ANTONIO MALENA. PEÑA FERNANDO TERREMOTO DE JEREZ

Médula

Silvia Calado. Jerez, 6 de noviembre de 2004
Fotos: Daniel Muñoz

En Jerez el otoño no es sólo la estación de la vendimia, sino un propicio momento para degustar el flamenco en el atractivo marco de las peñas. La mayoría de ellas reciben la madurez de la uva con interesantes ciclos de flamenco en los que, de vez en cuando, comparecen cantaores de auténtica altura en este formato íntimo que atrae al público familiar autóctono y a no pocos aficionados foráneos. Y si, por ejemplo, El Torta cerró el ciclo ‘Otoño Flamenco’ en la Peña Tío José de Paula el 29 de octubre; Antonio Malena abrió en la Peña Fernando Terremoto el 6 de noviembre el ciclo Noches a compás’, dedicado esta temporada a La Paquera de Jerez, madrina de este centro cultural. Y allí estuvo Flamenco-world.com.

 

Antonio Malena
   

Ni un hueco quedó en la sala. El público esperaba bastándose con las dos ampliaciones gigantes de Fernando Terremoto que flanquean la ‘cueva’ encalada que guarece el escenario. Primero, los teloneros. La peña ha fundado un taller para dar alas a la viva cantera jerezana, niños y niñas que ya comienzan a profesionalizarse en el mundo del flamenco. Cantaores, guitarristas y bailaores que apenas llegan a los micrófonos, que en las sillas no alcanzan el suelo con los pies. Manuel, Sandra, Tere, Junquerita... subieron al escenario por soleá, por tangos, por bulerías. Unos luchando con la timidez del que empieza, otros llevando adosadas las tablas de sus maestros. Algún potencial gran artista se intuyó entre ellos. Larga vida al flamenco.

Un descansito en el ambigú... y vuelta a la sala. Antonio Malena entró dedicando el recital a Manuel Moneo, en ese momento, ingresado por enfermedad. Acompañado por su hijo Antonio a la guitarra, brindó a la audiencia un recital equilibrado tanto en la selección del repertorio como en el modo de acometerlo. El cantaor -que actualmente se prodiga por escenarios de todo el mundo junto a la bailaora María del Mar Moreno- comenzó por malagueñas, acordándose de Antonio Chacón. “Del convento las campanas, si preguntan por quién doblan, diles que doblando están, a mis muertas esperanzas”. Cantó desde dentro, sin aspavientos, paladeando la música, midiéndose, buscando retales de belleza.

La seguiriya, su terreno, ahondó aún más en la jondura. Dulce aspereza en la garganta. Sentimiento. La soleá por bulerías la cantó dándole importancia a la letra, mimando la musicalidad de cada tercio. Pero aún no era el momento de la bulería... Quiso entremeter un martinete en pie, a palo seco, con toda la dureza y todo lo añejo de los cantes que domina desde niño (como puede comprobarse en el volumen 22 de la serie en DVD ‘Rito y geografía del cante’). Sonó a médula. Y ahora sí... la bulería. Todo el compás, toda la esencia extrovertida de Jerez, pero aún desde el interior: “No sé por qué será, me duelen más que las mías, las penas de los demás”. Cantaor profundo. Tanta verdad.

Y lo mejor es que experiencias como esta están a disposición del aficionado cada semana en una u otra peña de la ciudad. De noviembre a diciembre, entre otros artistas, pasarán por la Peña El Pescaero la familia Rubichi, por la Peña La Buena Gente Juan Zarzuela, por la Peña El Garbanzo Felipa la del Moreno... La programación es amplia. Sólo hay que estar atentos a los carteles que cuelgan de las paredes de muchos rincones jerezanos antes de que el año toque a su fin, cuando llegue otra estación flamenca jerezana: la de la zambomba.


Niños de la Peña Fernando Terremoto

 

Más información:

Entrevista a María del Mar Moreno, bailaora (abril, 2004)

Entrevista a El Torta, cantaor (agosto, 2004)

 
 
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