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Federico García Lorca / La Argentinita
"Canciones Populares Españolas"




"Para un mundo tan hermético como el del Flamenco, el tiempo parece ser lo menos importante"
 
DOS SIGLOS DE FLAMENCO
Fernando González-Caballos Martínez

Hacer una evolución a lo largo de los dos últimos siglos de historia del flamenco resulta complicado. La explicación hay que buscarla en el gran vacío documental que aún existe sobre la manifestación artístico-expresiva más definitoria de la cultura andaluza.

Si bien es cierto que a lo largo de estos años algunos aficionados y sobre todo ciertos intelectuales han tratado de aproximarse en la medida de sus posibilidades a lo que fue este arte en sus primeros tiempos, no menos cierto es, que la falta de rigor, anacronismos, abuso del anecdotario popular y otros recursos poco convincentes han hecho que hoy nos hallemos ante una situación poco ventajosa a la hora de poder dar un paseo por la historia del flamenco sin correr el peligro de perdernos.


La Macarrona en el Café de Novedades de Sevilla

Al S.XIX se le llamó la "Edad de Oro del Cante" lo que resulta paradójico a la vista de la inexistencia de grabaciones en las tres primeras partes del siglo. Sin embargo sería inconcebible una historia del flamenco en la que no apareciesen de alguna u otra forma nombres como los de: El Planeta, el Fillo, el Ciego de la Peña, María la Jaca, Frasco el Colorao, Curro Durse, el Loco Mateo, la Serneta, Tomás el Nitri, Enrique el Mellizo, la Andonda, Silverio Franconetti, Juan Breva, el Cojo de Málaga, Joaquín el de la Paula y un largo etcétera, ya que muchos de estos hombres y mujeres vivieron los comienzos del profesionalismo con la aparición de los primeros Cafés Cantantes.

El primero de estos establecimientos del que hoy tenemos noticia, fue el fundado en 1842 en la calle de Lombardo de Sevilla, al que le seguirían otros muchos por toda España, sobre todo Madrid, Barcelona, Bilbao, Sevilla, Málaga, Jerez, Cádiz, el Puerto de Sta. María, Córdoba, Granada, la Unión y Cartagena.

Los espectáculos que ofertaban estos locales guardan similitudes con el de los actuales tablaos. Uno o dos guitarras, bailaoras y bailaores, cantaores para baile, y cantaores que actuaban solos, siguiendo un turno que habría de ir de menor a mayor importancia o popularidad. El sueldo que cobraban era variable, pero acorde con la fama de cada artista. Para que se haga una idea el lector, en una primera etapa no solía exceder de 10 pesetas diarias.

Estos establecimientos flamencos, surgieron como fruto de la demanda, por lo tanto fue esta demanda la que trajo aparejada la lógica comercial que ya nunca perdería, surgiendo la competitividad entre los artistas, en sus múltiples variantes.

Parece que esta demanda que el pueblo genera en torno al arte andaluz, hará despertar el interés entre los intelectuales de principios del S XX, sobre todo de los pertenecientes a la generación del 27, los cuales deciden organizar el histórico "Concurso de Cante Jondo de Granada, de 1922", y a cuya cabeza encontramos nombres como los de Manuel de Falla o Federico García Lorca.

El premio que el jurado otorgaba fue compartido de forma salomónica entre la juventud y la experiencia de dos cantaores; Diego Bermúdez Cala "el Tenazas", natural de Morón de la Frontera (pero procedente de Puente Genil, Córdoba) y un Manolo Caracol aún muy niño.

Es necesario decir en honor a la verdad, que el flamenco en el primer cuarto del S XX, seguía siendo un arte estigmatizado por un sector de la sociedad que si bien no era mayoritario, si que gozaba de una gran influencia dentro de la opinión pública, ya que entorno a este sector encontrábamos a la mayoría de los intelectuales, la burguesía y buena parte de la prensa, que rechazaban un arte que era del agrado del pueblo y los ambientes en los que se manifestaba: cafés cantantes, colmados, cuartitos de ventas y prostíbulos. Por lo tanto el flamenco seguía falto de reconocimiento como fenómeno musical y artístico de una forma general.

Sin embargo en este primer tercio de siglo asistiremos a una forma de escenificación de lo flamenco que traerá aparejada una nueva etapa, conocida como la Época Teatral. En ella, el cante, el baile y el toque se proyectarán hacia públicos más amplios, mediante diferentes vertientes de representación, entre las que habrían de destacar la Comedia Musical Andaluza y la Ópera Flamenca.

Toda esta etapa ha sido muy debatida y criticada entre investigadores y estudiosos del tema, coincidiendo en la mayor parte de los casos en que fue negativa para el desarrollo del género musical flamenco. Anselmo González Climent, señala a este respecto los siguientes aspectos negativos en su obra "Flamencología":

"(...) orquestación instrumental, origen de la canción andaluza, apogeo del cuplé flamenco, desjerarquización de la guitarra, preponderancia de los cantes livianos, gaiterismos, estilizaciones, moda de la zarzuela flamenca, profesionalización total, resurrección de la pandereta, desprestigio intelectual, (...)"


Juega flamenca en Sevilla (1912)

En cambio, nosotros somos de la opinión de que la Época Teatral del flamenco, como otras etapas del arte andaluz, tuvo que responder a la lógica y necesidades de unas circunstancias y un contexto. Ya que sería caer en una tremenda contradicción, el criticar de un modo tan duro dicha etapa y sin embargo aplaudir y ensalzar como los más grandes interpretes de este género a un nutrido grupo de artistas que han pasado a la historia del flamenco por ser las máximas figuras de todos los tiempos: Pastora Pavón "Niña de los Peines", Tomás Pavón, Manuel Torre, el Gloria, Bernardo el de los Lobitos, Escacena, Juanito Mojama, Manuel Vallejo, el Sevillano, Manuel Centeno, Pepe Marchena, Pepe Pinto, Manolo Caracol y otros muchos. De manera que hoy podemos afirmar que la Época Teatral, lejos de alcanzar el esplendor de la edad de oro de los cafés cantantes, fue un tiempo de consolidación del arte flamenco en general.

La mayoría de los investigadores y estudiosos del flamenco, tienden a fijar como fecha en la que tiene lugar el final de la Época Teatral y comienzo de una nueva etapa la que coincide con el año 1950. Todo este tema de las fechas es simplemente aproximativo, porque no creo que nadie piense realmente que de un día para otro, pudiera cambiar el modo en el cual el flamenco se manifestaba como espectáculo. Sin embargo, es cierto que en los primeros años de esta década tuvieron lugar una serie de acontecimientos que influirían muy directamente en el posterior desarrollo de este arte.

Es así como se suele situar entorno a estas fechas el inicio de lo que se dado en llamar la Época de Revalorización del Flamenco. En este fenómeno tuvo mucha importancia la campaña de publicidad que, tanto a nivel nacional como internacional, se llevó a cabo durante la dictadura franquista. Esta campaña se sirvió de todos los métodos a su alcance para construir esa típica imagen de la llamada ¡España cañí!.

Con ella se quiso exportar desde el cine y la televisión una cultura española netamente folklórica, hecha de retales significativos y en la cual el flamenco habría de tener un papel protagonista como exponente de la manifestación artístico-musical de un territorio pluricultural. Ciertamente, desde mi punto de vista, esa imagen no se correspondía con la realidad cultural de España, pero también es cierto que por primera vez se oía del lado institucional un discurso favorable o de apoyo al flamenco, por lo tanto es normal que los artistas aprovechasen la coyuntura para dar un salto cualitativo y poder colocarse en una situación socio-económica más favorable.

Paralelamente a esta campaña dirigida desde el régimen franquista con la clara finalidad de exportar la imagen de una España en desarrollo, felizmente asentada y recuperada de la cercana guerra civil, tuvieron lugar una serie de hechos fundamentales para el posterior devenir de esta música.

En 1954 se inaugura en Madrid el famoso Tablao Zambra, el cual adquirió rápidamente mucho prestigio entre los aficionados, convirtiéndose su elenco de artistas en el más claro exponente del arte andaluz, dentro y fuera de España hasta 1975, año en el que cerrará sus puertas. Éste sólo fue el primero de los muchos tablaos que surgieron en aquellos años y por los que desfilaron artistas de la talla de: Manolo Caracol, Fosforito, La Perla de Cádiz, Terremoto, El Lebrijano, La Paquera de Jerez, Fernanda de Utrera, El Turronero, El Camarón de la Isla y un otros muchos que trataban de hacerse un hueco en un mundo profesionalizado completamente.

También en 1954 se edita la primera Antología del Arte Flamenco, dirigida por el tocaor Perico el del Lunar para la casa Hixpavox.

En 1956 se celebra en Córdoba el Primer Concurso Nacional de Arte Flamenco, ideado por el poeta de la tierra Ricardo Molina, a imagen y semejanza del celebrado en Granada en 1922 y que por si fueran pocas las casualidades terminó otorgándosele a un cantaor procedente también de Puente Genil, Fosforito.

Ya en 1958 se funda una institución que buscaba promover el estudio, investigación y divulgación del flamenco, como fue la Cátedra de Flamencología de Jerez de la Frontera. Paralelamente se empiezan a fundar las primeras Peñas Flamencas, auténticas culpables del desarrollo que el arte andaluz ha vivido hasta nuestros días. Así surgieron La Platería de Granada, Juan Breva de Málaga, ó Los Cernícalos en Jerez. Alrededor de ellas surgirán años más tarde los Festivales Flamencos, como fórmula pública de expresión y comercialización de esta manifestación artístico-expresiva, con que alcanzará un alto nivel de profesionalización, ya que ha servido de modelo durante más de tres décadas. De esta manera echarán a andar "El Potaje Gitano" de Utrera (1957), el "Festival Flamenco de Arcos de la Frontera" (1961), el "Festival de Canciones y Cante Flamenco" de Mairena del Alcor (1962), el "Gran Festival de Cante Grande" de Écija (1962), el "Gazpacho Andaluz" de Morón de la Frontera (1963), "la Caracolá de Lebrija" (1966), el "Festival de la Guitarra" de Marchena (1967),etcétera.

Hoy en día el modelo de festival se encuentra en crisis, debido a la evolución experimentada por el flamenco. A nadie se le escapa la incapacidad manifestada por este modelo en los últimos años. Hemos entrado en una nueva etapa, en la cual la democracia y el cambio político hacen innecesaria la espera de una fecha concreta para que el pueblo pueda divertirse y desahogarse durante una noche entera. Por este motivo y por algunos otros derivados de él, es necesaria una renovación en el modelo o formula de expresión del flamenco como arte en su vertiente comercial de espectáculo, porque hasta los hebreos saben que los Festivales de Verano están en decadencia. Acabamos de estrenar siglo y milenio, sin embargo para un mundo tan hermético como el del Flamenco, el tiempo parece ser lo menos importante. Quien sea capaz , hoy en día, de aguantar cinco horas sentado en la misma silla viendo un espectáculo y decir, al finalizar, que ha disfrutado como un crío, ¡miente , o se engaña!

Como ha ocurrido en todas las etapas, aquellas mágicas noches del Potaje de Utrera, El Gazpacho de Morón, La Caracolá de Lebrija, el Festival del Cante Jondo de Mairena y tantos otros habrán de quedar en el recuerdo más pronto que tarde, por mucho que quienes las vivieron se empeñen en lo contrario.

Esfuerzos ejemplares y propuestas como las de la Semana Flamenca de Paradas, El Festival de Jerez, La Unión, la Bienal de Flamenco de Sevilla, etcétera, con ciclos de conferencias, cursos especializados y una amplia y variada oferta de propuestas escénicas, habrán de ser el espejo en el que se miren los clásicos Festivales de Verano de aquí a unos años. Será cuestión de tiempo….

Fernando González-Caballos Martínez

 


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