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Fondo
negro, patrás negro, sonido deficiente. Una bailaora de Jerez y un maestro
madrileño sin adornos, no hay efectos, sólo algún bajorrelieve
dorado en rotundo clasicismo.
María
del Mar desde la silla contempla los tarantos, se levanta por malagueñas
y sube a Lucena por verdiales. Así comienza su retroalimentación
con los dos recios y jerezanos cantaores, Antonio Malena y Luis de Pacote; preludian
por romance la soleá, larguísima (porque ella no sale hasta que
dicen "a mí me daba, me daba momentitos de locura...") como la
seguiriya en su baile sin aristas ni espectacularidad, suave, raso.
María
del Mar posee un movimiento de manos valioso en las bulerías, antes de
irse con El Mono de Jerez: artista invitado, triunfó a su manera con tangos-alboreá
ante los coros de sus hijas y, tras las pataítas humorísticas de
los hermanos De la Tota, se agradece el invento del inalámbrico viendo
a El Mono, un número moviéndose y cantando... hasta 'Dos gardenias'.
En
la apostura de El Güito, su búsqueda de lo apolíneo en la soleá
tchan-tchan y su farruca austera (bueno, con flauta que tocó el cantaor
destacado, no anunciado, Curro Cueto) hay manos como pinzas. De su cuerpo de baile,
que se presentaba por guajiras y alegrías y bulerías, el torbellino
Alfonso Losa por poco pierde pie, pero se recupera con sus electrocuciones.
 
 
Maria del Mar Moreno
Esperanza
Fernández
Palacio de Villavicencio, 19 horas.
Cumplidora
con su repertorio clásico sin micrófono, siempre cumplidora, demuestra
lo buena que es en la seguiriya con dos pellizcos importantes, y por soleá
también hizo su típico recorrido. Recordó la trianera que
ya estuvo en la primera sesión del festival, "en una obra de teatro",
y dedica la actuación "a una persona que se nos ha ido, El Moreno,
marido de La Farruca". En su adaptabilidad mete lo del "mueble viejo
arumbaíto a la pared" por cantiñas, cita por tientos a La Niña
de los Peines y en la subida a tangos descolla Miguel Ángel Cortés
(guitarrista, especial, morentista), que riza el rizo en la taranta para que Esperanza
la haga grande y brillante. Finaliza con efectivo derroche de genio en las paraítas
de sus cantes y bailes por bulerías, al borde del precipicio.

Esperanza Fernández y Miguel Ángel Cortés
Zambra del Sacromonte
Bodega San Ginés, 24 horas
Esa
misma noche se estrenaba un recinto para el festival. En el primero de los 'Trasnoches'
intervino una zambra granadina que cambiaba las paredes de la cueva por barriles
de vino. Era la fiesta inacabable del combo que lidera Tony Maya, nueve componentes
de varias generaciones con cumbre en la flor del pelo de la anciana.
Luis Clemente
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