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ENTREVISTA. ROSARIO LA TREMENDITA,
CANTAORA
“La guitarra
es un instrumento
de trabajo perfecto para un cantaor”
Silvia Calado. Madrid, septiembre
de 2009
Nacer en Triana no
es condición para ser flamenco. Pero si la bisabuela
es cantaora, el padre es cantaor, la madre viene de bailaores…
el círculo se estrecha. Y lo que comienza siendo un
juego puede acabar siendo una profesión. Es justo lo
que le pasó a Rosario
la Tremendita, que tiene casi tantos años
de vida como de carrera: 25. La cantaora sevillana se define
como cantaora de alante, y así defiende proyectos tan
diferentes como su recital tradicional, el mano a mano con
músicos persas o su concierto ‘Pinceladas’
en formato jazz… y cantando de pie. Aunque si le saben
dar su papel, no rechaza colaborar con bailaores de concepto
como Andrés Marín, Belén Maya o Rocío
Molina. El disco está en mente, pero sin prisas...
es una de las carpetas del escritorio de su ordenador, su
segunda herramienta de trabajo después de la guitarra.
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Rosario la Tremendita
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Rosario la Tremendita
nace en una familia flamenca de Triana…
El nombre artístico
viene de mi padre, es poco original el tema. Mi padre es cantaor
y desde muy chica me lo inculcó en casa. Por parte
de mi padre mi bisabuela también era cantaora; yo he
pasado mucho tiempo con ella y de ella aprendía los
cantes. Por parte de mi madre son bailaores, así que
no tenía salida. De chica yo estaba mucho con mi padre
y se hizo normal el tema de irme con él a los festivales,
a las fiestas. Después me empezó a llevar a
concursos y a peñas. Empezó como un juego y
acabó siendo mi profesión y mi medio de vida.
Ya luego no hace tanta gracia, pero…
¿Y cómo
viviste ser tan precoz?
Mi padre me lo inculcó
como un juego, no me quiso forzar. Fue también quien
me puso una guitarra en las manos, que ahora mismo es mi instrumento
de trabajo, con el que me formo y con el que estudio. A partir
de una edad, sí que mi padre se ponía más
serio; eso ya costaba más. Estaba en el instituto,
más varias horas diarias estudiando. Y el fin de semana,
cuando todas las niñas se iban a jugar, yo me iba al
concurso o a la peña. Esa fue la etapa que menos me
gustó; tenía exámenes durante la semana
en el instituto y los fines de semana los exámenes
de cante en los concursos. Era algo que con catorce o quince
años no se lleva muy bien.
¿Las experiencias
de los concursos han sido positivas?
Han sido positivas porque te
obligan a estudiar cante. Te ibas a Málaga, y te aprendías
la caña y el polo. Y te ibas al concurso de Mairena
y te estudiabas la soleá y la seguiriya de Mairena.
Cuando te das cuenta, a lo largo de los años tienes
un registro muy amplio. Lo incómodo era estar constantemente
examinándote, la tensión, el jurado… El
escenario yo ahora mismo lo enfoco como una manera de contar
y de expresarme, estamos hablando de arte. Y cuando estás
en un concurso, estamos hablando de otra cosa, algo técnico.
Como formación es perfecto, pero debes tenerlo sólo
durante una etapa. Acabé con Córdoba, ahí
le dejé claro a mi padre que era la última vez,
saliera como saliera. Tuvimos suerte y me llevé el
‘Manolo Caracol’. Ya me retiré de ahí
y empecé una etapa profesional más positiva,
de montar mis conciertos, mis recitales y colaborar con gente
que me gusta.
Rosario la Tremendita en
el Festival de Jerez 2005
(Foto Daniel Muñoz)
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Actualmente no hay
muchos cantaores de raíz trianera. ¿Qué
hay allí de especial que tú puedas defender
o rescatar?
Yo puedo hablar de mi familia.
Mi tatarabuela tuvo 21 hijos y todos vivieron en Triana. A
partir de ahí… Yo lo que he vivido de Triana
ha sido con ellos, en casa, en la Peña El Bollo de
la calle Fabié, los amigos de mi padre, la familia
del Maera… Y los cantes de Triana pues destacan tanto
la soleá como la seguiriya de Los Caganchos. Hay muchísimos
cantes que registrar, los estudio y me gustaría recopilarlos.
Pero no me he querido quedar ahí, el flamenco es muy
amplio. De todos modos, Triana ya no es Triana. Han hecho
edificios que ya no sabes si estás en la calle San
Jacinto o en Pamplona. Sí he tenido oportunidad de
estar con El Arenero, con Márquez el Zapatero, los
he escuchado, he estado cerca de ellos… Pero no es nada
comparado con los que han podido escuchar mi abuela o mi bisabuela,
me quedo con lo que ellas me cuentan.
Y aparte, ¿tienes
otros referentes claros?
Son muchos. No soy cantaora
de un cantaor. Hay muchos cantaores en los que rebuscar. Me
quedo con Manolo Caracol con su cante tan anárquico
pero con tanto gusto, Antonio Mairena, Escacena, El Mochuelo…
cada uno tiene un registro. Eso lo discuto con muchos compañeros
que me dicen eso de “el mejor cantaor es…”.
Yo creo que según qué y cómo. A mí
me gusta escuchar a todo el mundo: a Marchena las milongas
o los cantes de Levante, a Mairena las seguiriyas y la soleá,
a La Niña de los Peines los cantes abandolaos tan bonitos...
Mi forma de trabajo es esa, según el cante que quiera
estudiar, me voy a la base y a la grabación más
cercana al cantaor que lo hizo. De los actuales, Camarón
me encanta, El Pele… no sé, me gustan muchos.
Pero nunca me peleo con nadie por un cantaor. Fíjate
la de cantaores que han dejado sentencias. Pararse en uno
sería limitarse. Por ejemplo, la vidalita que hago
en el espectáculo
de Carlos Saura se la he cogido a Vallejo y él
se la cogió a Gardel, pues es un tango argentino.
Luego dicen que hoy
somos modernos y poco puros…
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“A mí
me encanta la música y limitarme sería una
torpeza”
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Pues no. Igual alguien que
la escuche y no sepa que es una vidalita, cree que estoy cantando
un tema. A mí me encanta la música y limitarme
sería una torpeza.
Como método
de trabajo, dices que coges un cante, vas para atrás
y actualizas.
Con la vidalita sucede, con
el arreglo de Antonio
Rey parece un tema actual. Creo que hay mucho que hacer
atrás. La guajira que hago con Rocío, ella me
preguntaba que de dónde la había sacado. Y la
saqué de lo más antiguo, de El Mochuelo, de
La Rubia de Málaga, de cuando el flamenco, más
que flamenco, parecía folklore español. Me gusta
ese método de trabajo porque me gusta escuchar, me
gusta informarme. Esa es mi línea.
¿Y es verdad
que tienes una rutina diaria con tu ordenador, tus discos,
tu guitarra?
Sí. Todos los días.
Me gustaría decir que soy muy salvaje, que ni estudio
ni nada, que me viene el duende en el escenario. Pero no,
cualquier trabajo es dedicación. Y no es cuestión
mía, sino de cualquier persona a la que le guste su
trabajo. Yo me levanto, desayuno y cojo la guitarra. Dependiendo
de los proyectos que tenga más cerca, me pongo a documentarme,
a formarme y a echarle tiempo. Tengo una disciplina porque
como la pierda… Este trabajo es difícil porque
no hay jefe, viajamos...
Pero para eso están
los portátiles, ¿no?
Los ordenadores portátiles,
el Youtube… esas cosas están genial. Ahora está
muy fácil. Antes se iban a buscar a un viejecito a
un pueblo perdido… Ya lo tenemos muy cómodo.
Alguien a quien le guste esto y no le eche tiempo y dedicación
es una barbaridad, lo tenemos muy a mano, no hay excusas.
¿Y la guitarra
cómo la usas?
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“La guitarra
me gusta más que el cante”
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La guitarra me gusta más
que el cante. Ayer venía con un guitarrista en el coche
desde Albacete y todo de viaje estuve escuchando discos de
guitarra. Y él me decía, “pero Tremenda,
¿no pones nada de cante?”. Y es que la guitarra
me da mucho campo. Mira que de chica me cargué más
de una. Empezar con la guitarra es muy incómodo porque
son escalas, técnica… pero una vez que ya tienes
eso, la guitarra es el instrumento de trabajo perfecto para
cualquier cantaor. Yo noto cuando un cantaor tiene unas mínimas
nociones de guitarra y cuando no las tiene. A la hora de arreglar
los cantes, buscar la tonalidad… Al guitarrista se lo
pongo mucho más fácil, podemos compartir más,
le puedo decir más claro lo que me gusta y lo que quiero
que haga. La guitarra y el cante son complementarios. No me
voy a dedicar a la guitarra, la dejo en el sofá. Sólo
una vez hice un detalle en un espectáculo de Belén
Maya, y me lo pensé mucho… ¡Pero salí
temblando!
¿Te hace eso
más selectiva al elegir a la guitarra que te acompaña?
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Rosario la Tremendita en
directo
(Foto Daniel Muñoz)
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Yo me imagino que sí.
Ahí soy muy tonta… La guitarra que te acompaña
es un porcentaje muy alto de tu trabajo ahí arriba.
Te tiene que aportar y te tiene que gustar y te tiene que
acompañar como tú lo entiendes. Hay muchos guitarristas
buenos, tampoco se puede ser muy impertinente. Antonio Rey,
con quien he estado en lo de Saura, es un pedazo de guitarrista,
o Salvador
Gutiérrez, que es mi guitarrista y siempre viene
conmigo. Con Salvador es increíble la conexión
que hay. Ahora llevo un mes sin verlo, y te das cuenta de
que es importantísima la guitarra de una, ni mejor
ni peor, ¡es como un novio! Llega un momento en el que
el entendimiento es perfecto, la respiración la notas.
Pero hay grandísimos guitarristas. Antonio, Salvador,
Cano, Juan Requena, Paco Cruz… y rodeándote de
gente así, es fácil trabajar. Y si eres cantaor
y te gusta la guitarra, siempre vas a estar más pendiente
de quién te está tocando. Hay cantaores que
están esperando a que el guitarrista termine su falseta.
Yo estoy deseando que no termine porque es una pasada. Me
gusta la guitarra, me acompaña siempre, no protesta,
está quietecita en el sofá, ocupa poco…
Actualmente, ¿qué
recitales tienes rodando en solitario?
Tengo mi recital normal de
cante. Aparte tengo un concierto con unos músicos persas,
con el que hace tres semanas estuvimos en Francia. Y también
un espectáculo que estrené en el Festival de
Jazz de Sanlúcar con Salvador, Antonio Coronel con
la batería, Pablo Báez con un contrabajo y Raynald
Colom con la trompeta. El recital tradicional es una estructura
abierta, sólo es cante, guitarra y palmas. El día
que te apetece hacer polo, polo, y el día que te apetece
hacer soleá, pues soleá. También dependiendo
del público, tienes la posibilidad de que sea más
cercano. El espectáculo de los persas, ‘Constantinople’,
es viola de gamba, sitar y percusión iraní,
con la guitarra de Juan Requena. Lo que hemos querido hacer
es coger los cantes más ligados a la tradición.
Tenemos cantes sefardís, yo canto un tema en iraní
con ellos, el romance de Zaide, hacemos petenera, granaína
y media, nana… cantes más tradicionales que se
pueden fundir con ellos. Es música tradicional y suena
y huele a eso el concierto. Y el espectáculo ‘Pinceladas’
sí fue una propuesta más mía, donde he
escogido cantes muy antiguos, como la guajira, un polo por
abandolao, bambera por seguiriyas… y los hemos rescatado
y arreglado. Lo más llamativo es que lo hemos hecho
en formato jazz. La guajira, por ejemplo, está hecha
a batería y contrabajo solo, y la trompeta va improvisando
conmigo. Lo que sí he querido dejar claro en ‘Pinceladas’
es que es una fusión de músicos y no de músicas.
Esto de la fusión está ahora un poco disparatado.
Yo no dejo de cantar flamenco porque soy cantaora y no dejo
de hacerlo documentándome. Y Ray no deja de hacer jazz
porque es un trompetista de jazz. Lo bonito es que él
está en su terreno y yo en el mío. Es un concierto
que me encanta, es el que más disfruto ahora mismo
porque lo he montado de principio a fin.
¿Y cantas de
pie?
Canto de pie. Estoy teniendo
un problema porque le estoy cogiendo gusto a cantar de pie.
El otro día me preguntaba Saura que cómo quería
cantar la vidalita. “Yo, de pie. Me amarráis
como me sentéis”. Me estoy acostumbrando y a
la hora de hacer un recital normal, me cuesta la vida. De
pie la forma de expresión es diferente.
¿Hay proyecto
de disco?
Sí, estamos ahí
viéndolo pero todavía no quiero hablar mucho
porque está la cosa muy verde. Seguramente, para final
de año empiece a prepararlo. Estoy contenta porque
me están dando bastante libertad; hasta ahora me habían
hecho propuestas pero era grabar muy limitada y muy dirigida.
Yo llevo muchos años guisándomelo y comiéndomelo
sola y estoy bastante rebelde en ese sentido. A mí
el disco me gustaría, como lo tengo claro, hacerlo
a mi forma. Antes ha habido propuestas pero tampoco van conmigo
las prisas, y ni yo me sentía bien, ni veía
el momento. No era muy consciente de lo que quería
y grabar por grabar como se está grabando en muchos
casos, no. Es muy delicado, pero creo que cuanto más
tardes, más claro lo tienes. Hay que grabar cuando
te sientes capaz de decidir por ti mismo. Y tengo miedo de
hacer un disco en el que no me reconozca.
¿Alguna pista
sobre el concepto de ese futuro álbum debut?
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“Tengo
miedo de hacer un disco en el que no me reconozca”
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Como va a ser el primero, quiero
dejar constancia del trabajo que llevo hecho durante 25 años.
Voy a hacer flamenco, pero es que me gusta mucho la música.
Y si a mí el flamenco me lo quieren concebir con una
guitarra nada más me parece bien y lo respeto, pero
me encanta la música y meteré otros instrumentos.
Para mí una guajira, una bambera o una letra de soleá,
si está bien documentada y está bien hecha,
da igual que la hagas con una guitarra, que la hagas con unos
nudillos o con una batería. Voy a intentar que sea
flamenco, pero un flamenco actual, porque tengo 25 años
y porque no puedo hacer otra cosa que lo que estoy viviendo.
Pero desde luego documentándome y dejando clarísimo
que soy cantaora.
¿Y qué
otras músicas te gustan?
El jazz me encanta. Estoy todo
el día liada con el rollo de la improvisación
de esta gente. También me gusta la música tradicional,
en el folklore español hay mucho que rebuscar y está
muy cercano a nosotros. Me he comprado la ‘Magna Antología
del Folklore’ y estoy empapándome. Es muy fuerte,
todo viene de ahí. Me gusta la música que aporte
a lo mío.
Aunque eres cantaora
de alante, colaboras con bailaores. ¿Cómo enfocas
tu papel como cantaora en esos proyectos?
El cante para el baile no es
mi profesión, pero la respeto muchísimo. Y si
puede entrar en tu carrera es muy positivo. La gente que lo
desvaloriza me molesta bastante porque es una profesión
muy difícil. Si la gente que cantamos para alante tenemos
la oportunidad de estar ahí en algún momento
es fundamental para tu carrera, pero hay que ver de qué
manera, dirigir lo que quieres hacer. Yo me he formado como
cantaora p’alante, pero ha surgido la oportunidad y
me ha llamado gente que me encanta y sabe cuál es mi
papel. Ellos saben cómo tratarme y cómo hacerme
sentir bien. He hecho con Andrés Marín ‘Asimetrías’,
un espectáculo que me encanta y él me encanta
porque aparte de su baile, canta mejor que yo, se documenta
muchísimo -de hecho, cuando no encuentro algo lo llamo-
y se rodea de muy buenos músicos. Con Belén
Maya hice ‘Dibujos’ y ‘Souvenir’,
donde aunque hacía una colaboración con los
bailarines, casi todo era cantando p’alante. Muy inteligente
por su parte porque es donde me van a sacar partido, cada
uno debe estar en su sitio. Belén es una persona que
aporta muchísimo en el arte, que te calma; he aprendido
mucho con ella en el escenario. Aunque me volvió loca…
¡Cualquier día me van a catalogar de marciana,
como todos ellos! Pero como me gustan tanto las marcianadas…
Me encantan, es la época que nos toca vivir. De Rocío
Molina qué te voy a decir, no soy objetiva. Para mí
es la mejor. Nos conocimos hace seis años con ‘Otra
generación’, después hicimos ‘Por
el decir de la gente’ para Málaga y ahora he
hecho ‘Oro viejo’. Y con Rafaela Carrasco hice
‘Vamos al tiroteo’, donde también me dejó
mucho campo, ella es un encanto, me dio el material, yo estaba
muy cómoda. Con gente así es muy fácil
trabajar y convivir. Como han sido intervenciones muy cuidadas,
así hago yo todas las del mundo; estamos hablando de
gente de primer nivel. Son espectáculos de baile pero
yo tengo un papel específico. Para mí estas
colaboraciones son un recreo. Yo tengo mis proyectos, mis
cosas, y aquí me dan un regalito.
¿Y la experiencia
de ‘Flamenco Hoy’ de Carlos Saura?
Yo he sido afortunada en este
espectáculo, pues me han dejado mi espacio. A Rocío
también le dieron carta libre y estando las dos juntas,
hemos montado la guajira en plan piña con Antonio Rey.
Al final estaba en la jota con todos mis compañeros
y me lo pasaba bomba. Positiva la experiencia, pero mucho
jaleo. La verdad es que iba con mucha ilusión por estar
al lado de Saura. Después de varios días, ya
lo saludabas como si fuera tu tío. Estás con
pedazos de profesionales y encima dejándome trabajar
como quiero, mi vidalita como me da la gana, la guajira con
Rocío con mucho gusto y la jota del final con Rafa
y Nani… ahí me la he gozado.
En ese proyecto coinciden
compañeros de una nueva generación de flamencos.
¿Cómo ves el panorama a tu alrededor?
Ahora estamos muy bien,
hay mucha inquietud y muchas ganas de hacer cosas. Jesús
Méndez es un pedazo de cantaor, no sé qué
edad tiene pero esa cara y ese cuerpo no van con esa voz,
jajajaja. También tiene mucha inquietud y
muchas ganas de formarse Encarna
Anillo, un pedazo de cantaora como su hermano José.
Somos gente que estamos en la misma edad y que tenemos ganas,
aunque haya gente que siempre piense que lo antiguo es lo
mejor. Como siempre, las cosas van cambiando pero con muchísima
afición. Creo que ya se ha quedado atrás la
etapa de los estribillos y ahora estamos volviendo otra vez
a intentar retomar y a hacer cosas nuevas, pero siempre desde
atrás. También se ha superado la etapa de Camarón.
Me encanta, pero nunca le cogería nada porque lo suyo
ya lo tiene hecho y es inmejorable; eso sí, como recreo
es increíble. Y sabemos que está Camarón,
pero también está Enrique
Morente por otro lado, que parece que tienen que ir por
distintos lados y para mí van juntos. Además,
con los proyectos en los que trabajo siempre veo mucho compañerismo
y muchas ganas de entre todos aportarnos. Es una generación
con una ambición de aprender, más que de ser
“artista”. El mundo de la música es peligroso
porque está muy cerca del de la farándula y
hay gente que no tiene muy claro si quiere ser músico
o… No, creo que ahora estamos en un punto de músicos
y de aportarnos a nivel artístico. Estamos haciendo
arte y el otro mundo es otra profesión. A mí
me dicen que soy muy sosa, que tengo que quedarme y estar
y hablar. No me gusta eso. Yo termino de trabajar, y me voy
directa a mi casa… con mi guitarra.
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