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Son de la Frontera. Calle 54, Madrid. 10 de febrero de 2005
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Son de la Frontera
Biografía, Real Audio y comentarios de los lectores

 

 

“Estamos recuperando el gusto por la música tal y como es, como algo vivo”

 

 

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A pesar de la mayor variedad en el repertorio, vuelven a mandar las bulerías. ¿Qué os atrae de este palo?

P.A.: En el flamenco, sencillamente, creo que es el palo rey en la rítmica y uno de los más difíciles de interpretar. La bulería te hace vibrar, te eleva, igual te puede transmitir alegría que puede sacar un llanto de lo más escondido. Es un palo muy versátil con el cual se puede jugar con sus diferentes formas rítmicas y sus tiempos. La bulería tiene magia.


Pepe Torres, al baile
(Foto: Daniel Muñoz)
 
   

¿Cuáles son las nuevas creaciones propias?

P.A.: Bueno, hay muchos pequeños detalles en algunos de los arreglos musicales de temas como las sevillanas o los tarantos... temas que pertenecen al Mellizo y a Diego casi en su totalidad, y también existen muchos arreglos en otros temas donde el tres cubano es la batuta. Realmente, los temas originales cien por cien son la ‘Soleá del amor’, en la cual Raúl aporta la idea y la mayor parte de la música, los ‘Tanguillos de la frontera’, una creación mía en la que mi compañero tresero aporta la parte del estribillo y la ‘Bulería en rama’, que es otro tema que aporto en su totalidad. Con respecto al baile, el tema ‘A los viejos maestros’ es creación propia de mi primo Pepe Torres, el cual aporta junto con Manuel y Moi muchas ideas a las composiciones.

Vuelve a llamar la atención el papel del tres cubano. ¿Requiere una ‘investigación’ continua adaptarlo a la idiosincrasia del flamenco?

R.R.: El trabajo con el tres me está dando enormes satisfacciones porque ha conseguido integrarse con mucha naturalidad entre nosotros. Y percibo que ha llegado para quedarse. La mecánica que tengo que buscar con el instrumento para adaptarlo a la ética y a la estética flamenca es muy compleja pero muy bonita, muy creativa. Tiene el carácter del trabajo pionero, me cuesta mucho trabajo porque no tengo precedente en quien poder sostenerme, tengo que inventarme las maneras y componer una técnica propia con la que poder tocar toda esa música, lo que es muy sacrificado, muy trabajoso y muy comprometido. Quizás por eso mismo, es muy hermoso y muy satisfactorio de hacer, de descubrir y de volver a sorprenderte. Con el tiempo y la dedicación, vas sacando mecanismos y detalles nuevos por el camino casi sin darte cuenta y que se incorporan solos. Y esas son las cosas más guapas. Es un instrumento mágico. Da vida.

Siempre habéis insistido en el concepto de ‘grupo’ frente al de ‘cuadro’. ¿Cómo trabajáis para componer?

P.A.: En un grupo todos tienen voz y voto y cada uno aporta sus ideas musicales. Cada cual trabaja en su faceta e intentamos dar alguna idea que nos sugiera algo con frescura y que no pierda flamencura. Todas las piezas son importantes e imprescindibles, desde el palmero que baila hasta el cantaor, pasando por el tresero flamenco y músico, el guitarra y el bailaor. Creo que este es el secreto para componer cosas de verdad, puras y al mismo tiempo innovadoras. Es una constante búsqueda que permite hacer la música que nos gusta y en la que creemos.

Los ensayos se han hecho “en los Hornos de Cal de las canteras de Morón”. Contadnos qué es ese lugar inspirador...

R.R.: Pasamos unas dos semanas perfilando el repertorio en la casita en la falda de la Sierra que tiene la Asociación Cultural Hornos de la Cal de Morón. Hace un trabajo muy interesante y muy bonito de recuperación de la artesanía de la cal en Morón, reconstruyendo varios hornos, documentando la historia y las imágenes de los caleros y ayudándonos a entender un poco mejor lo que fue y lo que es el mundo interno de una de las actividades más importantes durante tanto tiempo en nuestra tierra. Con mucho cariño, Manuel Gil Ortiz (gran fotógrafo) y los amigos de la asociación nos cedieron su espacio para que pudiéramos aislarnos del mundo e impregnarnos de la música de la cal.


Paco de Amparo (Foto: Daniel Muñoz)

La grabación fue en Morón. ¿Cómo se desarrolló esa fase del disco? ¿Se ha grabado a la manera antigua, como directo en estudio?

P.A.: Fue una fase tranquila y relajada, sin tensiones. Y todo el disco, igual que el primero, está grabado en directo.

R.R.: Hemos grabado en Morón porque para hacer este trabajo queríamos estar cerca de nuestras tierras, pero manteniendo el equipo humano, con el mismo ingeniero de grabación (Manolo Camacho) y de mezcla (José Peña), y con la misma confianza y colaboración de Nuevos Medios y La Nota, que nos ayudan a trabajar a nuestro gusto. Grabamos todos juntos en la misma sala y trabajamos sobre la versión que más nos guste, sin claqueta ni recordings. Es algo que cada día sucede más, creo que estamos recuperando el gusto por la música tal y como es, como algo vivo.

Desde que nació el grupo habéis recorrido muchos países. ¿Cómo se recibe fuera la propuesta? ¿Creéis que beneficia al flamenco que se le asocie la etiqueta ‘world music’?

R.R.: Hemos tocado en La Habana, New York, Chicago, París, Londres, Amsterdam, Miami, México, Oslo, Arles, Barcelona, Madrid, Sevilla, Jerez, Morón... Y en todas partes nos han entendido muy bien, hemos disfrutado y han asimilado perfectamente el mensaje de lo que hacemos, que no se sale del territorio flamenco y que tampoco está tan lejos de lo que en otras culturas se está haciendo con las músicas de raíz. Cuando se hace desde el amor a esa raíz, es un trabajo que se aprecia mucho en todas partes porque nos conecta con lo que somos, con nuestra memoria colectiva. Y esa necesidad está viva en todo el mundo. Fuera de nuestra tierra los oídos y los corazones están ya muy abiertos y más hechos al arte flamenco. Y se le concede al flamenco esa categoría, que naturalmente tiene, como música de raíz viva y de gran nivel artístico.

 

Raúl Rodríguez, Moi de Morón y Manuel Flores (Foto: Daniel Muñoz)
   

Y quizás aquí sea donde menos nos demos cuenta y todavía tengamos que aprender a valorar mejor lo que tenemos. Nuestra música flamenca es de una riqueza enorme, engloba muchas artes y al tiempo tiene un sello muy propio, ofrece el máximo contenido con los mínimos elementos, y transmite con una potencia y un poder que muy pocas músicas en el mundo consiguen. En world music entran muchas músicas que tienen que ver con la exploración de las propias raíces y su conexión con el resto de las músicas, lo que es una inquietud inevitable en el tiempo que vivimos, donde todo cambia tan rápido y todo se mueve tanto. Son festivales que ya tienen un recorrido y una experiencia, y un circuito estable en el que se trabaja muy bien, y que abren la puerta a que en otros países se pueda apreciar la música de nuestras casas.

¿Está el futuro de la música flamenca en la investigación de su pasado... o es sólo una opción?

P.A.: Creo que es imprescindible e importantísimo mirar hacia atrás, escuchar a los viejos y aprender. Ellos son sabios y base sólida para poder adquirir conocimientos. Sin la investigación de su pasado, el flamenco no tiene futuro. Sinceramente, pienso que es la única opción posible. Hay que mirar hacia atrás para traer información al presente y enfocarlo con mucho cuidado y respeto hacia el futuro.

R.R.: ... Saber andar pa’tras para saber andar pa’lante.

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Más información:

Bienal 2006. Son de la Frontera, estreno de ‘Cal’

Entrevista a Son de la Frontera, grupo flamenco (julio 2004)

 
 
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