglos XVIII al XX, los tiempos en los que cristalizaron los cantes, los bailes y los toques, las madres de las músicas de hoy.

Pensamos que, en cierta forma, el proceso de elaboración de la cal puede asemejarse al proceso de la creación flamenca: recogiendo la piedra dura de la cantera, colocándola con mucho arte en el horno y dejando que, a fuego lento, con calor y amor, se funda en ese líquido puro de tierra adentro que a la vez abrasa y renueva. Para encalar, como en el flamenco, se pinta sobre pintado, capa sobre capa. Quizás es por esto que hay que ser muy respetuoso con lo que precede, es la forma de transmisión y respeto que tiene la comunicación oral. Las rutas de la cal pudieron ser, además, perfectas transmisoras de la música flamenca en aquellos primeros tiempos, cuando el cante, el toque y el baile viajaba dentro de las personas, no en soporte grabado, ni CD ni mp3... Una artesanía que también compartimos con las culturas mediterráneas y caribeñas. Está en la línea del concepto de nuestro trabajo, tomar conciencia de nuestros fundamentos artísticos más propios para saber construir un lenguaje interesante para el futuro: Saber andar pa’tras para saber andar pa’lante.


Raúl Rodríguez y Paco de Amparo
(Foto: Daniel Muñoz)
 
   

¿Qué diferencia existe respecto al primer disco ‘Son de la Frontera’?

P.A.: Una de las diferencias es el contenido musical propio. Existe más música creada por nosotros, intentando aportar nuestro granito de arena con respecto al flamenco. También se ha introducido más cante y se han grabado palos que hoy la gente tiene un poco olvidados, como la malagueña, el taranto y las sevillanas. Tiene otra sonoridad, aunque lleva la misma línea: se pretende con esto buscar un poco más en nosotros mismos y crecer como músicos, creando un sonido personal y con frescura.

R.R.: No hay cambios de planteamiento ni de formación, sigue el camino iniciado con el primero. La diferencia está más en el crecimiento que como grupo hemos podido tener en estos años de trabajo, en la mayor experiencia y en la alegría de comprobar cómo la música entre nosotros continúa creciendo y expandiéndose.

¿Qué vuelta de tuerca dais al legado de Diego del Gastor? ¿Habéis hecho algún descubrimiento al volver a explorar en su música?

 
"Cuanto más profundizas, más conoces la belleza que contenía la música de Diego del Gastor"

R.R.: Realmente, quizá lo más interesante es tratar de conocerla en profundidad y respetarla como lo que es: un clásico. Volver a descubrir ahí la genialidad que encierra su composición original y sus variaciones y, llevándolas al terreno del diálogo entre el tres cubano y la guitarra, que es nuestra aportación personal. Y, conjugándolo con el cante, el baile y el compás, volver a sorprendernos desde dentro de su música y tratar de crecer a partir de ahí. Cuanto más profundizas, más conoces la belleza que contenía su música: ese creo que es el verdadero descubrimiento.

Cantiñas de Pinini, malagueñas de El Mellizo, taranto de Manuel Torre... ¿Qué importancia tiene para vuestra música el cante antiguo?

R.R.: El cante clásico es la base, contiene la memoria y es el transmisor fundamental de la cultura flamenca. Moi de Morón es un cantaor con una emoción privilegiada para estos cantes, como la malagueña del Mellizo, o las cantiñas y los boleros por bulerías que cantaba la gran Fernanda de Utrera, que en Gloria esté, y que tantas veces acompañó el gran Diego del Gastor. Son cantes que son hermanos de estos toques. En el taranto instrumental, yo hago una adaptación para el tres del cante del taranto clásico de Manuel Torre (‘Ay, mi muchacho...’), con algún giro de la versión que mi madre, Martirio, grabó con Rafael Riqueni y Pata Negra en 1989. Yo estaba en el estudio aquel día, con 13 años, y ese es el cante y el ambiente que mejor puedo recordar.

¿Quién era ese otro Mellizo del que versionais las sevillanas?

P.A.: Personalmente, no tuve la suerte de conocerlo, pero por lo que sé a través de mi abuela (que era su hermana) y de mi madre, Antonio Amaya Flores, hermano de Diego del Gastor, era una persona sencilla, humilde y espontánea, muy creativo, capaz de sacar música de una guitarra que a veces sólo contaba con cuatro cuerdas. Era muy afable y tenía lo que llamamos en Andalucía “mucho ángel”, esbozaba una personalidad muy particular, artista bohemio y gitano puro. Desgraciadamente, estamos faltos de personas de esta índole en nuestro mundo flamenco actual.

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