VI FESTIVAL DE JEREZ
FUENTEOVEJUNA. BALLET NACIONAL DE ESPAÑA
¡Yo! ¡Yo! ¡Yo!
Silvia Calado Olivo. Jerez, 27 de febrero de 2002
Ficha técnica. Antonio Gades: coreografía,
dirección e iluminación. Elvira Andrés: dirección
artística. Primeros bailarines: Mayte Bajo, Kira Gimeno, Óscar Jiménez,
Francisco J. Velasco. Cuerpo de baile: Ballet Nacional de España. Cantaores:
Isabel Soto, Manuel Palacín. Músicos: Enrique Bermúdez, Jonathan
Bermúdez, Ángel Montejano y Pedro Ontiveros. Teatro Villamarta.
Jerez de la Frontera (Cádiz). 27 de febrero de 2002. 21 horas.
Foto: Daniel Muñoz
"¿Quién mató al
comendador?" La tiranía... aunque el pueblo, Fuenteovejuna, pusiera
en sus manos mortales aperos de labranza. Y es sólo ese grito, ese unánime
"¡yo!", el que apoya a la danza como lenguaje narrador de la obra
de Lope de Vega. Es sólo ese grito, y la danza, lo que la batuta de Antonio
Gades transmuta en el pueblo cordobés al que, bajo el reinado de los Reyes
Católicos, el comendador Fernán Gómez Guzmán sometía
bajo un tenebroso yugo. Y fue sólo ese grito y la danza que lo envuelve
y la mágica batuta de Gades lo que, usando al Ballet Nacional de España
como medium, levantó el telón del Teatro Villamarta para
dar bautismo al VI Festival de Jerez.
Y el unánime yo. Y la danza... pues
es el idioma que nadie, sino Gades, domina. El lenguaje con el que lleva, desde
que se estrenara en la Ópera de Génova en diciembre de 1994, dando
forma a la catarsis de un pueblo sometido. Danzas folclóricas, danzas del
pueblo, danzas de la tierra ocre que enmarcaba las jornadas de trilla. Danzas
a las que el flamenco se asoma ora para irisar la fiesta por tangos, ora para
expresar un dolor siguiriyero, una disputa, un duelo...
Una estructura circular, en la que los tridentes
aventan la vida a coro, encuadra la obra a la que el director alicantino -con
la colaboración adaptadora de J. M. Caballero Bonald- ha suprimido el dictamen
final regio. La vuelta al canto coral, a la danza terrosa, basta. El pueblo está
perdonado desde que se presenta, de tierra ataviado, haciendo corrillos a eso
del Angelus. Desde que, por vez primera, el comendador frena, con tajos
de tenebroso son, las salidas plebeyas por alegrías. Un tenebroso son que
introduce claroscuros de pasos a dos por danza cortesana. Su soberbia es el tambor;
su látigo, la sombra; su opresión, el silencio... La ausencia de
su ojo, la vuelta a la vida, la vuelta a la danza, al jaleo, a la fiesta. La vuelta
a la plasticidad goyesca con la que Gades pinta el escenario, a la teatralidad
lopeña con la que Gades narra sin decir...
Foto: Daniel Muñoz
Pues dice el movimiento coral de los integrantes
del ballet de Elvira Andrés. Y dicen los asomos de jotas, de seguidillas,
los lances boleros... Y dice el cante de Isabel Soto, Manuel Palacín y
de los cantaores-personaje Gómez de Jerez y Enrique Pantoja. Y dice la
música de Enrique Bermúdez, Jonathan Bermúdez, de Ángel
Montejano, de Pedro Ontiveros. Y hasta las cansinas notas enlatadas de barroco
o de folclor. Y las veladuras de tela con las que se juega a componer.
Y dice el flamenco... avanzando los duelos
con la sola envoltura de cajón y palmas. Que si es premonitor por seguiriyas,
no lo es menos por bulerías. Y eso se hace con escenas acaravaggiadas,
con parquedad musical, con silencios, con llamadas a la tierra, con fundidos a
negro. Y dice el flamenco... coloreando la jarana por tangos, por bulerías.
Y dice Fuenteovejuna, todos a una, "¡Yo! ¡Yo! ¡Yo!".
Y el hasta entonces silente público... aplaudiendo por bulerías.