Joaquín Cortés
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‘DE AMOR Y ODIO’. GITANA CORTÉS COMPANY

Olor a triunfo

Martín Guijarro. Madrid, agosto de 2004

‘De amor y odio’. Gitana Cortés Company. Bailarinas: Ana Agraz, Carmen Angulo, Sara Cano, Mónica Cano, Paloma Colmena, Raquel Durán, Alicia Fernández, Carmen Iglesias, Raquel Lamadrid, Vera León, Helena Martín, Cristina Carnero, Vanessa Vento, Lorena Luz. Bailarines: David Coronel, Fabián Dutena, Saulo Garrido, Israel Vivancos, Josua Vivancos, Víctor Bravo, Iván Góngora, Eduardo Leal. Cante: Encarna Amador ‘Nitra’. Violín: Lucía. Chelo: Marina Sorín. Contrabajo: Fernando Anguita. Percusión: Ramón Porrinas, Morito, Nacho Arimany. DJ’s: Focuz, Eraserhead. Coreografías: Joaquín Cortés, Juan Carlos Lérida, Cristóbal Reyes. Dirección artística: Joaquín Cortés. 2º Festival Chivas Regal de Danza. Teatro Lope de Vega. Madrid, 27 de julio de 2004. 21 horas.


Gitana Cortés Company en 'De amor y de odio'

Gitana Cortés Company es un producto de diseño con todas las papeletas para triunfar. Joaquín Cortés ha puesto ya de manifiesto el objetivo de que tenga “un reconocimiento mundial”. Y todo apunta a que así será. El producto con el que se estrena, ‘De amor y odio’, combina todos los ingredientes propicios para el éxito de cara al gran público... siempre que el gran público tenga claro que no verá a Joaquín Cortés en escena. Temática universal, buenos intérpretes, bellos intérpretes (¿por qué no decirlo?), iluminación de calidad, cruce de lenguajes artísticos tanto en lo dancístico como en lo musical, vestuario de diseño, peinados de diseño, audiovisuales, humo, viento, arneses... Y, todo ello, renunciando por completo al tópico del ‘tipical Spanish’, lo cual es loable. Nada huele a españolada, sino todo lo contrario, a propuesta de clara universalidad, que bebe más del musical estadounidense que del cuadro flamenco.

‘De amor y odio’ es una sucesión de piezas, casi todas corales, que son entrelazadas con temas tan generales como los que sugiere el título. De ahí, quizás, que para el receptor sea inevitable la saturación de mensajes. Firmadas por Joaquín Cortés, Juan Carlos Lérida y Cristóbal Reyes, las coreografías, salvo excepciones, brillan por dinamismo, pulcritud interpretativa y originalidad estética, factores que ganan en relevancia si el referente es el panorama actual del baile flamenco. La combinación estilística, de la que ha hecho un marchamo personal el director del proyecto, es otra de las bazas de la obra, con un ensamblaje de exquisita naturalidad. Sorprende la fluidez con la que se pasa de un marcaje tradicional por tangos a un salto de clásico o a un movimiento de suelo de contemporáneo. A ello contribuye la ecléctica música (flamenco, electrónica, clásica...), con transiciones solucionadas del modo más simple: a golpe de cajón. Ante la calidad de la interpretación de todos y cada uno de los miembros del cuerpo de baile hay que rendirse. La actuación del bailarín Saulo Garrido va dando la razón al propio Joaquín Cortés, quien al presentar la compañía en Madrid dijo que de ella “saldrán los mejores bailarines españoles de los próximos años”.


Gitana Cortés Company en 'De amor y de odio'

Gitana Cortés Company en 'De amor y de odio'

El envoltorio va en consonancia con el contenido... empezando por el propio vestuario, obra nada más y nada menos que de Giorgio Armani. Todo un placer para la vista de los espectadores hastiados de lunares y trajes de corto. Las luces están pensadas para crear ambientes. Combinadas con humo, dan atmósferas oníricas propicias para expresar conceptos. La escenografía está resuelta con paneles giratorios que de un lado crean la neutra caja negra y de otro lado componen una pantalla blanca sobre la que proyectar audiovisuales. A propósito de estas imágenes, se emplean a veces como fondo decorativo, como cuando se proyecta un paisaje de minaretes al atardecer; otras como juego con la realidad, como cuando refleja a un Potito de gigantes dimensiones cantando una toná a los bailaores; otras como elemento ‘sobrexplicativo’ como cuando se suceden crudos flashes de miserias humanas. También satura la ‘sobrexplicación’ de la voz en off con poética barata declamada. Pero lo negativo son sólo detalles; en el espectáculo pesa muchísimo más lo positivo. Y es que, por encima de todo, hay que subrayar que ya es hora de que la danza española (baile flamenco incluido) tenga compañías privadas con capacidad para situarse en la primera línea del circuito internacional, dando productos de calidad... y de su tiempo.

 

Más información:

Entrevista. Joaquín Cortés, bailaor (agosto, 2004)

Joaquín Cortés alumbra Gitana Cortés Company
“De esta compañía saldrán los mejores bailarines españoles de los próximos años”

 
 
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