Productos étnicos y válvulas de escape.
Entre las dos músicas se puede establecer un claro paralelismo de contextos sociológicos, a partir de que son pueblos transplantados a territorios distantes de su lugar de procedencia. Ambas prehistorias se encuentran muy poco documentadas, en parte porque su transmisión es anónima y no poseen memoria escrita; el flamenco y el jazz comenzaron como especies de autoterapia, no tuvieron su origen para el público ni fueron determinados por él. la música era su más importante forma cultural y en aquellos momentos era germen de una materia viva, capaz de crecer y multiplicarse, capaz de evolucionar.
El mestizaje está en el origen, como casi siempre. El mestizaje hace posible el blues (posteriormente el jazz) y el flamenco; además de los paralelismos en las coordenadas sociales, se pueden encontrar otras correspondencias espacio-temporales en los nacimientos del jazz y el flamenco: el tiempo de origen, aproximadamente a comienzos del siglo XIX; el clima y el marco geográfico, las llanuras del bajo Missisipi y del bajo Guadalquivir, ambos ríos navegables; su nacimiento tiene lugar en ciudades portuarias como Nueva Orleans y Cádiz y Sevilla... Entre los recursos expresivos, ambos extraños a la tradición musical de Occidente, existen también algunos acercamientos, ni siquiera resulta alocado enlazar el baile flamenco y el top dancing jazzístico, el zapateado y el claqué. Tiene lugar la identificación con la audiencia en pequeños escenarios de tableros y clubes, se produce el duende/feeling y el oyente tiende a expresarse con un olé/yeah.
Sin embargo, en los años 50, mientras en el jazz se produce la universalización, en el flamenco tiene lugar una introversión. El be-bop supondría una evolución que no cesa, el jazz siempre renovado; en cambio, en el flamenco se promueven investigaciones, compilaciones, la vuelta a los orígenes... El jazz gozó de aceptación mundial, lo americano estaba de moda y el interés por la cultura negra también; por contra, España se abotonaba del exterior tras la guerra civil. El jazz posee un espíritu de evolución, siempre buscando nuevas formas; el flamenco tiene temor a evolucionar, se encuentra en avanzado estado de fosilización: las variantes estilísticas se encuentran congeladas desde hace 60 años, inamovibles.