Pepa
de Benito, Gaspar de Utrera y El Cuchara, cantaores. Entrevista
“El cante no se aprende”
Silvia Calado. Mont de Marsan, julio de 2005
Durante un par de días,
Utrera se quedó vacía de flamencos. Nada menos
que treinta artistas de la localidad cruzaron toda la Península
Ibérica para llevar el legado de La Serneta, de Los
Pinini y de Los Perrate a una de las aficiones más
cabales del mapa flamenco. Ávido de pureza, de tradición,
de verdad... el Festival de Mont de Marsan volvía
a brindar sus escenarios a los primigenios territorios cantaores.
Y si en la pasada edición se analizó el ADN
de Jerez, en esta ocasión era el momento de mostrar
la vitalidad de Utrera. Y lo hizo con una gala en la que
los maestros daban paso a los jóvenes valores. Gaspar
de Utrera, Pepa de Benito, El Cuchara. Tomás
de Perrate, María Peña, Jesús de la
Frasquita.
Pepa de Benito
(Foto: Daniel Muñoz) |
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“Ni Gaspar ni yo vamos a durar siempre”.
Pepa
de Benito sabe que hay que pasar el testigo. “La
juventud tiene que luchar y hay que enseñarla a hacerlo”.
Y eso es porque hay cantera. El Cuchara afirma con rotundidad
que da miedo “cómo vienen empujando los jóvenes
flamencos. Utrera es una semilla muy grande, da muchos cantaores
nuevos”. A lo que Gaspar de Utrera añade que
“en Utrera va saliendo gente muy buena. Van a llegar
alto porque tienen condiciones de voces y tienen melodías.
Hay mucha gente joven, mucha, ya lo verás esta noche”.
Vaya si se vio.
Pepa de Benito: “La juventud
tiene que luchar y hay que enseñarla a hacerlo”
La diferencia entre una generación
y otra es evidente, aunque les une esa naturalidad que aún
tiene el flamenco en ciertos puntos de la campiña
sevillana. Allí el cante no se enseña. “Mira,
‘miarma’ (*), el cante no se aprende, o se trae
en la sangre o no hay nada que hacer. Se puede aprender
el baile pero el cante, si tú no lo traes dentro...
Lo puedes hacer, pero el cante tiene que tener una cosita
que te pellizque y ese pellizco lo tienes tú que
traer dentro”. Ella lo tenía en casa... la
casa de Los
Pinini. “Nosotros descendemos de una familia de
cantaores todos y casi todo el mundo canta. En las fiestas
no tenemos más remedio que cantar, nos hemos criado
en eso desde chiquititos y es lo que hemos escuchado, lo
que hemos visto”.
Gaspar de Utrera: “Tengo
la voz ‘partía’ del hambre”
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Gaspar de Utrera
(Foto: Daniel Muñoz) |
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Aunque su historia es muy diferente a la
de sus compañeros, pues se mantuvo en la semiprofesionalidad
hasta que Pedro Bacán la sacó a la luz en
el montaje ‘El clan de los Pinini’. Gaspar de
Utrera, que tiene en proyecto grabar su último disco
el próximo septiembre, sí que vivió
las dificultades de ser cantaor profesional en los duros
años cincuenta. “Ahora ha llegado el buen momento
del flamenco. Nosotros hemos pasado mucha hambre. Me buscaba
la vida desde chiquitito en La Alameda de Sevilla. Por eso
tengo yo la voz ‘partía’, del hambre”.
Después llegaron los tablaos. El Duende, El Corral
de la Morería, Arco de Cuchilleros, Los Canasteros.
“Yo llegué a Madrid con catorce años
y estuve quince años más. Trabajé en
todas las salas de fiestas más importantes y le he
cantado a todas las figuras”.
El Cuchara: “Utrera es una
semilla muy grande, da muchos cantaores nuevos”
Las vivencias de aquella época son
innumerables, pero si se le pide a Gaspar de Utrera que
rescate un recuerdo, no lo duda. “Un día me
emborraché con los toreros Gitanillo de Triana y
Luis Miguel Dominguín, y con varios artistas más.
Nos fuimos a Plaza de España por la Gran Vía
para abajo. Había un retratista con un caballo de
cartón. Y me monté yo en el caballo con un
palo y empecé a picar a Dominguín, que ha
sido el torero más grande que ha dado la historia.
¡Y yo picándolo!”. ¿La foto existe?
“Hoy valdría un dineral esa foto. Mis hijos
sabrán. Estaban Picoco, Diego Pantoja... ¿Tú
sabes quién tiene esa foto? Joselito el Barbero,
me partan el pescuezo, que iba a mi casa y lo registraba
todo”, le comenta a El Cuchara.
El Cuchara (Foto: Daniel
Muñoz) |
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Y es que, esperando turno en los camerinos
del Espace François Mitterrand, los ‘veintitantos’
de Utrera no paran de contarse chascarrillos, de bromear,
de ejercer de vecinos de un municipio donde la jondura tiene
genes únicos. El Cuchara, nieto de Pinini, todo un
personaje de sombrero, bastón y pañuelo al
cuello, adora defender la idiosincrasia flamenca de su pueblo.
“Como las sandías de Los Palacios, que tienen
buena tierra, pero no son iguales que las de Rota. La tierra
de Utrera da un cante diferente a todos”. Gaspar de
Utrera pone el acento en la melodía, “tiene
un sello propio”. Nadie lo explica con precisión,
pero es un cante que se deja caer con parsimonia, acentuando
el compás con peso, dibujando las melodías
con una especial variedad de tonalidades. A lo que se suma,
como señala Pepa de Benito, “la frescura del
cante no aprendido, sino que sale de uno mismo”.
Y así se vio en el escenario. El
Cuchara por tonás. Gaspar de Utrera por tientos.
Pepa de Benito por soleá. Cantando y, al tiempo,
ejerciendo de padrinos de los jóvenes flamencos utreranos,
una labor que Antonio Moya, guitarrista y director artístico
de la gala, viene años asumiendo. Tomás de
Perrate, hijo de Perrate de Utrera, con su cante ancestral.
Manuel Amaya, fiel seguidor de Bambino. Mari Peña,
nuevo valor del cante festero de la tierra. Jesús
de la Frasquita, firme defensor del legado autóctono.
Y es que, como puntualiza el bailaor invitado Jairo Barrul,
“Utrera es una tierra de cante”. El baile tiene
su sitio, “pero es un baile casero”, como probaron
en escena Esperanza Peña, Fernanda Peña y
Juana Suárez. Todos ellos, los portavoces de la nueva
generación, vinieron no sólo a mostrar lo
alto que quieren poner el arte heredado, sino “a aprender
de esos grandes artistas de otra generación, a empaparnos
del arte que tienen hasta andando y hablando”. Justo
cuando Jairo termina de pronunciar estas palabras, El Cuchara
le está contando a Gaspar de Utrera, mientras se
refrescan las gargantas en el entreacto, aquella historia
de cuando... “¡Anda ya, este está loco!”.
(*) = ‘mi alma’, ‘cariño’,
en dialecto sevillano
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