CD: Juan Habichuela
"Una guitarra en Granada"

 

Juan Habichuela
Biografía, discografía, Real Audio y comentarios de los lectores



 

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Retaguardia bailaora

El cuerpo de baile es un colectivo que, guiado por el dibujo coreográfico del cabeza de compañía, ornamenta y da forma a los montajes de las grandes compañías flamencas. Pero como el cuadro, guarece a la cantera de bailaores que darán que hablar en el futuro. Hoy están en boca de todos, jovencísimas artistas como Rocío Molina o Fuensanta la Moneta, pero ellas también fueron parte del todo en compañías como las de María Pagés o Javier Latorre, respectivamente. Respecto a su paso por el cuerpo de baile de una compañía La Moneta comenta que “he aprendido a estar en un escenario porque no es lo mismo estar desde pequeña en un escenario siendo prácticamente autodidacta y haciendo lo que quería, a tener que respetar tu sitio y el sitio de otro compañero. Se aprende mucho en cuanto a coreografía; no es lo mismo una persona sola, que ocho personas moviéndose a la vez por un escenario. Creo que hay que pasar por ahí”.


Cuerpo de baile de María Pagés (Foto Daniel Muñoz)

Aunque ellas no son pioneras, sino que siguen el camino antes marcado por sus predecesores. Belén Maya, Rafaela Carrasco, Isabel Bayón, Israel Galván, Fernando Romero, Rafael Campallo... forman todos parte de una generación de bailaores que crecieron en el atrás de la Compañía Andaluza de Danza. Y hoy son la avanzadilla del baile flamenco, muchos de ellos con sus propias compañías. Echando un vistazo a los cuerpos de baile de las compañías de hoy, destacan bailaores ya listos para dar el paso al frente. Es el caso de José Barrios y Emilio Herrera, que llevan varias temporadas madurando en la Compañía de María Pagés, de donde salió como primera figura el cordobés Ángel Muñoz.

De la compañía de Eva Yerbabuena, se emanciparon hace poco bailaores solistas como Edu Lozano, Mercedes Ruiz y Andrés Peña, y hoy atesora valores como Mercedes de Córdoba o María Moreno. El Ballet Nacional de España, otra fértil cantera, ha tenido hasta hace poco entre sus filas a Úrsula López, que se estrenó en solitario en el pasado Festival de Jerez 2007, y hoy tiene solistas en ciernes como Miguel Ángel Corbacho y Esther Jurado. Aunque ya ha dado el paso ‘alante’, aún sigue bajo la dirección de Cristina Hoyos, Juan José Jaén ‘El Junco’. Con proyectos independientes y cooperativos van despuntando Manuel Liñán, Marcos Flores, Daniel Doña y Olga Pericet, que han pasado por el cuerpo de baile de compañías como la de Rafaela Carrasco. Y podrían añadirse nombres como los de Marco Vargas que, tras muchas temporadas bailando en La Cuadra de Sevilla, va proponiendo sus propios proyectos; o María José Franco, que comienza a desarrollar sus propios espectáculos, después de trabajar en la compañía de Antonio el Pipa. El caso es que no conviene perder de vista el grupo, pues esconde perlas.


Cuerpo de baile de Eva Yerbabuena (Foto Daniel Muñoz)

Más información

Entrevista a Belén Maya, bailaora (febrero, 2005)

Entrevista a Rocío Molina, bailaora (enero, 2006)

Entrevista a Ángel Muñoz, bailaor (diciembre, 2002)

Flamenco x 2. Entrevista a Manuel Liñán y Marcos Flores (septiembre, 2005)

Instrumentistas y otros colores

Atrás cada vez hay más colorido. El cuadro flamenco se diversifica. Si Paco de Lucía comenzó a rodearse de exóticas percusiones, saxos, flautas y bajos eléctricos, hoy la tipología de instrumentos que acompañan al flamenco es del todo ilimitada. Primacía absoluta tiene la percusión y, especialmente, el cajón. Rubem Dantas fue quien lo introdujo, pero le han salido virtuosos seguidores por doquier. Músicos que marcan la esencia de este arte: el compás. El porqué de su fácil adaptación a este género lo explica Jorge Pardo: “El cajón es fácil, cómodo -se transporta sin problemas-, y está un poco entre las palmas y el taconeo, suena a madera como los golpes en la caja de la guitarra, no crea excesivos armónicos... Perfecto”.


Jorge Pardo (Foto Daniel Muñoz)

Tino di Geraldo, Antonio Coronel, Bandolero, Chaboli, Ramón Porrina, Piraña y Sabú, Cepillo, Paquito González y Nacho Arimany, entre otros, forman el ‘dream team’ del arte de percutir jondamente. Y, aunque parezca tarea fácil, nunca lo fue. Como dice el luthier de cajones flamencos Mario Cortés, “la clave es acompañar al cantaor, al bailaor o al guitarrista”. Y deja caer un consejo: “No con tocar más fuerte vas a tocar más, ni mejor”. El guitarrista Jesús Torres alaba, por ejemplo, la virtud de Antonio Coronel -uno de sus colaboradores y de muchas otras figuras del flamenco-, pues “no te das cuenta de que está pero si falta, hay una agujero insondable”.

A los vientos, Jorge Pardo. El músico madrileño inventó el ‘modus operandi’ y, aunque ahora es reputado solista, pasó mucho tiempo acompañando a Paco de Lucía. Y crear fue complicado. Al principio, se preguntaba: “¿Qué soy, un guitarrista, un cantaor? ¿Me meto con el cante?”. Y se autorrespondía: “Si me meto con el cante, la jodo. Si me meto con la guitarra, igual también... Todo ese tipo de dilemas me han llevado al final a ir metiéndome por la vía del medio”. Salomónico, concluyó que “he ido cogiendo elementos de todas las disciplinas flamencas que se conocían, tanto de la guitarra como del cante y del baile... y gestos y articulaciones en la flauta, sobre todo, del cante”. Con el tiempo, se amplía la nómina con Fernando Bravo, Juan Parrilla, Domingo Patricio o Perico Sambeat.

 

Antonio Coronel (Foto Daniel Muñoz)
   

Aunque las cuerdas, complementarias a la guitarra, se prodigan mucho más. Bajo y contrabajo ponen el complemento de graves preciso para dar cuerpo a la historia. Los maestros indiscutibles son Carles Benavent y Javier Colina. La siguiente hornada de bajistas flamencos tiene a José de Lucía, integrante del grupo de Cañizares; Manolo Nieto, que toca con infinidad de artistas de todas las tendencias jondas; Pablo Martín, miembro del trío de Gerardo Núñez; o el cubano Yelsi Heredia, acompañante de Diego el Cigala. Los violines también proliferan. Se tiene por el acompañamiento violinista más flamenco al jerezano Bernardo Parrilla, habitual de Tomatito y de Antonio Canales. Pero van incorporándose nuevos timbres y tendencias a cargo de músicos como el genial Ara Malikian, que más que acompañar ha creado música en colaboración con flamencos como el guitarrista José Luis Montón; Alexis Lefèvre, que acompaña a artistas como Javier Barón o Marina Heredia; Olvido Lanza, violinista de Mayte Martín; o José Amador, integrante de la compañía de Sara Baras. Chelistas como José Luis López y pianistas de la talla de Pablo Suárez, ambos acompañantes de Rafaela Carrasco, también dan cuenta de la diversidad instrumental del atrás de hoy día, donde incluso dicen que se han visto armónicas, acordeones y gaitas de asta de toro.

Más información

Entrevista a Jorge Pardo, saxo y flauta (agosto, 2005)

Entrevista a Carles Benavent, bajista (mayo, 2004)

Entrevista a Pablo Martín, contrabajista (diciembre, 2002)

Entrevista a Nacho Arimany, percusionista (febrero, 2007)

Especial. El cajón flamenco

“Ya me olvidaba...”

Machado avisó. “Ya me olvidaba... de los que dicen “¡ole!” y tocan palmas”. Y es que quizás la labor más sorda de todos es la que realizan los palmeros, maestros del clima y del compás. Y hay verdaderos artistas en esta rama. La pareja que forman los sevillanos Bobote y Eléctrico es ya legendaria. Hacen con las manos virguerías, pero encima, si se tercia, meten la pataíta final, la que deja al auditorio dado la vuelta. De Jerez son Bo, Chícharo y Gregorio, un trío del que no prescinden cantaores como La Macanita o José Mercé; al igual que Carlos Grilo y Luis Cantarote, palmeros y jaleadores de cantaores como Joaquín Grilo o Miguel Poveda.

Un papel primordial desempeñan quienes, a la vez, son vocalistas y palmeros. Y saben aportar el soniquete de las manos y el aderezo de los coros que complementan tantos temas del flamenco actual. Los hermanos Ana y Javier González son pieza clave en los conciertos de Carmen Linares; al igual que Marcelino Fernández lo es, actualmente, en los conciertos de José Mercé, Marina Heredia o Argentina... Y tantos y tantos artistas anónimos cuyo medio de expresión es tan sencillo, tan natural, como sus dos manos. ¿Qué sería el flamenco sin el sostén de las palmas, sin el necesario “ole” dicho a tiempo?

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