VI FESTIVAL DE JEREZ. RANCAPINO
Confesiones
Silvia Calado Olivo. Jerez, 28 de febrero de 2002
Ficha técnica. Rancapino: cante. Fernando Moreno: toque. Palacio
de Villavicencio.
Jerez de la Frontera (Cádiz), 28 de febrero de 2002. 19 horas.
Rancapino y Fernando Moreno (Foto: Daniel Muñoz)
Los ventanales de una esquina del Alcázar
jerezano se han entornado cuando el día está a punto de decolorarse.
El Palacio de Villavicencio quiere guardar entre sus muros el eco del cante desnudo
de Rancapino, sólo abierto a unos pocos elegidos. Cuerpo a cuerpo bajo
lágrimas de cristal. Recorre el pasillo de la entrada desde atrás,
como novia hacia el altar, y allá, bajo cuatro abrasadores focos, promete
cante al respetable con la guitarra de Fernando Moreno por testigo. "¡Ole,
el que arranca bien!", dice Moreno ya entrado el chiclanero en soleá.
Voz cavernosa, con repliegues... la guitarra la espera y la contesta, con cuidado,
como para no molestar. El cante es susurro, se estira bajito... sssssshhhhhh.
Y el tirititrán. Alegrías. Y el titirimundi. Descenso minero ahogado,
quieto: "Válgame Dios, tío Rufino". Rancapino jalea las
cuerdas, se hace compás. Eriza su rajo en la intimidad. Tientos tangos.
El cante tostado a fuego lento. "Sentaíto en la escalera"...
y se despabila el compás. El fuego de los focos provoca confesiones...
y sudores. Y por fandangos, en una arrancá que hace hasta sonreír
al guitarrista. Y como estamos "donde mejor se canta por seguiriyas",
vamos a ello. Pisa a fondo, rebusca, profundiza mano izquierda en pecho, derecha
disparando desde dentro. Y como estamos en Jerez, rematamos por bulerías.
A puño cerrado, al desquite... que, en extramuros, el sol ya se ha escondío.