Pepe Marchena
Biografía, discografía, Real Audio y comentarios de los lectores.

Antonio Chacón
Biografía, discografía, Real Audio y comentarios de los lectores.


Compra en nuestra tienda



Pepe Marchena
"Pepe Marchena"


Pepe Marchena
"Cantaores de época
(vol. 1)"

 

 



Aziz Balouch, la reencarnación de Ziryab

Silvia Calado Olivo

"El indio que canta flamenco, discípulo de Marchena, con su mágico instrumento". Con este subtítulo anunciaba Circo Price el "sorprendente debut de M. A. AZIZ" en Madrid, con cuerpo de letra mayor que a Ramón Montoya y a Niño de Almadén, en su cartel del día 1 de noviembre de 1934. ¿Quién fue ese personaje que aparecía en aquel histórico cartel con traje de chaqueta y turbante, dispuesto a cantar flamenco y presentado con honores? Un librito amarillento rescatado de un mercadillo por un coleccionista desvela el misterio. El musicólogo, místico y cantador paquistaní Aziz Balouch propuso en 'Cante jondo. Su origen y evolución' (Ediciones Ensayos. Madrid, 1955) -un texto que pasa desapercibido para la literatura flamenca- no sólo una relectura de los orígenes del cante flamenco, sino también un ácido análisis del cáncer que atacaba al cante de antaño. De paso, cuenta en clave autobiográfica sus andanzas, las del cantaor sufi apodado Marchenita...

 
   

Hacía apenas un año que había llegado a tierras españolas Aziz Balouch, un joven estudiante pakistaní de música, filosofía y misticismo sufis que, "como todos los niños mahometanos, han oído hablar de la Mezquita de Córdoba o de la Alhambra de Granada y del reino mahometano de Andalucía". Primero le atrajo la mística española: desde Ibn-Arabi a Santa Teresa de Jesús, pasando por San Juan de la Cruz. Y de la mística a la música... Unos amigos que conocían su pasión hispánica le pusieron unos discos de cante jondo, uno de Antonio Chacón y otro de Pepe Marchena. "Al oírlos quedé como en éxtasis espiritual, teniendo la impresión de que en mi vida anterior había sido español y cantaor". Y entonces empezó a atar cabos: Ziryab, el pájaro negro, "que trajo el cante jondo a España era de mi raza y de mi misma provincia", el Sindh, tierras que estuvieron en estrecha conexión con Al-Andalus por la ruta de Damasco en tiempos del califato abasida.

Casualmente, aquellos amigos tenían una casa en Gibraltar y se la brindaron. Y allá que se fue, abandonando sus estudios, en 1933. Cómo contactó con Pepe Marchena, tras verlo cantar en un teatro de La Línea, merece transcripción literal: "Al día siguiente, mis hermanos llamaron a Marchena, diciéndole que tenían una gran sorpresa para él, que era que ellos también poseían un cantador de flamenco, no español, sino de su país de origen, "Sin embargo -le dijeron- te cantará todas las canciones que tú cantaste anoche". Pepe Marchena lo tomó a broma, pues no podía creer que un extranjero fuera capaz de cantar cante jondo. Mis hermanos llevaron a Marchena, en compañía de Ramón Montoya, Angelillo y otros, a su tienda de la calle Real, y desde un rincón de la misma me llamaron para presentármelos. Me pidieron que cantase alguna cosa, e interpreté 'La Rosa' por milonga. Marchena y sus compañeros quedaron tan sorprendidos que no podían creer posible lo que estaban escuchando. A continuación, Pepe Marchena me dijo que si no tenía inconveniente en cantar con él al día siguiente en el Teatro Cómico, de La Línea (...). Acepté encantado, y cuando llegó el momento de actuar en el teatro, fui con un instrumento propio de mi país, parecido al acordeón, llamado harmonium. Marchena me presentó al público, anunciando que iban a llevarse una sorpresa, pues los extranjeros también podían cantar flamenco".

A raíz de aquel debut, pasó a ser discípulo de Marchena y conocido popularmente como Marchenita, sobrenombre que le dio el general franquista Gonzalo Queipo de Llano. El revuelo en la prensa del momento fue inmediato, como constatan los artículos publicados en medios como 'El Anunciador' de Gibraltar, 'Pueblo' de Madrid, el diario 'Sevilla', 'Revista' de Barcelona o 'Levante' de Valencia. Y no menos inmediata la incredulidad ante el fenómeno: "Los periodistas se empeñaron en examinar mi pasaporte para convencerse de mi condición de extranjero oriental, que era legítimo indio y que no hacía el indio". La petición era totalmente comprensible, pues pronto estaba compartiendo glorias en la Corte con su mentor, ciudad a la que llegó de la mano de la cantante y actriz Imperio Argentina con escala previa en la soñada Alhambra granadina. Y no sólo eran los espectáculos promovidos por el empresario Montserrat, sino también las invitaciones a cantar en emisoras como Radio Madrid e incluso a grabar discos en Barcelona con la Compañía Parlophon. Con este sello y con el nombre M. Aziz grabó fandanguillos, malagueñas, colombianas...

 
   

El pakistaní, que también aprovechó para participar en tertulias sobre filosofía hindú, no tuvo más remedio que pellizcarse y "permanecer en España, para aprender el idioma y la música clásica española", aleccionado por la propia profesora de Imperio Argentina. De esta formación dedujo un interesante análisis sobre la calidad del cante y los cantaores de la época. Aziz apuesta por el entrenamiento: "No estoy de acuerdo con aquellos que dicen que sólo son capaces de cantar flamenco los que le sale de dentro". Y, de hecho, uno de los apartados de su libro se titula 'La preservación de la voz. Ejercicios generales y régimen de vida que ha de llevar un artista que se dedique al cante jondo'. Como puede sospechar el ávido lector, poca repercusión tuvo el texto, que no sólo recoge consejos sobre la respiración, la higiene de las vías respiratorias y la alimentación, sino hasta sobre lo conveniente de la contención sexual.

Continúa >>
 

 
Para pertenecer a nuestra cyberpeña flamenca mándanos
tu e-mail y te informaremos de todas la novedades:

 Home | Contacto | Publicidad | Mapa web