ANTONIO REY · SANDRA CARRASCO. FESTIVAL DE JAZZ DE MADRID 2011
La guitarra lo consiguió hace años. Bueno, la de Paco de Lucía. El flamenco se introdujo como música afín o hermana o pariente o cómplice en las programaciones internacionales de jazz. Y el eco llegó de vuelta hasta el punto de partida. Las citas jazzísticas españolas ya hace tiempo que no se programan sin algún componente flamenco en sus carteles. Pasa en Vitoria. Pasa en San Sebastián. Y pasa, de forma pronunciada, en la capital. En la vigésimo octava edición del Festival de Jazz de Madrid que en estos días se está celebrando abundan los nombres flamencos o periflamencos: Pepe Habichuela, Gerardo Núñez, Jorge Pardo, Pablo Martín, Alfonso Losa, Javier Colina, Pedro Ojesto… Y lo curioso es que no es condición sine qua non un acercamiento al género anfitrión, ni una influencia, ni un diálogo. Parece que basta con una actitud.
Antonio Rey en el Festival de Jazz de Madrid 2011
(Foto Daniel
Muñoz) |
Y la tiene Antonio Rey, que aquí presentó en directo su último disco ‘Colores del fuego’ fiel al formato ya establecido por los maestros de una generación atrás. Sí, ese de grupo instrumental que se mira en el jazz o en el rock. Una forma, una actitud. Y lo hace todo girar en torno a la poderosa arma musical que es en sus manos la guitarra flamenca. En sólo unos pocos años, ha logrado atemperar el ímpetu de joven hiperdotado y canalizar sus desbordantes cualidades interpretativas. Ahora toca con contundencia y aplomo, con claridad y fuerza, pero también con tempo y con tema. Un grupo compacto y un sonido óptimo le bastaron como puntos de apoyo para dar rienda suelta a su música, en la que ya el virtuosismo no es sólo el más trepidante picado, ni el más sorpresivo remate, sino también la manera en que conduce globalmente su concierto.
La voz herrumbrosa de Pedro el Granaíno. El eco de su hermana Mara. Las palmas precisas. Percusión, bajo y violín atentos a cada detalle y cómplices en cada vericueto. Todos esos ingredientes, más una colaboración por soleá de Barullo fiel a la escuela farruquera, ocuparon su lugar en un repertorio que fue concretándose partiendo de una inicial fantasía solista, por mor de temas estándar construidos sobre los ritmos de alegrías, tangos y bulerías. Y destacó, en especial, con este último cuando abordó su doble origen en ‘Amanecer en Jerez’, donde conjuga el peso del toque tradicional jerezano con el divertimento técnico que bebió de la escuela madrileña de Cañorroto. Aunque no fue de esta forma deslumbrante como eligió rematar, sino con una balsámica nana en la que invitó a Sandra Carrasco, quien concentró en esa sola letra mucha de la emoción que se le escapó en su propio concierto.
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Sandra Carrasco en el Festival de Jazz de Madrid 2011
(Foto Daniel
Muñoz)
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Fue una hora y pico antes. Era el primer directo de gran formato del disco con el que debuta la cantaora y/o cantante. De pie hasta por fandangos. Y con vestido negro de noche. Desgranó el contenido del disco con fidelidad al repertorio de temas, aunque descartó acercarse a la heterogénea envoltura musical de la grabación. No hacían falta, por supuesto, los veintitantos instrumentistas del álbum, pero quizás sí unos pocos músicos capaces de sintetizar el sentido de esas canciones diseñadas de pies a cabeza por el productor Javier Limón para, al final, se entiende, ensalzar la bella voz de esta artista y su extraordinaria capacidad para usarla; a lo que tampoco contribuyó la sonorización. Aún así, ella tiene recursos naturales de sobra para llegar a un público al que cautivó desde el primer envite. ‘Niños del aire’, un ‘Calle del Olivar’ algo jazzy, el hit ‘Solilla’, la balada ‘Eternamente tú’, ‘Mírame’, ‘Hola soledad’ por bulerías… se fueron sucediendo en un recital que se tornó interesante en ‘Le pregunté yo a los cielos’, donde plantea un jugoso viraje de zambra a seguiriya que puede subrayarse como el momentazo de este directo. Eso con permiso de los fandangos puro Huelva, aderezados con estribillo ‘arcangeliano’ a coro. La experiencia necesita tiempo. Y el tiempo matizará lo que hoy sólo es esbozo.