Tomás de Perrate
Biografía, discografía, RealAudio y comentarios de los lectores

 

 

"Los dibujos musicales de los cantaores antiguos siempre me son fáciles de hacer, pero me dejo llevar por su actitud"

 

 

¿Qué ocurrió en 1999 para que sintieras la inquietud de cantar?

No me lo había planteado nunca. Quizás había pensado más en cantar ópera o son cubano, todo menos flamenco. Fue una cosa casi casual. Un día me invitaron mis hermanos a una fiesta y entre canciones de Pata Negra y de Kiko Veneno, empecé a cantarles a mis sobrinos por bulerías y empezaron a llorar. Hasta entonces habían sido niños y yo grande. Pero ese día éramos todos grandes, ya podíamos compartir. A mi hermano el mayor se lo dijeron los niños y aprovechó que un encargo para hacer un disco, ‘Navidad en Utrera’, y me pidió apoyo con la percusión. Hubo gente que no apareció. Y me pidió que cantara ‘Los Campanilleros’ de Manuel Torre. Yo me negué. Y una hija de Turronero, sobrina de mi hermano, me la escribió en un papel. Cuando me escuché en el estudio me quedé sorprendido, no me esperaba eso de mí. Y fue todo muy rápido. Al día siguiente conozco a Antonio Moya y se lo conté. Y me contestó que si quería saber realmente lo que me estaba sucediendo que me fuera a una fiesta a Lebrija con él. No lo había hecho nunca, pero tenía una inquietud fuerte. Me planté en medio de la fiesta y empecé a cantar. Fue una cosa fuerte para todo el mundo. Pero lo que más me empujó fue un artículo que escribió Miguel Acal. Para mí era todo el flamenco que salía por el transistor de mi padre y le tenía un respeto... De hecho, yo aprendí a tocar la guitarra grabando los programas con un magnetofón. Y escribió una cosa muy fuerte que la tengo guardada y es lo que me hizo tirar para delante. Empecé a cantar y todo vino solo.


Tomás de Perrate con Diego Carrasco (Foto: Daniel Muñoz)
 
   

¿Crees que había hueco para una propuesta como la tuya?

Claro, yo creo que puedo ocupar un espacio en el que hay muy poca gente. De mi territorio, somos muy pocos. Concretamente, en Utrera está la cosa decadente. Gaspar, desde Mont de Marsan, no anda muy bien. Y Bernarda está muy mayor. Los niños que cantan están más animados ahora que estoy yo. No ha faltado una generación, sino varias. El más joven, Gaspar... con setenta años. En Jerez no ha parado la cosa.

¿Qué enseñanzas de tu padre has tomado para afrontar el flamenco profesionalmente?

Mi padre tiene una forma de ser y estar dentro del cante. A mí me impresiona mucho su actitud: romántico, dulce... Después, tiene genialidades. Yo sigo aprendiendo todos los días de mi padre. Tengo unas grabaciones fantásticas y siempre encuentro cosas. Me pasa con Manuel Torre. Yo al principio no lo veía, pero no iba yo a tener razón e iba a estar todo el mundo equivocado. Y me puse a estudiarlo en condiciones, las melodías, dónde caían los acentos... Y me tuve que caer del árbol rendido. Ya no escucho a gente moderna, sólo a viejos: Juan Varea, Manolito de María, Tomás Pavón... es lo que me apetece. Los dibujos musicales de los cantaores antiguos siempre me son fáciles de hacer, pero me dejo llevar por su actitud. Es como si viera con qué actitud afrontan eso: los trances, la forma de concentración que tienen al cantar por soleá o por seguiriyas. Y yo es que o me las imagino o realmente las siento.

¿Qué importancia le das a la guitarra que está a tu lado?

 
"Alguien me preguntaba el otro día que qué dotes tenía que tener un buen guitarrista. Y le contestaba que la intuición a la hora de acompañar"

Total. Si no hay complicidad con la guitarra, no hay flamenco. La guitarra es básica. Alguien me preguntaba el otro día que qué dotes tenía que tener un buen guitarrista. Y le contestaba que la intuición a la hora de acompañar. Hay mucho virtuoso, pero menos intuición. Si uno quiere repetir una letra, es probable que nunca la haga igual. Y el guitarrista tiene que estar para darte silencio o para alargar o... creo que la palabra es intuición y un buen entendimiento sensorial, que no haga falta montarlo mucho.

La guitarra contemporánea, que se fija más en aspectos como la armonía, ¿encaja con un cante tradicional?

Sí. Creo que estamos acostumbrados a que la guitarra sea la profesional de la música en el flamenco. Y, de hecho, el guitarrista tiene que echar muchas horas de estudio, que el cantaor no. Creo que estamos acostumbrados a una evolución dentro de las melodías que se hacen y estamos abiertos, tenemos formación musical suficiente para comprender una melodía con un toque jazzístico en una soleá. A mí me encanta. Lo que no se puede desvirtuar es el acompañamiento, pero todos los guitarristas que voy conociendo tienen la inquietud de aprender a acompañar. Yo les digo, simplemente, que escuchen cante. Estamos viviendo una época muy bonita.

¿Y el cante no tiene libertad para evolucionar, como lo han hecho la guitarra y el baile?

¿El cante? Yo creo que al revés, el cante tiene que mirar para atrás. Una seguiriya es una seguiriya. ¿Sabes la cantidad de material que hay que nadie ha cantado? Coges la ‘Antología del cante flamenco y cante gitano por Antonio Mairena’ y ves setenta cantes distintos por seguiriyas, todos con melodías distintas, a compás, bien hechos. ¿Qué te vas a poner a inventar? Si tenemos una riqueza fuerte... ¿Vas a tocarle a la estructura? A mí me parece que no tiene sentido. Una canción, pues la aflamencas. Pero los palos están inventados, lo que hay es que mirar para atrás. Yo no me voy a poner a inventar nada, voy a copiar, que es la mejor manera de aprender. Todos los músicos del mundo han hecho versiones. Es lo más honrado del mundo. Todos cogen una referencia de aquí, otra de allí y hacen sus composiciones. No hay mucha gente que tenga inventiva. Está todo el mundo aprendiendo de lo que hay hecho y me parece perfecto.

¿Cuáles son esas otras músicas que te gustan?

Todo. Desde Stevie Wonder a Freddie Mercury... María Callas me encanta. Me gusta todo. Y los cubanos me gustan mucho y los viejos, más todavía. No he tenido ninguna preferencia, he sido generalista, y ha sido cosa de la gente con la me he juntado, de mi pandilla de la calle, que éramos todos iguales, a ver qué libro nos pasábamos, y lo mismo con los discos y con todo lo que fuera raro. Me acuerdo del impacto cuando salió ‘La vida secreta de las plantas’ de Stevie Wonder o el ‘Sultán del swing’ de Dire Straits o lo que me entró cuando escuché por primera vez a Tom Waits que es...

Como Juan Talega...

 
"Conducir con Tom Waits es lo que más me gusta del mundo"

Yo creo que es más Tomás Torre. A mí me encanta. Lo llevo en el coche, no llevo a ningún flamenco. Conducir con Tom Waits es lo que más me gusta del mundo. Algo así, experimentar en ese sentido, sí me gustaría mucho. Esas percusiones y esos sonidos. Quizás sea lo que más escuche, pero no tengo preferencias, siempre he estado abierto a todo. Me llama la atención más el personaje que el género.

Lo raro es estar cerrado a todo lo que nos llega del mundo, ¿no?

A mí lo que me da coraje es que haya radicales. Hay temas que no puedes tocar con mucha gente. Soy muy amigo de Arcángel, me gustan mucho las cosas que hace, me gusta él, me parece muy bueno lo que hace. Pero es una conversación que con mucha gente no la puedo tener porque no es gitano. Y mira gitanos como José Mercé con las músicas que hace. A mí me parece muy digno y muy bien hecho, discos muy bien planteados. Pues tampoco puedes tener ese tipo de conversación con algunos.

Pero los cantaores que ahora son referentes, nunca se cerraron en su tiempo a otras cosas...

Hacían fusión inmediata, con todo. El flamenco es muy joven, tiene doscientos años, y eso para una cultura musical es muy poco tiempo. ¡Si ahora estamos abriendo los ojos! Ves la pintura y los clásicos mandan, pero no tiene nada que ver con lo que se está haciendo ahora y también es pintura y también es arte. El flamenco necesita de una evolución natural. A lo que hay que temerle es a que, para comerciar con esto, haya que desvirtuar los cantes, pero haciendo bien las cosas no hay por qué. Equivocarse no es malo. En cada época tiene que haber un grupo de radicales, un grupo de contrarios y un grupo de modernos.

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Más información:

Festival Flamenco de Nîmes 2006. Tomás de Perrate con Diego Carrasco

 
 
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