ESPECIALES: EL FLAMENCO
EN ARGENTINA
Con acento criollo
Betina Bracciale. Buenos Aires, marzo de 2003
Argentina es un país construido
sobre la base de la inmigración europea. Hacia fines del siglo XIX, políticas
públicas fomentan el arribo de trabajadores extranjeros, que provienen
en su mayoría de Italia y España. Entre 1880 y 1930, la fase de
expansión de la economía local y las posibilidades de movilidad
social alientan el desplazamiento de miles de andaluces. Una última oleada,
plena de intelectuales y artistas, llega para exilarse en tiempos de la Guerra
Civil y de la Segunda Guerra Mundial. En estas tierras sudamericanas la historia
del flamenco se forja dentro las asociaciones de la colectividad. Sin embargo,
la novedad, desde los años noventa, es un inusitado crecimiento del flamenco
desligado de las instituciones ibéricas. Este giro se opera, principalmente,
en Buenos Aires, donde la oferta de espectáculos en tablaos, bares y teatros
se amplía. Surgen nuevas figuras y muchos jóvenes sin raíces
comunes con los andaluces se arriesgan a tomar clases.
Un siglo de crecimiento
Los nativos de Andalucía que se afincan
en suelo argentino provienen de Almería, Cádiz, Granada, Huelva,
Jaen y Málaga. Se calcula que entre 1880 y 1930 el número de inmigrantes
de esa región oscila entre un mínimo de cien mil y un máximo
de ciento cincuenta mil (1). En estos años algunos se instalan en las ciudades
de Buenos Aires, La Plata y Rosario. Otros prefieren las provincias de Mendoza
y San Juan, tierras de climas cálidos similares al sur peninsular donde
los nuevos pobladores se abocan a los cultivos emblemáticos de la región:
la vid y el olivo. Otra situación particular se presenta en Comodoro Rivadavia
(provincia de Chubut), donde la explotación del petróleo se constituye
en los años veinte, en un polo de atracción para un número
nada desdeñable de españoles.
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La Argentinita y Antonio Triana en 'Café de Chinitas'.
Buenos Aires, Argentina, años 40 (Foto álbum familiar de Luisa Triana)
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En la Argentina del aluvión inmigratorio
el intercambio artístico es prolífico, en particular en la capital
de la república. Son los años del varieté y del tango, de
las funciones en continuado de zarzuela, de la canzonetta y la ópera. El
mundo hispánico radicado en Buenos Aires contribuye a la gestación
de una cultura popular urbana. Entre 1910 y 1920, irrumpen en los escenarios porteños
bailarinas como Encarnación Hurtado, La Malagueñita, y Antonia Mercé
La Argentina, nacida por casualidad en el Río de la Plata en 1890, mientras
sus padres, ambos bailarines, estaban de gira (2). En 1934 esta última
baila 'El amor brujo' en el Teatro Colón, uno de los escenarios líricos
más importantes del mundo e históricamente reservado sólo
para figuras descollantes a nivel internacional. Por su parte, Carmen Amaya, consagrada
a nivel nacional luego de su debut en el Coliseum de Madrid en 1935, actúa
en el Teatro Maravillas un año después y establece su residencia
en la capital argentina. Al regresar a su país, en 1947, ya es una estrella
conocida inclusive en los Estados Unidos.
La urbe latinoamericana tiene en la
primera mitad del siglo, además de teatros, tablaos que son visitados por
figuras de España. En el resto del país los reductos donde se conserva
e irradia el arte andaluz son las instituciones de la colectividad. Estas perviven
hasta hoy y se hallan nucleadas en una federación que depende de la Junta
de Andalucía. Entre las más antiguas se encuentran la Agrupación
Andaluza de Rosario (provincia de Santa Fe) fundada en 1915, el Círculo
Andaluz de Buenos Aires en la década del veinte y el de La Plata (capital
de la provincia de Buenos Aires), que data de 1933. El Rincón Familiar
Andaluz de Buenos Aires se funda en 1938.
Junto al exilio de combatientes y familias
que escapan de la represión franquista y del nazismo, las costas sudamericanas
ven llegar a intelectuales andaluces que necesitan tomar distancia del horror.
Todos son bien acogidos en Argentina. Para algunos, como el músico Manuel
de Falla, este suelo es su destino final. Otros, como el poeta Rafael Alberti,
pasan en el país un significativo período de su vidas (3).
Entre 1940 y los años setenta, los
viajes de los artistas flamencos enriquecen la vida cultural de Buenos Aires.
Mientras en España se vive una dolorosa posguerra, existe en este rincón
sudamericano prosperidad económica y buena recepción para los espectáculos
provenientes de la madre patria. Es así como por los escenarios locales
desfilan Juanito Valderrama, José Mercé, Antonio Molina, Manuel
Mairena, Pepe Valencia, Angelillo, El Niño de Utrera, El Niño León,
Camarón, Manolo Caracol y Lola Flores, Pilar López, Rosario y Antonio,
Antonio Gades, Paco de Lucía y Tomatito. Algunos maestros se radican en
el país y forman buenos exponentes del flamenco argentino, como el bailaor
Morenito de Granada y el guitarristas Alberto Torres.
Bailaoras amateurs del Centro Andaluz de San Juan
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Sin embargo, la mayor parte de los peninsulares
que llegan a Latinoamérica en busca de paz y trabajo no son artistas. En
1954 se funda el Centro Andaluz de Comodoro Rivadavia, en 1956 el de Mar del Plata
(provincia de Buenos Aires) y en 1964 el de San Rafael (Mendoza). En los últimos
años se suman los de Mendoza capital, Córdoba, Santos Lugares (Buenos
Aires), San Miguel de Tucumán y nuevas agrupaciones en Comodoro Rivadavia
y Rosario. Antonio Juárez, presidente del Círculo Andaluz de San
Juan, relata sobre la vida cotidiana de las últimas familias que se radican
en su provincia entre 1957 y 1958: "En el ámbito familiar el español
encontró en el flamenco y la canción española una poderosa
y cálida relación con su patria de origen. No había casa
de inmigrantes en la que no se escuchara, en la radio, a los cantantes de moda
como Angelillo, Niño de Utrera, Antonio Molina, Miguel de Molina, Juanito
Valderrama y las ilustres Lola Flores, Paquita Rico, Carmen Sevilla... En los
entornos vecinales se escuchaban canciones flamencas en todo acontecimiento social:
cumpleaños, bodas, carneos (matanzas de cerdos para consumo familiar)".
En esa provincia, donde la citada asociación existe desde 1978, la danza
de Andalucía también forma parte de la vida religiosa. Allí
se realiza la Hermandad de la Virgen del Rocío, que organiza una romería
hacia la imagen de María emplazada en la parroquia del departamento de
Rawson. El recorrido desde la capital provincial es de cuatro kilómetros.
Se adornan carruajes y las bailaoras flamencas otorgan al evento un toque de color
y alegría.