Tomás de Perrate, cantaor
flamenco. Entrevista
“Yo no me voy a poner a inventar
nada, voy a copiar,
que es la mejor manera de aprender”
Silvia Calado. Nîmes, enero de 2006
Tomás
de Perrate tardó en exteriorizar el legado que
tenía dentro. Pero cuando sintió la llamada
del cante, no había vuelta atrás. El cantaor
de Utrera lleva a su tiempo la herencia de su padre Perrate
de Utrera y de su abuelo Manuel Torres, plasmándolo
en sus recitales y en sus grabaciones. La última
es ‘Perraterías’, un trabajo discográfico
producido por Ricardo Pachón, quien dejara su sello
en algunos de los más emblemáticos álbumes
de Camarón. Por sorprendente que parezca, este cantaor
de eco antiguo fue batería de rock y tanto se inspira
por Manolito de María que por Tom Waits. “Si
hay una evolución natural del flamenco, creo que
soy buen ejemplo, pues pertenezco a una de las familias
cantaoras más grandes, pero no puedo negarme a mí
mismo”.
Tomás de Perrate
con Diego Carrasco (Foto: Daniel Muñoz) |
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¿Cómo ha sido el
proceso de elaboración de ‘Perraterías’?
Creo que Ricardo Pachón tenía
la inquietud de trabajar conmigo. Convivió mucho
con mi padre -Perrate de Utrera- y es un apasionado de esa
época. De hecho, ahora mismo está trabajando
en un proyecto recuperando archivos sonoros antiguos y en
el que están mi padre, Diego
del Gastor, Fernanda y Bernarda... Y me escuchó
cantar en una Feria del Flamenco y vino a conocerme de inmediato.
Cuando ha visto la oportunidad, nos hemos metido a hacer
el disco. Es una producción muy cortita de todo.
Hemos hecho una sociedad, el disco es nuestro y lo hemos
hecho con mucho gusto.
¿Había una idea ‘a
priori’ de la línea que seguiría el
disco?
Ricardo me conoció de cantaor clásico
y pensaba que yo era así de convencional. La idea
era hacer un disco de guitarra y voz. Y, de hecho, lo hice.
Pero tampoco quería cerrarme en banda porque a mí
me gustan muchos tipos de músicas y veía que
había temas a los que podían entrarle cositas.
Él, más revolucionario que yo, lo vio inmediatamente.
Ahí está ese reggae
fundido con unos tangos de El Piyayo...
El reggae está grabado con claqueta
y una guitarra de referencia. Se grabaron unos tangos de
Málaga tal como yo los hago en un repertorio clásico.
Como estaba medido, se podía instrumentar. Y estaba
claro que me entraba algún ritmo sabrosón,
con la colaboración de los músicos.
¿Crees que le puede chocar
a los aficionados que te conocen como cantaor clásico?
Soy muy jovencito dentro del cante y creo
que la gente no me conoce. Hay que buscar mecanismos actuales
y no es que haya que buscarlos, sino que uno mismo lo es.
Yo me dedico a cantar desde 1999, pero antes he tocado la
batería en un grupo de rock. Mi casa está
llena de instrumentos. Uno no puede renunciar a su vida
por muy hijo que sea de Perrate de Utrera o muy nieto que
sea de Manuel
Torre. Si hay una evolución natural del flamenco,
creo que soy buen ejemplo. Porque pertenezco a una de las
familias cantaoras más grandes, pero no puedo negarme
a mí mismo y a las influencias musicales que he tenido.
Sin ánimo de criticar, me encanta el blues que hace
José Mercé, pero quizás él tenga
menos esa cultura musical. Yo he crecido con eso.
Entonces ha sido totalmente natural
para ti, ¿no?
Sí. Además, ha sido un gustazo
trabajar con Ricardo Pachón en ese sentido. Sabe
perfectamente lo que está bien o mal con un instrumento.
No le ha dicho nadie lo que tiene que hacer, pero sí
sabe elegir. Creo que la profesión de productor musical
la eleva a categoría de arte. Incluso con el trato
con los músicos es especial: no impone, pero está
claro que es el jefe.
Hay una batería en una seguiriya
porque querías demostrar algo...
Anoche acabé con Diego
Carrasco hablando de eso mismo. Y él no tiene
ni el disco. Ayer me tocó la guitarra y nunca habíamos
coincidido. Me estaba haciendo un compás con la guitarra
que es completamente distinto al habitual pero, sin embargo,
es el originario. Es más rápido, más
seguido y, evidentemente, medido... En resumen, la seguiriya
es un cante diseñado para hacerlo a compás,
no es cante libre. Eso me traía de cabeza, sobre
todo, a la hora de dejarme acompañar. Porque los
guitarristas como que te esperan, como que se atrasan...
No, señor, toca a compás. A la hora de grabarla,
igual. Me encanta el trabajo que hemos hecho los tres: guitarra,
batería y cante. El trabajo de Antonio Moya en la
seguiriya me encanta. Ricardo quería meter más
cosas, pero me negué, lo vi acabado. Me parece que
ha quedado muy asequible para todos los oídos. Eso
sí, muy ‘jartible’ porque es muy largo.
Yo le hubiera quitado una letra.

Tomás de Perrate (Foto:
Daniel Muñoz)
¿Cómo se vivió
la fiesta por bulerías con la familia?
Uy, qué cosa más bonita.
Era lo que quería hacer. Mis hermanos, mis sobrinos,
mi mujer, algunos gitanillos de Utrera, que en realidad
no son artistas... todos estaban encantados con que estuviera
grabando el disco. Y cuando les dije que se vinieran al
estudio, se volvieron locos. Ricardo me preguntó
que qué bebida comprábamos y le dije que no,
que compráramos comida. Y allí estuvieron
con una simpatía... Si prestas atención, hay
dos cantes por bulerías, un homenaje a mi padre y
un homenaje a mi tía –María
la Perrata-, y aún siendo bulerías los
dos, son completamente distintos. De hecho, esa bulería
al golpe sólo hubiera podido salir bien así.
Lo intentamos hacer con palmeros de estudio y no salió.
¿Sigue existiendo un flamenco
familiar?
Flamenco familiar existe en todos sitios.
Nosotros los gitanos cantando, además de hacer un
género lírico, también transmitimos
nuestra cultura. Es una seña de identidad que nos
dice más cosas que música. Y en todas las
casas flamencas se sigue cantando, es inevitable. Por la
vida que llevamos ahora es más necesario. Ayer le
decía yo a Diego Carrasco, y él se sorprendía,
que se había convertido en un icono para todos los
gitanillos. Como sus sobrinos están locos con él,
se cree que sólo es su gente. Pero es que mis sobrinos
también están locos con él porque representa
una parte fundamental de nuestra cultura: ese ‘aje’,
ese infundio, esa gracia, ese compás. Diego es un
icono importante, vayas por donde vayas. Farruquito es otro
iconazo. Como ya no está la tradición familiar,
necesitamos ahora más que nunca referentes de nuestra
cultura como Diego Carrasco.
Cuéntanos que es eso de
los ‘infundios’.
Qué gracia. También es cosa
de gitanos, no sólo de mi tío abuelo Curro
el Vereó. No es mentir, es inventarte historias y
creértelas tú mismo. Y las cuentas con ‘aje’
para que nos divirtamos todos. Con ese tío mío
nos reuníamos los chiquillos en una plazoleta, él
ya era bastante mayor, y se ponía descalzo. Y con
una pinza de la ropa de madera, nos sentábamos alrededor
y teníamos que rascarle las plantas de los pies.
Y él empezaba a contarnos historias de ‘cascarreyes’,
de salamandras que se vestían con sombreros. Y los
niños estábamos flipados... ¡pero él
también! Yo veía como eso mismo lo hacía
con mi padre y con sus amigos. Gaspar
de Utrera también es igual. Hace poco me decía:
“Primo, yo soy mu escologista, pero si al perro de
mi mujer lo pillara un camión y luego otro...”.
Jajajaja. Unas historias... El infundio es inventar
historias para reírnos. Y en el disco los he metido
haciendo la letra y la música, contando que quiero
ser tenor.
Continúa
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