JUEVES FLAMENCOS SEVILLA 2010. ADELA CAMPALLO, ‘HORIZONTE’
Alumbramiento
Silvia Calado. Sevilla, 13 de mayo de 2010
‘Horizonte’. Adela
Campallo: baile, coreografía, dirección.
Juan José Amador: artista invitado (cante). Juan
Campallo, David Vargas: guitarras, música. Jeromo
Segura, Gallo de Morón, Javier Rivera: cante. María
Moreno, Silvia de Paz: cuerpo de baile. Jueves Flamencos
Cajasol 2010. Sala Joaquín Turina. Sevilla, 13 de
mayo de 2010. 21:00 horas
El flamenco estrena bailaora. Y no es una
adolescente novísima descubierta en un concurso,
ni un nombre revelado en el último festival. Con
edad, vivencias, madurez y carrera suficientes para estar
delante hace años, Adela
Campallo ha esperado pacientemente su momento. A pinceladas,
su baile se ha visto en la compañía de Manuela
Carrasco, en la de Andrés Marín, en la de
Farruquito, en la de Javier Latorre, en la de Antonio Canales…
y, sobre todo, en la de su hermano Rafael, con quien ha
formado un tándem para muchos indisoluble. Trabajos
todos ellos enriquecedores pero que siempre ofrecieron una
visión parcial y no global de la bailaora sevillana.
Y ‘Horizonte’ es cómo inicia ese nuevo
camino en el que al fin decide y se individualiza, con permiso
de público y programadores.
El espectáculo, elegante y vibrante
a partes iguales, es una suite de bailes en la que muestra
distintas facetas. Primero imagina y plasma un elegante
y original baile por “galeras”, composición
musical de Juan Peña aquí versionada por los
guitarristas David Vargas y Juan Campallo -doble forjado
musical del espectáculo-, con vestido corto, oído
y sentimiento. Mar de fondo. Después coreografía
para dos bailaoras un par de transiciones musicales, aplicando
en otros cuerpos los modos que ya son suyos. Mar de fondo.
Y a partir de ahí, se autoproclama bailaora, la bailaora.
A su lado sitúa, para ello, a su artista invitado,
el brillante cantaor Juan
José Amador que, en total sintonía energética
con la protagonista, acabó obnubilando las tres voces
masculinas del atrás. Y si bien es cierto que estuvieron
un tanto desequilibradas, también supieron aplicarse
en momentos clave como el curioso juego musical que proponían
los tangos, donde encajaron bambera, levante y soleá
apolá.

Adela
Campallo y Juan José Amador en 'Horizonte'
(Foto Daniel
Muñoz) |

Silvia
de Paz y María Moreno en 'Horizonte' de Adela
Campallo
(Foto Daniel
Muñoz) |
A lo que íbamos. Adela Campallo
acometió el baile por serranas, envuelta por el soberbio
cante de Amador y una deslumbrante bata de cola de agua
y azules marinos. Y ni una Sevilla ni la otra, sino las
dos confluyen en esta hermosa artista: la de Manuela
y la de Esmeralda, la de la tierra y la del aire, la que
se deja al azar y la del orden previsto. Marejada, con plásticas
vetas de calma, que fue a más en la soleá.

Adela Campallo y Juan
José Amador en 'Horizonte' (Foto Daniel
Muñoz) |
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A la llamada del “tiro piedras por
la calle”, fue entrando solemne a la tabla. Se acercó
a la voz, arqueó la figura, mariposearon sus manos,
templó el gesto, dibujó a brazo bajo. Tiempo
de inspirar y pararse. Ya llegaría la exhalación,
el remangarse, el tacón y el virtuosismo… la
retorcida y violenta flamencura de “cármenes”
y “manuelas”, cada vez más necesaria
hoy día entre tanto baile sólo bonito. Y de
ahí a la bulería, al desplante torero, a los
quiebros fugaces, a los contratiempos de locura, y a los
ya irrefrenados “oles” y “bravos”
de un público que se sintió implicado desde
el minuto cero y seguro que privilegiado de presenciar el
alumbramiento de la bailaora Adela Campallo (a secas), aún
con las limitaciones espaciales y técnicas de este
escenario al que, por cierto, siempre debemos alabar por
su lucidez en eso del dar sitio.