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ÁNGEL MUÑOZ.
‘FLAMENCO PASIÓN’. BUCAREST, RUMANÍA
Sublimación
del baile ortodoxo
O. Malf. Bucarest, diciembre de 2005
‘Flamenco Pasión’. Compañía
Ángel Muñoz. Ángel Muñoz:
baile, dirección y coreografía. Charo Espino:
bailaora invitada. Maribel Espino, Zenón: baile. Antonio
Españadero, Manuel Hurtado: guitarra. Roberto Lorente,
Miguel Ortega: cante. Nacho López: percusión.
Iluminación: Elena Peña. Sonido: Willy Vijande.
Auditorio Palatului. Bucarest (Rumanía), 8 de diciembre
de 2005. 19 horas
Ángel Muñoz
en Bucarest
(Foto: Daniel Muñoz) |
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Un mensaje directo para un nuevo público. Bajo el
epígrafe ‘Flamenco Pasión’ se presentaba
por primera vez ante el gran público rumano el arte
originario de Andalucía. El embajador fue Ángel
Muñoz quien, con compañía propia,
quiso poner en escena un ejemplo de espectáculo de
baile, cante y toque de gran formato, como ya ha hecho en
países como Australia y Sudáfrica. Sin necesidad
de argumentos, el bailaor cordobés convenció
a un público al que supo implicar en un crescendo de
sensaciones que desembocó en una ovación, al
unísono, de tres mil personas.
La pasión por el flamenco se desató en el espectacular
Palatului de Bucarest desde que las luces se apagaron. O,
quizás, desde unas horas antes, pues Ángel Muñoz
dejó boquiabiertos a los conductores del programa matinal
y a la audiencia de la primera cadena de televisión
rumana con un par de pinceladas de la actuación. Ya
en las tablas por la noche, la presentación reunió
a toda la compañía en escena, en un número
de un colorido y un dinamismo que captó instantáneamente
la atención de la audiencia. La gigantesca pantalla
que hacía de fondo de la escena, contribuyó
ya desde el principio a magnificar el montaje. Se sucedieron
después solos y dúos, encaminados a escenificar
la variada gama de matices del baile flamenco: en femenino,
en masculino, en tono pausado, en tono festivo... Conquistaron
al público las cantiñas de Charo Espino. Danza
curva, sensual, luminosa, entre el temperamento y la suavidad.
En la misma línea pero en tono intimista, Maribel Espino
afrontó a solas el taranto. Con la farruca ‘Palacio
del viento’ bailada a dos por Ángel Muñoz
y Zenón, hubo oportunidad de contemplar la templanza
del baile masculino, la precisión de la técnica.
Y en todo momento, el cuadro supo matizar musicalmente los
números, realzados por una más que apropiada
iluminación.
Pero
el clímax del espectáculo llegó con la
soleá. Ángel Muñoz resume en esta pieza
toda su grandeza como bailaor, esa que pone de acuerdo a los
más prestigiosos críticos de danza de todo el
mundo. Sintetiza el ‘leit motiv’ de su carrera,
“el fuerte impulso de ser yo mismo dentro del flamenco
ortodoxo”. Defiende el legado de grandes de la danza
como Antonio Gades, pero comprometido con su personalidad
y su tiempo. Y la afición se congratula de que emprenda
camino propio como primera figura del baile masculino actual,
tras demostrar sobradamente su solvencia como invitado de
figuras como el guitarrista Paco Peña o la bailaora
María Pagés. No quedó más que
responder a la petición de bis con una fiesta por bulerías
en la que la compañía al completo dejó
con ganas de más a este público que experimentaba
su bautismo flamenco.
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