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¿Qué ocurrió
en 1999 para que sintieras la inquietud de cantar?
No me lo había planteado nunca. Quizás había
pensado más en cantar ópera o son cubano, todo
menos flamenco. Fue una cosa casi casual. Un día me
invitaron mis hermanos a una fiesta y entre canciones de Pata
Negra y de Kiko Veneno, empecé a cantarles a mis
sobrinos por bulerías y empezaron a llorar. Hasta entonces
habían sido niños y yo grande. Pero ese día
éramos todos grandes, ya podíamos compartir.
A mi hermano el mayor se lo dijeron los niños y aprovechó
que un encargo para hacer un disco, ‘Navidad en Utrera’,
y me pidió apoyo con la percusión. Hubo gente
que no apareció. Y me pidió que cantara ‘Los
Campanilleros’ de Manuel Torre. Yo me negué.
Y una hija de Turronero, sobrina de mi hermano, me la escribió
en un papel. Cuando me escuché en el estudio me quedé
sorprendido, no me esperaba eso de mí. Y fue todo muy
rápido. Al día siguiente conozco a Antonio Moya
y se lo conté. Y me contestó que si quería
saber realmente lo que me estaba sucediendo que me fuera a
una fiesta a Lebrija con él. No lo había hecho
nunca, pero tenía una inquietud fuerte. Me planté
en medio de la fiesta y empecé a cantar. Fue una cosa
fuerte para todo el mundo. Pero lo que más me empujó
fue un artículo que escribió Miguel Acal. Para
mí era todo el flamenco que salía por el transistor
de mi padre y le tenía un respeto... De hecho, yo aprendí
a tocar la guitarra grabando los programas con un magnetofón.
Y escribió una cosa muy fuerte que la tengo guardada
y es lo que me hizo tirar para delante. Empecé a cantar
y todo vino solo.
Tomás de Perrate
con Diego Carrasco (Foto: Daniel Muñoz)
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¿Crees que había hueco para una propuesta
como la tuya?
Claro, yo creo que puedo ocupar un espacio en el que hay
muy poca gente. De mi territorio, somos muy pocos. Concretamente,
en Utrera está la cosa decadente. Gaspar, desde Mont
de Marsan, no anda muy bien. Y Bernarda está muy mayor.
Los niños que cantan están más animados
ahora que estoy yo. No ha faltado una generación, sino
varias. El más joven, Gaspar... con setenta años.
En Jerez no ha parado la cosa.
¿Qué enseñanzas de tu padre
has tomado para afrontar el flamenco profesionalmente?
Mi padre tiene una forma de ser y estar dentro del cante.
A mí me impresiona mucho su actitud: romántico,
dulce... Después, tiene genialidades. Yo sigo aprendiendo
todos los días de mi padre. Tengo unas grabaciones
fantásticas y siempre encuentro cosas. Me pasa con
Manuel Torre. Yo al principio no lo veía, pero no iba
yo a tener razón e iba a estar todo el mundo equivocado.
Y me puse a estudiarlo en condiciones, las melodías,
dónde caían los acentos... Y me tuve que caer
del árbol rendido. Ya no escucho a gente moderna, sólo
a viejos: Juan Varea, Manolito de María, Tomás
Pavón... es lo que me apetece. Los dibujos musicales
de los cantaores antiguos siempre me son fáciles de
hacer, pero me dejo llevar por su actitud. Es como si viera
con qué actitud afrontan eso: los trances, la forma
de concentración que tienen al cantar por soleá
o por seguiriyas. Y yo es que o me las imagino o realmente
las siento.
¿Qué importancia le das a la guitarra
que está a tu lado?
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| "Alguien
me preguntaba el otro día que qué dotes
tenía que tener un buen guitarrista. Y le contestaba
que la intuición a la hora de acompañar" |
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Total. Si no hay complicidad con la guitarra, no hay flamenco.
La guitarra es básica. Alguien me preguntaba el otro
día que qué dotes tenía que tener un
buen guitarrista. Y le contestaba que la intuición
a la hora de acompañar. Hay mucho virtuoso, pero menos
intuición. Si uno quiere repetir una letra, es probable
que nunca la haga igual. Y el guitarrista tiene que estar
para darte silencio o para alargar o... creo que la palabra
es intuición y un buen entendimiento sensorial, que
no haga falta montarlo mucho.
La guitarra contemporánea, que se fija más
en aspectos como la armonía, ¿encaja con un
cante tradicional?
Sí. Creo que estamos acostumbrados a que la guitarra
sea la profesional de la música en el flamenco. Y,
de hecho, el guitarrista tiene que echar muchas horas de estudio,
que el cantaor no. Creo que estamos acostumbrados a una evolución
dentro de las melodías que se hacen y estamos abiertos,
tenemos formación musical suficiente para comprender
una melodía con un toque jazzístico en una soleá.
A mí me encanta. Lo que no se puede desvirtuar es el
acompañamiento, pero todos los guitarristas que voy
conociendo tienen la inquietud de aprender a acompañar.
Yo les digo, simplemente, que escuchen cante. Estamos viviendo
una época muy bonita.
¿Y el cante no tiene libertad para evolucionar,
como lo han hecho la guitarra y el baile?
¿El cante? Yo creo que al revés, el cante tiene
que mirar para atrás. Una seguiriya es una seguiriya.
¿Sabes la cantidad de material que hay que nadie ha
cantado? Coges la ‘Antología del cante flamenco
y cante gitano por Antonio Mairena’ y ves setenta cantes
distintos por seguiriyas, todos con melodías distintas,
a compás, bien hechos. ¿Qué te vas a
poner a inventar? Si tenemos una riqueza fuerte... ¿Vas
a tocarle a la estructura? A mí me parece que no tiene
sentido. Una canción, pues la aflamencas. Pero los
palos están inventados, lo que hay es que mirar para
atrás. Yo no me voy a poner a inventar nada, voy a
copiar, que es la mejor manera de aprender. Todos los músicos
del mundo han hecho versiones. Es lo más honrado del
mundo. Todos cogen una referencia de aquí, otra de
allí y hacen sus composiciones. No hay mucha gente
que tenga inventiva. Está todo el mundo aprendiendo
de lo que hay hecho y me parece perfecto.
¿Cuáles son esas otras músicas
que te gustan?
Todo. Desde Stevie Wonder a Freddie Mercury... María
Callas me encanta. Me gusta todo. Y los cubanos me gustan
mucho y los viejos, más todavía. No he tenido
ninguna preferencia, he sido generalista, y ha sido cosa de
la gente con la me he juntado, de mi pandilla de la calle,
que éramos todos iguales, a ver qué libro nos
pasábamos, y lo mismo con los discos y con todo lo
que fuera raro. Me acuerdo del impacto cuando salió
‘La vida secreta de las plantas’ de Stevie Wonder
o el ‘Sultán del swing’ de Dire Straits
o lo que me entró cuando escuché por primera
vez a Tom Waits que es...
Como Juan Talega...
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| "Conducir
con Tom Waits es lo que más me gusta del mundo" |
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Yo creo que es más Tomás Torre. A mí
me encanta. Lo llevo en el coche, no llevo a ningún
flamenco. Conducir con Tom Waits es lo que más me gusta
del mundo. Algo así, experimentar en ese sentido, sí
me gustaría mucho. Esas percusiones y esos sonidos.
Quizás sea lo que más escuche, pero no tengo
preferencias, siempre he estado abierto a todo. Me llama la
atención más el personaje que el género.
Lo raro es estar cerrado a todo lo que nos llega
del mundo, ¿no?
A mí lo que me da coraje es que haya radicales. Hay
temas que no puedes tocar con mucha gente. Soy muy amigo de
Arcángel,
me gustan mucho las cosas que hace, me gusta él, me
parece muy bueno lo que hace. Pero es una conversación
que con mucha gente no la puedo tener porque no es gitano.
Y mira gitanos como José Mercé con las músicas
que hace. A mí me parece muy digno y muy bien hecho,
discos muy bien planteados. Pues tampoco puedes tener ese
tipo de conversación con algunos.
Pero los cantaores que ahora son referentes, nunca
se cerraron en su tiempo a otras cosas...
Hacían fusión inmediata, con todo. El flamenco
es muy joven, tiene doscientos años, y eso para una
cultura musical es muy poco tiempo. ¡Si ahora estamos
abriendo los ojos! Ves la pintura y los clásicos mandan,
pero no tiene nada que ver con lo que se está haciendo
ahora y también es pintura y también es arte.
El flamenco necesita de una evolución natural. A lo
que hay que temerle es a que, para comerciar con esto, haya
que desvirtuar los cantes, pero haciendo bien las cosas no
hay por qué. Equivocarse no es malo. En cada época
tiene que haber un grupo de radicales, un grupo de contrarios
y un grupo de modernos.
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