BAILANDO FLAMENCO 2007.
ÁNGEL MUÑOZ, ‘CINCO SENTIDOS’
Paso a paso
S.C. Valencia, 24 de marzo de 2007
‘Cinco sentidos’. Ángel
Muñoz: baile, coreografía, dirección
artística. Charo Espino: artista invitada (baile).
Miguel Ortega: cante. Antonio Españadero, Paco
Arriaga: guitarras. Nacho López: cajón.
Ciclo Bailando Flamenco 2007. L’Altre Espai. Valencia,
24 y 25 de marzo de 2007. 21 horas
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Ángel Muñoz,
farruca
(Foto Daniel Muñoz)
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El humo crea una atmósfera de
ensoñación. Entre la sombra y la luz se
entrevé la silueta de un pandero. Nacho López
busca sonidos en el silencio. A su llamada acude un cajón,
pero con bailaor a lomos. Rindiendo tributo a Manuel
Soler, Ángel Muñoz taconea con las manos.
Y juegan y dialogan en el terreno del ritmo, en el origen
mismo. Las percusiones desaparecen por la izquierda mientras
por el lado contrario, entran el cante y el baile. Miguel
Ortega y Charo Espino traen, por seguiriyas, voz y movimiento,
clavo y canela, en el espacio que demarca la luz. Atrás,
el grupo termina de tomar forma con las guitarras de Paco
Arriaga y Antonio Españadero. Y el bailaor vuelve,
de cuerpo entero, a retarse con la bailaora. La clave
está en la complementariedad y el equilibrio. Lo
masculino y lo femenino, los pies y el cuerpo, la distancia
y el encuentro.
Expuestas las credenciales de ‘Cinco
sentidos’, Ángel
Muñoz toma el protagonismo. Acompañado
de guitarra, cante y cajón, ataviado a la antigua,
colocado a la antigua, evoca la intemporalidad del baile
clásico. Pero en su tiempo y en su persona. El
apabullante virtuosismo técnico no se riñe
ni con la estética ni con la musicalidad. Y es
que su danza aquí es planta y postura, pero también
un músico más (contingente el cajón,
pues). Sobriedad. Profundidad. Respeto. Matiz. Afina los
marcajes, rasga la tabla, coloca, remata... y cimbrea
a la audiencia en un baile de extenso desarrollo, con
actitud casi narrativa. El bailaor cordobés tiene
en sus manos el testigo de los maestros del baile flamenco
masculino.
Cambio de tercio. Una fantasía
de guitarras anuncia lo porvenir. Una mirada a tierras
gaditanas... Charo
Espino, por cantiñas. Reparte braceos y curva
por la tabla, presumiendo de feminidad.. y de guapura.
Baila con miradas, hombros y caderas, con soltura, con
picardía. Y busca en lo sencillo el máximo
sabor. Tiene la vez el cante. Miguel
Ortega da un paso adelante y saca pecho por malagueñas.
El de Los Palacios es un cantaor versátil, tanto
en el acompañamiento, como ‘alante’.
Y así lo muestra en este recorrido afandangado,
en este ‘crescendo’ que solivianta al respetable.
Charo Espino, seguiriyas (Foto
Daniel Muñoz)
La soleá por bulerías se
esboza con dulzura de nana. Y va tomando, poco a poco,
toda su contundencia en lo musical, esperando la llegada
del bailaor. Alta calidad en el atrás. Guitarras,
cajón y cante encajan y pulen sus sonidos para
ir mucho más allá de la base, cuadrando
las composiciones hechas a la medida de las coreografías,
dejando espacio a los arreglos del quinto instrumento:
el baile. Ángel Muñoz despliega en este
estilo todas sus artes. Sobrado de preparación,
asume el riesgo con total seguridad. Ni contratiempo ni
pirueta ni carretilla ni escorzo de hombros ni pase de
brazos ni remate de gesto... nada se le resiste. Energía,
pellizco, pericia. Y todo lo dosifica con conocimiento,
con sentido y, ante todo, con flamencura. Bailaor integral.
La faena la remata en plena ovación. Ya sólo
queda la despedida, el mano a mano con sus músicos
y con su bailaora. El fin de fiesta ‘Luego nos vemos’
pone un punto y seguido a la propuesta sencillamente flamenca
-depurada hasta el detalle, incluso en cuestiones de luz
y sonido- de un artista que suma reconocimientos paso
a paso, actuación a actuación.