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Una penumbra,
una guitarra, un espejo. Narciso se asoma a "Donde habita el olvido"
y poco después se ajusta una camiseta amarilla. Estética por estética
más que arte por arte, con gotas de amarillismo para su primer espectáculo,
(flaco) homenaje a su paisano Manolete, que sustituía a última hora
al de Manuela Vargas, quien hubiera traído más gustillo, porque
aquí los números se suceden sin más, sin volantes, sin efectos,
sin vuelo, con hilo musical tras el velo que cubre a seis músicos y tres
cantaores en tópicos madrileños con baladas-intro. El baile anodino
cuyo nombre ni siquiera hace caso del apellido, porque lo contrario de saporífero
(sí, se puede confundir con soporífero) es insípido.
Contrastes
tras el mucho movimiento del cuerpo por bulería en "Unina dosina,
tresina, cuartana
". Solo de flauta y enroscado tiento para que cuatro
mujeres pongan en relieve a Rafael, ya solo por tangos de exhibición en
amarillo. Una rondeña con interludio de piano pensada por Tacha González
es recorrida por ella en calle larga por bulerías; otra coreografía
ajena es "Cautivos", de Rafaela Carrasco, que acaba en balada antes
de entrar el cuarteto de cuerda pregrabado para el paso a dos de melosidades plateadas
con Olga Ramos.
¿Excesivamente
expresivo el cuerpo de Amargo, poco sutil? Es la soleá que se marca con
un primer tercio hecho canción flamenca por insistencia de Cristina Sánchez,
clónico cometa en su deuda evidente a Estrella. Mega-mantón de fondo
para unas alegrías de mucha luz sobre cinco mujeres que dejan sola para
las bulerías a Sonia Fernández en uno de los bailes más desangelados
de este festival que comenzaba por "Diálogo del Amargo" y se
remata con la retahíla de Rafael.
Qué
cruz
para la seguiriya montan una a base de sillas de enea: la seguiriya
menos dramática que se puede ver y oír, con efecto Canales al alzar
los brazos y taconear en postura de éxito. Camiseta de lentejuelas para
los nueve que bailan sentados la soleá por bulerías, "Nine
stools" que Amargo remata con pataíta-zapatazo mientras el resto deambula
desorientado. Para ir acabando, un ambicioso paso a tres entre madre e hijo y
mecedora y toda la compañía que se despide en momentos individuales
de tangos y tongos. Casi dos horas sin intermedio: interminable. Eso sí:
espectáculo vistoso para un público que no escucha flamenco.
 
 
TRASNOCHE
TERMINAL
"Fiesta
por bulerías" se llamó el Trasnoche final, con trasfondo de
bodega, de la familia de los Moneo en la que también se cantaron malagueñas
(El Barullo), tangos (Macarena Moneo) y, lo mejor, la soleá por bulerías
del patriarca, Manuel Moneo. Así se ponía el punto final al festival,
aunque se prolongaba con el ciclo de cine y las dos exposiciones dedicas a Lola
Flores (cuya silueta engalanaba algunos balcones de Jerez), una de ellas titulada
como un titular de periódico americano: "No canta. No baila. No se
la pierdan". Hasta el año que viene.
Luis Clemente
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