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Tónico para el espíritu
Tiene explicación. Aziz considera que el cante jondo, al igual que la
música indopakistaní, es un vehículo que el hombre debe emplear
para comunicarse con dios, pues es -a su entender- una música con carácter
sagrado, "un tónico para el espíritu". Comprobar que este
punto de vista no era compartido, ni tan siquiera imaginado, por los profesionales
del cante da respuesta a su gran pregunta: "¿Por qué el cante
jondo no ocupa el puesto que merece entre los géneros musicales? Porque
las gentes que cantan, la mayoría de ellos, no lo toman seriamente y no
están bien apoyados por el público, excepto por aquellos no iniciados
en música".
El estudioso -que también publicó títulos como 'What is
sufism (Londres, 1950) y 'Le sufisme, la philosophie de l'amour' (Ginebra, 1953)-
lamenta que el flamenco, por aquel entonces, estuviera ligado a borracheras y
juergas: "Lástima que se abuse de este cante espiritual de la forma
en que están abusando los que se creen cantadores y no hacen más
que gritar y desacreditar". La vida disoluta no es su única censura.
También considera perniciosas las fusiones internas: "Mezclar los
distintos estilos y modulaciones en una misma canción, no consigue más
que un daño incalculable al estilo puro, que llegará a perderse
por completo si los estilistas del cante no ponen remedio en un futuro inmediato".
Y pasa a ilustrar el despropósito con una leyenda sufi: "Cuéntase
que Grumanik, el fundador de la antigua religión de los Sikks de la India,
tuvo en cierta ocasión una aparición extraña. Se trataba
de una figura horrible, con los pies en la cabeza y las manos en los pies... Como
Grumanik, lleno de horror por aquella figura demoníaca, le preguntara quién
era, respondió ésta que era la Música. "¿La Música?
¿Cómo puede ser?", contestó. "Así me han
convertido tus cantantes al mezclar las melodías, dándome la cabeza
de una melodía, la cola de otra, el cuerpo de otra dinastía, y así
hasta convertirme en este ser monstruoso que soy". La historia se entiende
con la información aportada en el capítulo 'La música indo-pakistana',
que explica cómo los modos musicales están personificados en ideogramas,
componiendo una historia mítica de la música. En su estudio, Aziz
llega a poner en relación el árbol genealógico del cante
sindhi con el cante jondo, de ahí la aplicación al flamenco de la
historia del arrepentido Grumanik.

Árbol genealógico del cante shindhi
en sus relaciones con el cante jondo
(Pulsa en la imagen para ver a mayor tamaño)
Retomando las andanzas del paquistaní... Resulta que la Guerra Civil
española truncó su fulgurante carrera. Y no fue fácil. A
pesar de las recomendaciones de la embajada, instando a los ciudadanos británicos
a salir del país, Balouch se empeñó en quedarse... hasta
que una bomba del Ejército Nacional lo hirió en la madrileña
Plaza de Bilbao. "Decidí marchar para recuperarme, no sólo
de las heridas, sino del shock sufrido", eso sí, engañado,
pues en la embajada le dijeron que aquello duraría unas dos o tres semanas.
Y llegó a Londres, donde retomó sus estudios de música en
el London College of Music y en el Trinity College, bajo la batuta de Thorpe Bates.
Sin olvidar el flamenco: "Varias veces representé a la música
de España en varias secciones de la BBC". Ni la filosofía sufi
que difundió mediante la Sindh Sufi Society que él mismo fundó.
Y volvió. En la ciudad del Támesis coincidió con el recién
nombrado embajador de Pakistán para España, Syed Miran Mohamed Shah,
que le propuso formar parte de su equipo como agregado cultural. Corría
el año 1952. Aziz Balouch reanudó sus antiguas amistades -Pepe Marchena,
Niño de Almadén, Imperio Argentina, Florián Rey...- y se
puso manos a la obra. El 10 de julio de 1952 constituyó la Asociación
Amigos del Pakistán, en un acto presidido por el ministro de Educación
en los salones de la Biblioteca Nacional. Y cantó "soleares y fandanguillos
en lengua pakistana, y Pepe Marchena los cantó en el estilo de nuestra
querida Andalucía. El éxito fue tan grande, que merecí la
felicitación de todas las personalidades". Periódicos y radios
volvieron a hacerse eco del prodigio, al tiempo que las Universidades de Barcelona
y Salamanca lo reclamaban para exponer sus teorías sobre la semejanza entre
ambas músicas.

Aziz Balouch en un acto en la Biblioteca Nacional
La ruta de Damasco
Aziz hizo, para buscar raíces, un flash-back hasta el año
711 de la era cristiana, cuando, mandados por el califato de Damasco, Mohamed
Ben Kassim conquista el Sindh y Tarik Benzyed la península ibérica.
"El camino desde Andalucía a Sindh, a través de Damasco, estaba
trazado. Músicos, artistas, arquitectos (a los que atribuye un grado
de cultural superior a la árabe en aquella época), aprendieron
el camino de ida y vuelta, a través del mundo musulmán, llevando
como equipaje su sabiduría a los distintos pueblos de la antigüedad
árabe. Cuando Ziryab vino de Persia a Andalucía para enseñar
su cante a los músicos españoles, ya el camino existía, y
no cabe duda de que los españoles sabían viajar, llevando consigo
su saber para mostrarlo a los demás. Que llegaron hasta el Sindh es indudable,
y los hombres antiguos de mi patria aprenderían a conocer la música
que los primitivos españoles tenían antes de la invasión
de los árabes, contribuyendo este medio a la más perfecta compenetración
de ambos pueblos en la antigüedad". La hipótesis contradice aquella
tan extendida que se basa en que los gitanos trajeron los modos musicales de la
India en su éxodo hasta Europa desde el Punjab... o da una interesante
alternativa. Como apunta, atribuye un papel clave al músico Hassan Ali
Ben Nafi Ziryab, enviado por el califa de Bagdag al califa de Córdoba,
de quien llega a creer ser su reencarnación y a quien llama "fundador
del mundialmente famoso cante jondo". Sobre la diversificación de
estilos, cuenta Aziz Balouch que "las gentes de cada provincia de Andalucía
recitaban copiando las maneras de Ziryab, y cuando los poetas, siguiendo la costumbre
musulmana, llegaban de cada provincia a la corte de Abderrahamán o sus
sucesores, recitaban sus poesías, llamándolas con el nombre de procedencia.
Así, se anunciaban los poetas de Málaga (malagueñas), los
que venían de Sevilla (sevillanas), los de Granada (...). Las poesías
regionales eran recitadas, a su vez, de manera especial de cada provincia, aunque
en el fondo era la misma melodía".
Y, a parte de los poetas, subraya la importancia de las gentes del campo en
el desarrollo del cante jondo: "Como en Pakistán los campesinos recitan
sus canciones en sus reuniones personales o en el campo o camino de su trabajo
(...), así los campesinos andaluces, bien en sus reuniones o cuando van
al trabajo andando o sobre sus caballerías, cantan sus coplas siguiendo
su propia inspiración y según el estado de ánimo en el que
se encuentran en ese día. Con diferentes palabras, vienen a expresar las
mismas melodías y las mismas canciones, siguiendo una tradición
que tiene muchos siglos, de tiempo inmemorial". Aprovecha en esta disertación
para lanzar algún que otro desmentido, como por ejemplo, el del gen norteafricano:
"Pese a su proximidad con España, los marroquíes mahometanos
no han producido virtualmente ningún cante flamenco". Y para, incluso,
aportar posibilidades etimológicas distintas a las tan reiteradas: "La
palabra "jondo" bien pudiera derivarse de las voces del idioma "sindhi"
gind, que significa alma (cante del alma), o bien del "hindu"
indostánico, como haciendo relación a su origen". Todo
está encaminado a ilustrar la teoría de que "el cante grande
español está completamente identificado con la música folclórica
sufi".
¿Tuvo alguna repercusión el análisis que Aziz Balouch
realizó durante más de veinte años sobre el origen y evolución
del cante jondo? La llamada flamencología, constancia escrita no deja de
ello: apenas la breve referencia al autor recogida en el 'Diccionario Enciclopédico
Ilustrado del Flamenco' de Blas Vega y Ríos Ruiz; y alguna que otra pasajera
alusión al músico como ejemplo de precedente del flamenco fusión.
Obviemos citar posibles motivos. En el ámbito artístico, aún
menos. Crematística y mística suelen ser tan antagónicas,
salvo honrosas excepciones, como cante y canto. Ciertamente M. Aziz Balouch fue
menos afortunado y menos influyente que Ziryab como docente. De la memoria depende
-y, ojalá, de una milagrosa reedición- que su trabajo pase del simple
anecdotario, a enriquecer el de por sí pobre corpus teórico flamenco.
Nota. El rastro de Muhammad Aziz Balouch se pierde en su propia obra.
Tras realizar numerosas pesquisas sabemos que el autor, acreditado referente teórico
sufi, fue galardonado en 2002 por el Gobierno pakistaní con el 'Civil Award
for Pride of Performance for Art (Folk Music)', según recoge la versión
digital de 'The News International'.
(Gracias a Bolo, por su generosa curiosidad)
revista@flamenco-world.com
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