VI FESTIVAL
DE JEREZ.
EL BAILE ES MUJER. ISABEL BAYÓN, ANA MARÍA BUENO, MERCHE ESMERALDA Y MILAGROS
MENGÍBAR
Mujereando
Silvia Calado Olivo. Jerez, 1 de Marzo de 2002
Ficha técnica. Isabel Bayón, Ana María
Bueno, Merche Esmeralda, Milagros Menjíbar: baile. Juan José Amador, Guadiana,
Juañárez, Miguel Ortega, José Anillo, Emilio Cabello, Juan Reina, Manolo Sevilla:
cante. Paco Arriaga, Manuel Pérez, Antón Jiménez, Juan Manuel Flores, Eugenio
Iglesias, Rafael Rodríguez: toque. Sebu, Juan Martín: percusión. Teatro Villamarta.
Jerez de la Frontera (Cádiz), 1 de marzo de 2002, 21 horas.
“¡Las manos, como palomas!”. La frase con la que Matilde
Coral aleccionaba a sus alumnas en ‘Flamenco’, la película de Carlos Saura, no
fue anoche pronunciada en el Teatro Villamarta... pero podía oírse cada vez que
Merche Esmeralda, que Milagros Menjíbar, que Isabel Bayón, que Ana María Bueno,
alzaban los brazos buscando tocar el cielo. Cuatro mujeres. Cuatro interpretaciones
de la escuela sevillana de baile andaluz (que así es como le gusta denominarla
a la maestra). Cuatro degustaciones de baile hecho acuarela.
Que sí, que Milagros Menjíbar capoteó el programa y empezó a elogiar
la bata de cola antes de tiempo. Que sí, que los entreactos eran más que dilatados.
Que sí, que el espectáculo duró dos horas y media. Que sí, que fue baile de mujer,
de mujer sola, baile y sólo baile. Que sí, que se repitieron estilos. Que sí,
que mucho de regodeo en la figura, que tanto de pose, que bastante de pasear señorío...
Pero, asperezas aparte, fue una impagable muestra de lo que Sevilla entiende por
hacer baile flamenco en clave femenina... aquello que aprendió de Malena, de Macarrona,
de Pastora.
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Isabel Bayón (Foto: Daniel Muñoz)

Ana María Bueno (Foto: Daniel Muñoz)
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La apertura fue de última generación, en un alarde de vitalidad de la escuela.
Isabel Bayón entró sigilosa, por tientos. Ondulada, gaseosa. Una de hombros,
una de caderas, un braceo. Sin olvidar una parte del cuerpo. Ah y los pies cuando
tocaban, una pincelada aquí, otra allí... precisos. Ya metida en tangos, su palo,
rebosa sensualidad, esa de sello propio con la que también, bata de cola en ristre,
acometió las alegrías en la segunda parte. Delicada ninfa más de armonía que de
ritmo. Toda ella música en sus serpenteos, en el espumoso manejo de la bata, en
sus cortes bruscos, en sus silencios... Escuela sevillana, sí, pero del siglo
XXI.
El trantrantreiro de Juan José Amador anunciaba a Ana María Bueno, la recia.
Negro riguroso, farruca. Baile sobrio, limpio, más de aire que de tierra. Prestancia,
pose, toda brazos, toda manos. Los segundos se llaman minutos en una caída de
brazo. “¡Eje!”. Y cierre. Condujo la misma línea hasta una bata de cola que movía
por seguiriyas al repiquetear las casi olvidadas castañuelas. Silencio. Sólo compás
ahora, que va a alzar la bata, que va a dejar que susurren los pies. Canta ahora,
crécete Juan, que va a dibujar en el espacio.
Con honores fue recibida Merche Esmeralda. Dama curtida en
mil batallas, embistió -tras el intro de compás- por tangos, esos con los que
ya la benjamina había estado jugueteando. “Por ahí viene mi comare, con su vestío
de colores”, canta Guadiana para anunciarla. Y ella llega, melena compactada en
moño, enfundada en sencillez. Su forma de recorrer el escenario, de recogerse,
de ensimismarse, de ser coral tan pulido como salvaje. La finura, el temple, la
técnica... y el regusto de patio de vecinos, también. Y empuñando todas sus armas,
se creció en la soleá con bata de cola con la que cerró el espectáculo. ¿Perdida,
Merche? Cualquiera lo diría cuando llevaste el cambré al más difícil todavía o
cuando, conversa, elegiste ensordecer tus pies a golpe de cajón... Perfil en silla
de nea. Diagonales, espirales, ascensos, buceos. Perfil en silla de nea. Sonríe.
Ganaste.El mismo gesto que alzó a lo más alto del podio a Milagros Menjíbar. A
pesar de que alteró el orden del programa... ¿Qué importaba? Si el escenario rebosaba
de ella, si puso nombre a la petenera, si fue fuego y cola, si fue meloja y se
hacía adorar por el cante, si fue medida y comedida en el pisar, si fue cuadro...
costumbrista. Si hizo temblar los puños a Juan Reina y a Manolo Sevilla. Si la
ola de bata se esfumaba el reloj parando. Despacito, sin prisas. “Bata de cola,
tiene la flamenca mía, bailando por alegrías, al ritmo que van las olas”. Si derramaba
sal cantiñeando, vuelta, revuelta, majestad... “¡Ole las que saben!”, gritó Matilde
desde el patio de butacas.
Que sí, que Milagros Menjíbar capoteó el programa y empezó
a elogiar la bata de cola antes de tiempo. Que sí, que los entreactos...