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"Aquí
entienden los particulares y los artistas", ensalza Juanito Valderrama, que
cantó por primera vez en Jerez en 1940. Dolió escuchar no sus comentarios
sobre los cantes que interpreta, sino las continuas disculpas por no encontrarse
en buen momento. A pesar de ello abre con una malagueña intrincada como
la del Canario, y se pone de pie cuando hace apolá la soleá. Con
su siempre vigilante escudero Luis Calderito a la guitarra, deja sus fandangos-dedicatorias,
uno de ellos de El Peluso, y la farruca de Galicia. Entre descargos.
Porque
había diferencia de cuando cantó en el Festival de Las Minas, donde
coincidió con el cantaor jerezano Manuel Agujetas, a quien tiene el detalle
de dedicar las seguiriyas, un tanto penosas por resquebrajadas, pero va y saca
fuerzas, monumentales en sus 84 años, con las que llega sobrado al cambio
de Manuel Molina, antes de despedirse por martinete y debla de Tomás, prometiendo
volver en mejores condiciones.


Juan Valderrama y Luis Calderito
Juan Valderrama
fue el nombre fuerte de un programa que, bajo el título de 'Calle Larga',
compartía con jóvenes jerezanos que tenían en común
haber quedado finalistas en la pasada Bienal
de Sevilla: Santiago Lara (guitarrista con 17 años para sus increíbles
tarantas, tangos y bulerías), el cantaor a lo viejo Ezequiel Benítez
(bulerías y sentida soleá del Chozas y el Torre acompañado
por el buen guitarrista Antonio Higuero) y, al baile, Andrés Peña
con un taranto-tango algo ocre, como su traje. Además, María José
Franco bailó su Cádiz con buen fondo y movimientos de pastosidad
personal.
El Chato
de La Isla
Palacio de Villavicencio, 19 horas


El Chato de la Isla
El ciclo
más corto del festival llevaba el nombre de 'Gran reserva' para congregar
en el Alcázar las gaditanías de Chano Lobato y El Chato de La Isla,
cuyo apunte caracolero llegaba desde la primera soleá de Alcalá:
cantaor de saborcito y conocimiento (por lo que debería haber dejado cantes
menos tópicos), con sus facultades cortitas es capaz de hacer la malagueña
grande del Mellizo y rematarla por aires de Córdoba; tientos-tangos "de
este rincón de Cai" y tangos del Piyayo con garrotín; quinta
provincia: "Como hay aquí muchas mujeres voy a cantar un poquito por
Huelva"; 'Carcelero, carcelero' y seguiriya de alivio caracolero. Para el
final, fandangos y bulerías de entrada árabe. Y franqueza, a las
siete de la tarde. "Si estuviera alegre me entono, un poquito de whisky...
pero con tanta agua se me va a poner cara de rano".
EMOCIONADA CONFERENCIA
Otro
ciclo que se despedía era el de conferencias, y lo hizo a lo grande con
un bailaor hablando sobre otro bailaor. Compartían algo más que
parte del nombre: José Antonio Ruiz hablaba sobre Antonio Ruiz y, a partir
del minuto diez, no podía reprimir profundos suspiros. El primer libro
de baile que leyó era sobre Antonio, que aparecía en la primera
película de flamenco que vio, marcándole con su magnetismo: "imprevisible
como persona, infalible como artista", recalcó José Antonio
en su charla entretenida y sincera, con palabras medidas y triste conclusión,
pues no piensa que las generaciones venideras vayan a tener un gran recuerdo de
él. José Antonio, que siempre le homenajeará, baila en el
Villamarta dos días después.
Luis Clemente
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