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El arte de la escritura musical flamenca
Dos músicos se
embarcan en una labor con pocos precedentes, realizar un estudio musical de las
formas del flamenco con transcripciones en solfeo de algunos cantes esenciales.
El libro, abre un camino casi virgen en el mundo del Flamenco. Al mismo tiempo
editan un disco,
registrando con el piano y otros instrumentos como la viola, el oboe o la darbuka,
temas como "¿Pa qué tanto padecer?" (Malagueña
de Chacón), "Vino a llamarme" (Malagueña del Mellizo),
"Siempre por los rincones" (Seguiriyas de Manuel Torre)...

Extracto del libro:
El estudio del Flamenco
se ha limitado hasta ahora a tratar de averiguar el incierto origen de este antiguo
arte. En este sentido, la flamencología, ha discurrido entre polémicas
y discusiones de difícil o imposible solución, porque en suma, nunca
podremos llegar a saber donde, cómo y cuándo surgió el Flamenco,
ni cual fue la aportación concreta de tartésicos, griegos, romanos,
árabes, judíos, gitanos, ni andaluces, ya que la música transita
por caminos muy distintos a los de la filología o la historia, al ser su
naturaleza inmaterial y efímera, máxima si, a diferencia de éstas,
no ésta escrita. Nunca se sabrá (Aunque se conserven relieves, escritos
e incluso instrumentos) cómo sonaba la música griega, ni la egipcia,
ni la sumeria ni tantas otras que irremediablemente se han perdido en la noche
de los tiempos.
En el Flamenco, estaba por
hacer la labor fundamental, la labor sin la cual acabaría por desdibujarse
y finalmente perderse una vez transcurridos unos cien o doscientos años:
establecer los elementos que definen su estética, y fijar en partituras
sus estilos, teniendo en cuanta incluso las pautas de improvisación que
les son consustanciales, no perdiendo en absoluto nada de espontaneidad ni de
expresión. En efecto, ahora nos hallamos a una distancia suficiente de
los primeros vestigios concretos e indiscutibles del Flamenco, como son las grabaciones
de 1898, ahora en esa estética musical, que se estructuro en la forma que
hoy concomes en la segunda mitad del siglo XIX, está ya consolidada, urge
la tarea de perpetuar sus manifestaciones.
El Flamenco es hoy una estética
tan definida y acabada como lo pudran ser el Barroco, el Clasicismo, el Romanticismo
o el Jazz. La desventaja que hasta ahora ha tenido el Flamenco frente a esos estilos,
es la de no estar escrito en ninguna parte; es haber dependido únicamente
de los cantaores para su supervivencia, siendo imposible su estudio exhaustivo
y analítico por parte de los músicos de conservatorio. Ahora, una
vez salvada esa dificultad, el Flamenco se verá beneficiado doblemente:
por un lado podrá ser comprendido, interpretado y estudiado por cualquier
músico en cualquier lugar del mundo y entrará al fin dentro de los
círculos de la llamada música culta; por otro lado, quedarán
para siempre salvaguardados los estilos clásicos, precisamente ahora que
se ven amenazados por una concepción errónea de la evolución
musical sintetizada en el termino fusión; y es realmente este un grave
error, porque podrán surgir nuevos estilos musicales - incluso esto es
deseable desde el punto de vista de la evolución musical general - derivados
del Flamenco con nuevas armonías, letras de inspiración contemporánea,
influencias del Jazz, de la Salsa, etc; pero ya no será Flamenco. Una seguiriya
debe ser ya tan inamovible como una catedral, y tan erróneo sería
restaurar una de éstas sustituyendo la piedra, el mármol y la madera,
por ladrillos modernos, aluminio y plástico, como actualizar unas soleares
introduciendo en ellas ritmos y armonías caribeños o jazzísticos.
Entre otras cosas, a todo
esto podrá objetarse que no es necesario escribir el Flamenco en partituras
porque ahí están las grabaciones. Pero las grabaciones son un producto
comercial y al cabo de los años pierden el interés para el nuevo
público y acaban en manos de los coleccionistas; por ejemplo, y circunscribiéndonos
a ámbito del flamenco: ¿Cuantos aficionados saben hoy quienes eran
Paco el de Montilla y el Mochuelo y menos aún cómo cantaban? Probablemente
dentro de cien años solo lo sabrán dos o tres estudiosos. El mismo
Chacón
pese a ser una gran figura y tener numerosas grabaciones perfectamente audibles
no es para muchos sino un nombre oscuro y legendario, siéndoles totalmente
desconocido su estilo.
También podrán
surgir opiniones en el sentido de que el Flamenco no puede escribirse por ser
un arte de inspiración que se crea en el momento, y entonces se invocarán
palabras como duende, esencias, jondura, etc. Respondemos brevemente a esas opiniones:
En efecto, es el Flamenco
un arte de inspiración, pero no es correcto decir se crea en el momento
sino se recrea porque la seguirilla - de Manuel
Torre, por ejemplo, podrá interpretarse más rápido o
más lento, podrá hacerse una versión más sobria como
la que dejó grabada su creador o por el contrario adornarse con numerosos
melismas al estilo de Chacón; habrá quien respire en cada tercio
o quien la cante de un tirón según el cantaor y el momento; pero
la seguirilla de Manuel Torre en definitiva está totalmente creada. También
es verdad que el Flamenco debe poseer duende, jondura, esencias y todos los nombres
poéticos que quieran utilizarse, que en suma hacen referencia al factor
emocional de la música; pero sucede que absolutamente ninguna de estas
cualidades son patrimonio exclusivo del Flamenco sino que son inherentes a todas
las estéticas musicales importantes que no sean insustancial música
de consumo, porque ¿es que acaso no tienen duende, ni jondura "El
Amor Brujo" de Falla, o una Polonesa de Chopin, entendiéndose
estas según acabo de decir, como el sentimiento, la fuerza y la expresividad
consustanciales a la música? Todo depende de la capacidad del interprete
para traducir adecuadamente el contenido emocional de una partitura.
Muchos han sido, desde el
romanticismo hasta el momento presente, los intentos de plasmar de forma gráfica
las manifestaciones de este estilo; pero sin duda, todos han desembocado en un
rotundo fracaso, habiéndose concretado únicamente tales esfuerzos,
en unas obritas a mitad de camino entre las canciones populares y los Lieder,
dejándose sentir de manera débil y lejanísima, ciertos giros
flamencos, y obviándose en su totalidad las dificilísimas aristas
rítmicas y melismáticas que este genero andaluz exhibe como algunas
de sus más deslumbrantes galas, ofreciéndose en su lugar estructuras
simplificadas al máximo.
La mayoría de los
músicos del ámbito llamado clásico, se ha interesado en mayor
o menor grado por el Flamenco y han sido conscientes del enorme caudal de recursos
estético-musicales que este estilo les brindaba para el enriquecimiento
de sus respectivas obras; recordemos la admirable y revolucionaria obra para clave
de Domenico Scarlatti, la de Antonio Soler; recordemos los nombres de Luigi Boccherini,
Mijail GlincamRimsy-Korsakov, y ya en el siglo XX, los de Debussy, Ravel, Stravinsky,
Albéniz, Granados, Turina, y al fin... Falla, merced a cuyo apasionado
afán, el Flamenco remonto las fronteras, y despertó el interés
de los círculos intelectuales de buena parte del mundo.
Y es precisamente en este
marco de interés del mundo intelectual por el Flamenco donde surge la frustración
y el desaliento al interesarse en vano (bien por tener conocimientos poco profundos
del flamenco, bien por falta de pericia en el manejo de la escritura musical mas
compleja, o quizás por ceñirse al monolítico sistema armónica
y mas aún rítmico clásico) aprender de forma gráfica
las complejísimas, en todos los ámbitos, estructuras en que este
estilo - por otra parte de una manera tan natural que pudiese parecer que tales
dificultades no exciten - se expresa. Podría dar idea de la importancia
que los músicos concedían a innovaciones en este sentido la frase
que Leopold Stokowsky pronunció en relación con el cante del Niño
de Marchena, que a modo de presentación figura al principio de esta
obra: "...Si sus prodigiosas florituras pudieran llevarse al pentagrama,
deslumbrarían al mundo".
Con esta obra se pretende
inaugurar una nueva era en la historia del Flamenco: la que marque su universalización
definitiva y al mismo tiempo la perpertuación de sus formas tradicionales,
que podrán encontrar con todos los honores - como tanto desearon Manuel
de Falla y Federico García Lorca entre muchos otros nombres ilustres -
en los círculos intelectuales para ser comprendidas, estudiadas y apreciadas
como una de las más valiosas muestras del patrimonio cultural de la milenaria
Andalucía.
Autores:
Antonio Hurtado
David Hurtado
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