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A pesar de la mayor variedad en el
repertorio, vuelven a mandar las bulerías. ¿Qué
os atrae de este palo?
P.A.: En el flamenco, sencillamente, creo
que es el palo rey en la rítmica y uno de los más
difíciles de interpretar. La bulería te hace
vibrar, te eleva, igual te puede transmitir alegría
que puede sacar un llanto de lo más escondido. Es un
palo muy versátil con el cual se puede jugar con sus
diferentes formas rítmicas y sus tiempos. La bulería
tiene magia.
Pepe Torres, al baile
(Foto: Daniel Muñoz) |
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¿Cuáles son las nuevas creaciones propias?
P.A.: Bueno, hay muchos pequeños
detalles en algunos de los arreglos musicales de temas como
las sevillanas o los tarantos... temas que pertenecen al Mellizo
y a Diego casi en su totalidad, y también existen muchos
arreglos en otros temas donde el tres cubano es la batuta.
Realmente, los temas originales cien por cien son la ‘Soleá
del amor’, en la cual Raúl aporta la idea y la
mayor parte de la música, los ‘Tanguillos de
la frontera’, una creación mía en la que
mi compañero tresero aporta la parte del estribillo
y la ‘Bulería en rama’, que es otro tema
que aporto en su totalidad. Con respecto al baile, el tema
‘A los viejos maestros’ es creación propia
de mi primo Pepe Torres, el cual aporta junto con Manuel y
Moi muchas ideas a las composiciones.
Vuelve a llamar la atención el papel del tres
cubano. ¿Requiere una ‘investigación’
continua adaptarlo a la idiosincrasia del flamenco?
R.R.: El trabajo con el tres me está
dando enormes satisfacciones porque ha conseguido integrarse
con mucha naturalidad entre nosotros. Y percibo que ha llegado
para quedarse. La mecánica que tengo que buscar con
el instrumento para adaptarlo a la ética y a la estética
flamenca es muy compleja pero muy bonita, muy creativa. Tiene
el carácter del trabajo pionero, me cuesta mucho trabajo
porque no tengo precedente en quien poder sostenerme, tengo
que inventarme las maneras y componer una técnica propia
con la que poder tocar toda esa música, lo que es muy
sacrificado, muy trabajoso y muy comprometido. Quizás
por eso mismo, es muy hermoso y muy satisfactorio de hacer,
de descubrir y de volver a sorprenderte. Con el tiempo y la
dedicación, vas sacando mecanismos y detalles nuevos
por el camino casi sin darte cuenta y que se incorporan solos.
Y esas son las cosas más guapas. Es un instrumento
mágico. Da vida.
Siempre habéis insistido en el concepto de
‘grupo’ frente al de ‘cuadro’. ¿Cómo
trabajáis para componer?
P.A.: En un grupo todos tienen voz y voto
y cada uno aporta sus ideas musicales. Cada cual trabaja en
su faceta e intentamos dar alguna idea que nos sugiera algo
con frescura y que no pierda flamencura. Todas las piezas
son importantes e imprescindibles, desde el palmero que baila
hasta el cantaor, pasando por el tresero flamenco y músico,
el guitarra y el bailaor. Creo que este es el secreto para
componer cosas de verdad, puras y al mismo tiempo innovadoras.
Es una constante búsqueda que permite hacer la música
que nos gusta y en la que creemos.
Los ensayos se han hecho “en los Hornos de
Cal de las canteras de Morón”. Contadnos qué
es ese lugar inspirador...
R.R.: Pasamos unas dos semanas perfilando
el repertorio en la casita en la falda de la Sierra que tiene
la Asociación Cultural Hornos de la Cal de Morón.
Hace un trabajo muy interesante y muy bonito de recuperación
de la artesanía de la cal en Morón, reconstruyendo
varios hornos, documentando la historia y las imágenes
de los caleros y ayudándonos a entender un poco mejor
lo que fue y lo que es el mundo interno de una de las actividades
más importantes durante tanto tiempo en nuestra tierra.
Con mucho cariño, Manuel Gil Ortiz (gran fotógrafo)
y los amigos de la asociación nos cedieron su espacio
para que pudiéramos aislarnos del mundo e impregnarnos
de la música de la cal.

Paco de Amparo (Foto: Daniel Muñoz)
La grabación fue en Morón. ¿Cómo
se desarrolló esa fase del disco? ¿Se ha grabado
a la manera antigua, como directo en estudio?
P.A.: Fue una fase tranquila y relajada,
sin tensiones. Y todo el disco, igual que el primero, está
grabado en directo.
R.R.: Hemos grabado en Morón porque
para hacer este trabajo queríamos estar cerca de nuestras
tierras, pero manteniendo el equipo humano, con el mismo ingeniero
de grabación (Manolo Camacho) y de mezcla (José
Peña), y con la misma confianza y colaboración
de Nuevos Medios y La Nota, que nos ayudan a trabajar a nuestro
gusto. Grabamos todos juntos en la misma sala y trabajamos
sobre la versión que más nos guste, sin claqueta
ni recordings. Es algo que cada día sucede más,
creo que estamos recuperando el gusto por la música
tal y como es, como algo vivo.
Desde que nació el grupo habéis recorrido
muchos países. ¿Cómo se recibe fuera
la propuesta? ¿Creéis que beneficia al flamenco
que se le asocie la etiqueta ‘world music’?
R.R.: Hemos tocado en La Habana, New York,
Chicago, París, Londres, Amsterdam, Miami, México,
Oslo, Arles, Barcelona, Madrid, Sevilla, Jerez, Morón...
Y en todas partes nos han entendido muy bien, hemos disfrutado
y han asimilado perfectamente el mensaje de lo que hacemos,
que no se sale del territorio flamenco y que tampoco está
tan lejos de lo que en otras culturas se está haciendo
con las músicas de raíz. Cuando se hace desde
el amor a esa raíz, es un trabajo que se aprecia mucho
en todas partes porque nos conecta con lo que somos, con nuestra
memoria colectiva. Y esa necesidad está viva en todo
el mundo. Fuera de nuestra tierra los oídos y los corazones
están ya muy abiertos y más hechos al arte flamenco.
Y se le concede al flamenco esa categoría, que naturalmente
tiene, como música de raíz viva y de gran nivel
artístico.
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Raúl Rodríguez,
Moi de Morón y Manuel Flores (Foto: Daniel Muñoz)
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Y quizás aquí sea donde menos nos demos cuenta
y todavía tengamos que aprender a valorar mejor lo
que tenemos. Nuestra música flamenca es de una riqueza
enorme, engloba muchas artes y al tiempo tiene un sello muy
propio, ofrece el máximo contenido con los mínimos
elementos, y transmite con una potencia y un poder que muy
pocas músicas en el mundo consiguen. En world music
entran muchas músicas que tienen que ver con la exploración
de las propias raíces y su conexión con el resto
de las músicas, lo que es una inquietud inevitable
en el tiempo que vivimos, donde todo cambia tan rápido
y todo se mueve tanto. Son festivales que ya tienen un recorrido
y una experiencia, y un circuito estable en el que se trabaja
muy bien, y que abren la puerta a que en otros países
se pueda apreciar la música de nuestras casas.
¿Está el futuro de la música
flamenca en la investigación de su pasado... o es sólo
una opción?
P.A.: Creo que es imprescindible e importantísimo
mirar hacia atrás, escuchar a los viejos y aprender.
Ellos son sabios y base sólida para poder adquirir
conocimientos. Sin la investigación de su pasado, el
flamenco no tiene futuro. Sinceramente, pienso que es la única
opción posible. Hay que mirar hacia atrás para
traer información al presente y enfocarlo con mucho
cuidado y respeto hacia el futuro.
R.R.: ... Saber andar pa’tras para
saber andar pa’lante.
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