- ¿Como se compagina el primitivismo del flamenco con la
búsqueda de nuevas armonías?
-
Pues con una mano agarrando a la tradición y con la otra rascando, buscando.
Es muy importante no perderse de la tradición porque ahí es donde
está la esencia, el mensaje, la base. Sobre ella si puedes ir a cualquier
sitio y escapar pero sin dejar nunca esa raíz porque, en definitiva, la
identidad, el olor y el sabor del flamenco están ahí.
A
los catorce años gana el Concurso Internacional de Arte Flamenco de Jerez
de la Frontera: «El más excepcional de los tocaores presentes»,
escribe D.E. Pohren. El de Lucía opina que «las críticas
casi nunca sirven porque tú eres tu propio crítico. Si has tocado
mal y la crítica es buena o viceversa le pierdes el respeto al crítico.
En un porcentaje bajísimo la crítica puede ser constructiva aunque
sea mala; cuando tenía diecisiete años el New York Times me puso
verde pero me impresionó por las verdades que decía. Normalmente
o hacen críticas muy líricas, muy bonitas pero nada más,
o hablan bien de mí y ni siquiera explican el por qué. En Japón
es donde más serios, científicos y rigurosos».
A
pesar de los elogios, a Paco sólo le estimula la lucha en intuye que la
buena voluntad del público adormece. Sigue trabajando. De los catorce a
los diecisiete años graba tres elepés a dúo con Ricardo
Modrego y se integra en un grupo que viaja a Europa compuesto por Camarón
de la Isla, Juan el Lebrijano, Matilde Coral, Paco Cepero,
El Farruco... En él permanece siete años. Los espectáculos
son improvisados, muy emotivos y tiene la oportunidad de tocar solo.
- ¿Qué lugar ocupa el flamenco dentro de la cultura
europea?
-
Yo creo que el flamenco es la cultura más importante que tenemos en
España y me atrevo a decir que en Europa . Es una música increíble,
tiene una gran fuerza emotiva y un ritmo y una emoción que muy pocos folklores
europeos poseen. El flamenco representa la cultura de nuestro país aunque
a muchos les moleste esa globalización porque es andaluz y el vasco, el
gallego o el catalán no tienen nada que ver con él. Imagino que
no les gusta que les conozcan fuera de aquí por el flamenco pero Andalucía
es una parte muy importante de España.
En 1967 graba "La guitarra fabulosa de Paco de Lucía".
Todavía se advierte la influencia de Ricardo y Mario Escudero
pero dos años después en "Fantasía flamenca" aparece el acento
extraterrestre, la calma en la melancolía, la solemnidad deliciosa y esa
experiencia precoz que caracterizan a los grandes músicos. Pero Paco tiene
también el maravilloso privilegio de saber adornarse con nada y cuando
lo analizan, lo admiran, lo devoran y el mundo trata de convertir lo accidental
en categoría él aparenta ser tan discreto que su discreción
se parece al desdén dad es que preferiría ser espectador y parece
al desdén. La verdad es que preferiría ser espectador y no protagonista
porque su condición natural, dice, «es la del espectador pero las circunstancias
o la carrera que elegí me han puesto en el papel de protagonista y me ha
sido difícil sobrellevarlo».
- ¿Crees que Francisco Sánchez sea en realidad Paco
de Lucía?.
-
El Paco de Lucía esencia, el músico, el que se sienta en un escenario,
sí es Francisco Sánchez. Luego está el Paco de Lucía
personaje que es quien lleva la careta y está condicionado por muchas cosas,
no es el músico puro. Fuera del escenario hay que hacer concesiones, ir
a televisión, hacer entrevistas y poner cara agradable para que no piensen
que eres un «ciezo». Yo he tratado de que Paco de Lucía y Francisco Sánchez
estén lo mas cerca posible aunque a veces no pueda evitar lo otro.
- ¿El éxito consiste en «comerle el coco» (lavar
el cerebro) al público?
El
artista lo que quiere es ser comprendido, comunicar y demostrar que está
en posesión de una verdad. No sé hasta qué punto quieres
«comerle el coco» al público pero... sí, hay algo de eso. Tal vez
el éxito sea "comer el coco".
- ¿Cuánto más se accede a la mayoría
menos se es uno mismo?
- Sí, pero un artista ha de ser fiel a sí
mismo, gustarse y creérselo porque así lo refleja automáticamente
y llega a todos. Dicen que para ser universal tienes que ser de tu pueblo. Yo
creo que si sólo piensas en lo que puede gustar a los demás te vuelves
loco, te pierdes.
- ¿Te preocupa el fracaso?
- Mucho. No se si es por vanidad o por necesidad de afecto,
o por las dos cosas
- ¿El dinero es símbolo del cumplimiento del deber,
la señal de que uno ofreció al mundo lo que éste deseaba
tener?
-
Vivir en sociedad y dentro de un sistema es como un juego donde el dinero supone
ganar la partida; te lo dan a cambio de hacer algo que gusta a todos. En el caso
de los artistas es el reconocimiento de que tu trabajo es válido, sólo
eso. Me imagino que el que gana un manipulador no debe dar la misma sensación.
Hay que saber valorar el dinero porque es fácil caer en la trampa de seguir
queriendo acumular a pesar de tener más del que puedes gastar. Ahí
empieza a ser insano y peligroso.
Antaño,
alrededor de un artista se hacía la conspiración del silencio, hoy
se hace la conspiración del estruendo. Por eso practica submarinismo a
pulmón libre y emerge borracho de gloria sólo por haberse superado
a sí mismo. Es un romántico seguidor del Real Madrid y, tal vez
para olvidar los disgustos de la temporada, juega al futbolín. Ultimamente
hasta se permite el inocente juego de la superstición porque hace poco
«en un hotel de Oporto un periquito se coló en mi habitación.
Me hice su amigo, lo amaestré, se me posaba en el hombro, en la guitarra;
yo le hablaba, se me ponía en la mano, le daba de comer. Yo tenía
idea de que el periquito da mal bajío, luego alguien me dijo que dan mala
suerte. Cuando tomé el avión, empecé a pensar y me dio miedo
de verdad».
- ¿Vuelve el diablo gracias a Dios?
-
Yo tengo una vida intensa en la que un día nunca es igual a otro, cambio
constantemente de decorado, y a veces se me hace insoportable y aburrida. Me imagino
esa gente aguantando una vida gris, levantándose a diario a la misma hora
y yendo a un trabajo que además no les gusta, y claro, inventan fantasías
y necesitan creérselas. Si el Demonio es válido, ¡pues viva el Demonio!
Con tal de que esa gente no se muera de asco y se los coman las moscas. Pero bueno,
el que sea o no efectivo es otro cantar.
Otro tipo de duende es el que graba en 1972 "El duende
flamenco de Paco de Lucía". Un año después "Fuente y Caudal".
En 1975 su obra ya tiene el doble mérito de una hermosa apariencia y un
significado profundo, actúa en el Teatro Real de Madrid, donde toca para
"todos los públicos".
- ¿Tu has acercado el flamenco a los rockeros?
-
Sí, asisten muchos jóvenes a mis conciertos. El flamenco es una
música de elite y a mis conciertos va mucha gente que a lo mejor no les
gusta el flamenco y vienen por otras razones; por la técnica guitarrística,
por el ritmo, por la curiosidad o yo qué sé por qué. Quizá
es que me hice popular dentro del flamenco y eso no era lo corriente, sí
entre los aficionados, pero no en la masa.
- ¿Qué opinas de la música de fusión?
- La fusión puede dar resultado aunque yo no creo
en ella. En mis trabajos con Larry Coryell, John McLaughlin o Al
Dimeola la música no era ni flamenco ni jazz, era una fusión
de músicos más que de músicas.
- ¿Cuál es tu definición de música?
- Yo no sé definirla porque no soy un músico
de escuelas, yo he encontrado y vivo en la música a través de una
percepción intuitiva.
Paco
también se ha apareado con ritmos latinoamericanos y con los clásicos
dio a luz a Falla y a un personal "Concierto de Aranjuez": «Parte de la expresividad
de la música española está centrada en la melodía.
Yo toco el Concierto tal como viene en la partitura, pero nunca lo oí tocado
a ritmo y ahí es donde quería hacer mi aportación». Fruto
de esa unión con la sensibilidad ha tenido diecinueve discos. Diecinueve
difíciles partos, siempre dolorosos y siempre nuevos. «Yo no hago un
disco si no hay algo nuevo en él. Pero siempre tengo la misma sensación:
que no me gusta y que no lo pondré más en tocadiscos».
El perfeccionamiento es el defecto de su aparente coraza,
y una calidad superlativa el germen de su perdición. Su ansiedad por aprender
es constante. Sólo lo aplacó, en el 89, una úlcera de duodeno
que aún lo tiene bajo tratamiento. Son gajes del oficio «Es la única
manera de seguir adelante, porque cuando te quedas parado el tren se va sin ti
y ahí te quedaste». En permanente aceleración, de algún
modo ha conseguido que su depresión sea su expresión, «porque
ya estoy acostumbrado desde hace años y sé convivir con ella».
Pensando que este hermoso mundo no merecía su suicidio y que el suicidio
es un poco ridículo, siempre elige el único desenlace posible; tocar
la guitarra, sobre todo la flamenca, equivale a transpirar. Su obra es un sudor.
- ¿Persigues a la musa y le dejas un remite?
- Siempre creí que la musa venía cuando ella
quería y es mentira, llega trabajando. Cuando estás inspirado parece
que las ideas fluyen mejor, pero hay que coger la guitarra a diario y garabatear
un papel a ver si sale algo. Hago mil, luego los repaso, y si sale un trazo que
me gusta, intento elaborar una falseta o una idea.
- ¿El artista es artista mientras trabaja?
- Lo "de profesión artista" cada día me lo
creo menos. No me gustan las etiquetas, el que toque la guitarra no me adjudica
un título porque a la hora de trabajar soy un trabajador. Básicamente
todos somos iguales hagamos lo que hagamos, sólo cambian nuestras circunstancias,
puede haber ciclistas que sean artistas y cantaores con alma de deportistas. El
arte es inherente al ser humano y puede demostrarlo sin saber cantar, pintar,
tocar o escribir y hay muchos que ejercen de artistas y no lo serán jamás.
Hay quienes son artistas y además trabajan en una actividad artística
y aunque no tengan técnica saben por qué hacen lo que hacen y cómo
lo hacen, cantaores de esos que gritan y que de pronto les sale un grito con calidad
y sentimiento de genios o toreros como Rafael de Paula o un Curro Romero,
por ejemplo, que sin tener una técnica depurada, son muy artistas.
También
sabe que la necesidad de expresarse en público es una secreción
que sólo tiene excusa si nos viene de nacimiento y no puede curarse. Pero
a veces se siente como un superviviente de sí mismo agarrado a una tabla
de seis cuerdas en medio de un océano y cuando dice que siempre está
pensando en el último disco «porque al final es lo que va a quedar»,
da la impresión de que tocar es la mejor forma que conoce de soportarse.
Sólo hay un camino para seguir adelante: «siendo injusto contigo mismo».
Afortunadamente no padece de insomnio, pero últimamente duerme menos «y
me da rabia porque el sueño lo cura todo».
Dice que jamás ha pretendido ser el primero, ni
correr más deprisa que los demás, sino sencillamente, hacer su camino
a pie, sin recurrir al autostop, aún cuando le salpiquen los coches de
lujo. «El tiempo es un factor en tu contra; te haces mayor, pierdes energías,
tu imaginación se gasta y, sobre todo, los estímulos son cada vez
menos. Ahora únicamente me mueve mantener el prestigio conseguido. Sólo
te mantiene la ilusión encontrar a un muchacho en el sitio más raro
del mundo que te dice que escuchando tus discos su vida cambió y aprendió
a tocar la guitarra por ti».
Así
es el retrato del hombre que quería ser invisible o, como escribió
Cocteau: «Yo he querido ser otro, y puesto que el poeta, el pintor o el
torero tienen el mismo enemigo, el público, me asemejo a Manolete,
del que he dicho en un poema: "Otro fue, otro en su título de nobleza"».