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Eva llega
a gritar con todo su cuerpo y todo se detiene... la música, los bailaores
se difuminan, el ambiente se oscurece y un canto soprano pone punto final al simbolismo
suave, de imágenes tan poco claras como sugerentes, en esta obra de fluidez
aterciopelada cuyo estreno supuso uno de los mayores éxitos de la pasada
Bienal.
Elasticidad con paradas
lubrificadas en el primero de los cinco movimientos, dedicado al amor con oscilaciones,
sinuosa Eva cada vez curvándose más en su recorrido sentimental.
La primera vez que Eva se queda sola es en la soleá con chaquetilla que
realza su prodigioso golpe de cadera. Se retira al sofá. El respaldo cantaor
es de primera línea: Arcángel, Segundo Falcón y Enrique Soto,
quien mete una caña en bulería por soleá -Enrique brillaría
en su pueblo toda la noche- porque atacan con cantes primitivos a 'La ambición'.
En su elevado cante, Arcángel ponía alas al baile de Yerbabuena,
tuétano y metáfora.
 
 
Eva la Yerbabuena
Imposible dejar de destacar
el trabajo de composición y guitarra de Paco Jarana (con alguna cuerda
que se sale del flamenco para melosear las posturas de las cinco mujeres que representa
su mujer) respaldado por Salvador Gutiérrez. De los bailaores, dos habían
pasado estos días por el Villamarta: Andrés Peña protagonizó
dos bailes la noche de Valderrama y Pedro Córdoba destacó de Molilo
junto a Grilo.
Los primeros balbuceos de
un niño, lo abstracto proyectado sobre Eva en el sofá donde se recuesta
y al que da una lenta y sufrida vuelta mientras la soprano ligera canta una minera.
Una voz en off dice: "Como enjambre de abejas irritadas vienen a visitarme
los recuerdos..." Es la Eva en 'Soledad'.
A Eva la visten en una esquina,
la visten para la seguiriya, seguiriya monumental, provecho de curvas y detenimientos
tras lo impetuoso, desplante acariciado. A la musicalidad de sus tacones en las
bulerías sigue con la seguiriya, transiciones hasta que sale el cuerpo
color hueso en la bulería. Aunque el último quejido sea de ópera.
Marina Heredia
Palacio de Villavicencio, 19 horas


Marina Heredia
Marina se dibuja como una
acuarela de belleza fría. "La nueva era de los móviles",
fueron sus primeras palabras entre cante y cante, seis en total: toná para
coger tono con arabescos personales, alegrías, soleá preciosista
de pellizcos poco doloridos, minera correcta y levantica personalizada, fandangos
sin gancho para colgar, ahora sí, la presentación de la guitarra
de Emilio Maya, que la conoce bien, y por bulerías mete tanto a cuplé
como a Luis de la Pica, pero como está más fuerte por tangos deja
aires de su tierra, Granada, dejando en el bis también tangos. Fina y poco
segura por joven y elegante.
Luis Clemente
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