|
El director
de la Compañía
Andaluza de Danza tenía noche reservada en sesión de lujo con
los hermanos Grilo, Carmen y Joaquín, los hermanos Sanlúcar, Manolo
e Isidro, el pianista Chano Domínguez, la bailarina María Giménez,
los cantaores David Lagos y Emilio Cabello, los guitarristas Roque Acevedo y Juan
Requena, la percusión de Antonio Coronel, los bailarines del CAD... Presidiendo
e hilando, el bailarín/bailaor dando toques de clase a lo que baila y,
por encima, por seguiriyas, el paso a dos (inolvidables los que ya realizara con
Javier Barón, Rafael Campallo y Aída Gómez) junto a Grilo.

José Antonio y Joaquín
Grilo
El primer amigo en salir
fue Chano Domínguez con su 'Alegría callada' de balada de blues
y flamenco, motivos introductorios de belleza acabada en las notas maestras del
mejor piano flamenco-jazz; al continuar por bulerías, José Antonio
da un gran salto en el aire entre otros juegos personales en armonía, utilizando
escogidas señales flamencas.
Dos parejas bailan la soleá
por bulería de 'Un ramito de locura' de Barón, seguida por un tierno
paso a dos entre José Antonio y María Giménez, danza en rojo
y negro y en boga que, descalza, da vueltas alrededor de una trompeta.
Los encendidos tangos
coreografiados por Isabel Bayón -en estreno- son bailados por ocho mujeres,
y lo que en Isabelita es provocación en ellas se bifurca en sinuosidades,
con original distribución sobre la tarima.

Manolo Sanlúcar
El momento más aplaudido
parte de las seguiriyas: Joaquín Grilo y José Antonio se presentan
en paralelo (bajo las evocadoras voces de Lagos y Cabello), Grilo siempre por
delante; José Antonio de negro es su sombra, pero Grilo le saca varias
flamenquerías de ventaja por segundo, por lo que llega a producirse el
enfrentamiento (en un trabajo menos evidente que el que José Antonio realizó
con Campallo) en taconeo, movilidades intensas y Grilo acaba claudicando. Era
la noche de José Antonio.
Delicadeza de 'Locura
de brisa y trino': Manolo Sanlúcar y, a su izquierda, Isidro Muñoz
dirigen la tenue segunda parte, primero en clave de soleá y luego con los
terribles versos de 'Gacela de amor desesperado', que canta dulcemente ("Alacranes
me coman la sien...") Carmen Grilo sin que nos acordemos en exceso de la
Carmen primera, Linares, y eso es mucho decir.
'Normas' supone el segundo
turno en solitario de José Antonio, quien recorre todos los puntos del
escenario haciendo evolucionar un largo velo del mismo color de las guitarras
('Azafrán'), aunque su personal visión con interpretación
facial le impida seguir a fondo el compás. Se alzan las bulerías
del sello Sanlúcar y entre los bailaores del CAD salen Grilo y María,
todos en remolino para que una postura de José Antonio marque el final.
Enrique
Soto
Palacio de Villavicencio, 19 horas


Enrique Soto
Aparecían triunfantes
de la noche anterior. Paco Jarana y Enrique Soto fueron parte importante del espectáculo
de Eva la Yerbabuena, cuya música firmaba quien abría el recital
con la escabrosa minera y, ya con el cantaor, ventila las alegrías con
contratiempos en los que tiene su mayor lucimiento el mayor de los hijos del Sordera;
tres cantes levantinos y espartanos, con rugosidades de Rojo el Alpargatero; difícil
parar la soleá como lo hizo con sus formas viejas la voz más Sordera
de los cuatro hermanos; tientos-tangos a medio gas, bulerías a trote seguro
y un bis por fandangos en la recta final de una actuación que dedicó
a su padre, allí presente junto a la madre, Lela, y su tío Enrique.
Puede que no tenga la potencia de Vicente ni sea tan maleable como Sorderita,
pero ambos le deben (producir) un disco a su hermano, que sigue siendo uno de
los mejores cantaores "patrás" del mundo.
Luis Clemente
|