Pepe Marchena
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Antonio Chacón
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Pepe Marchena
"Pepe Marchena"


Pepe Marchena
"Cantaores de época
(vol. 1)"

 

 



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Tónico para el espíritu

Tiene explicación. Aziz considera que el cante jondo, al igual que la música indopakistaní, es un vehículo que el hombre debe emplear para comunicarse con dios, pues es -a su entender- una música con carácter sagrado, "un tónico para el espíritu". Comprobar que este punto de vista no era compartido, ni tan siquiera imaginado, por los profesionales del cante da respuesta a su gran pregunta: "¿Por qué el cante jondo no ocupa el puesto que merece entre los géneros musicales? Porque las gentes que cantan, la mayoría de ellos, no lo toman seriamente y no están bien apoyados por el público, excepto por aquellos no iniciados en música".

El estudioso -que también publicó títulos como 'What is sufism (Londres, 1950) y 'Le sufisme, la philosophie de l'amour' (Ginebra, 1953)- lamenta que el flamenco, por aquel entonces, estuviera ligado a borracheras y juergas: "Lástima que se abuse de este cante espiritual de la forma en que están abusando los que se creen cantadores y no hacen más que gritar y desacreditar". La vida disoluta no es su única censura. También considera perniciosas las fusiones internas: "Mezclar los distintos estilos y modulaciones en una misma canción, no consigue más que un daño incalculable al estilo puro, que llegará a perderse por completo si los estilistas del cante no ponen remedio en un futuro inmediato". Y pasa a ilustrar el despropósito con una leyenda sufi: "Cuéntase que Grumanik, el fundador de la antigua religión de los Sikks de la India, tuvo en cierta ocasión una aparición extraña. Se trataba de una figura horrible, con los pies en la cabeza y las manos en los pies... Como Grumanik, lleno de horror por aquella figura demoníaca, le preguntara quién era, respondió ésta que era la Música. "¿La Música? ¿Cómo puede ser?", contestó. "Así me han convertido tus cantantes al mezclar las melodías, dándome la cabeza de una melodía, la cola de otra, el cuerpo de otra dinastía, y así hasta convertirme en este ser monstruoso que soy". La historia se entiende con la información aportada en el capítulo 'La música indo-pakistana', que explica cómo los modos musicales están personificados en ideogramas, componiendo una historia mítica de la música. En su estudio, Aziz llega a poner en relación el árbol genealógico del cante sindhi con el cante jondo, de ahí la aplicación al flamenco de la historia del arrepentido Grumanik.


Árbol genealógico del cante shindhi en sus relaciones con el cante jondo
(Pulsa en la imagen para ver a mayor tamaño)

Retomando las andanzas del paquistaní... Resulta que la Guerra Civil española truncó su fulgurante carrera. Y no fue fácil. A pesar de las recomendaciones de la embajada, instando a los ciudadanos británicos a salir del país, Balouch se empeñó en quedarse... hasta que una bomba del Ejército Nacional lo hirió en la madrileña Plaza de Bilbao. "Decidí marchar para recuperarme, no sólo de las heridas, sino del shock sufrido", eso sí, engañado, pues en la embajada le dijeron que aquello duraría unas dos o tres semanas. Y llegó a Londres, donde retomó sus estudios de música en el London College of Music y en el Trinity College, bajo la batuta de Thorpe Bates. Sin olvidar el flamenco: "Varias veces representé a la música de España en varias secciones de la BBC". Ni la filosofía sufi que difundió mediante la Sindh Sufi Society que él mismo fundó.

Y volvió. En la ciudad del Támesis coincidió con el recién nombrado embajador de Pakistán para España, Syed Miran Mohamed Shah, que le propuso formar parte de su equipo como agregado cultural. Corría el año 1952. Aziz Balouch reanudó sus antiguas amistades -Pepe Marchena, Niño de Almadén, Imperio Argentina, Florián Rey...- y se puso manos a la obra. El 10 de julio de 1952 constituyó la Asociación Amigos del Pakistán, en un acto presidido por el ministro de Educación en los salones de la Biblioteca Nacional. Y cantó "soleares y fandanguillos en lengua pakistana, y Pepe Marchena los cantó en el estilo de nuestra querida Andalucía. El éxito fue tan grande, que merecí la felicitación de todas las personalidades". Periódicos y radios volvieron a hacerse eco del prodigio, al tiempo que las Universidades de Barcelona y Salamanca lo reclamaban para exponer sus teorías sobre la semejanza entre ambas músicas.


Aziz Balouch en un acto en la Biblioteca Nacional

La ruta de Damasco

Aziz hizo, para buscar raíces, un flash-back hasta el año 711 de la era cristiana, cuando, mandados por el califato de Damasco, Mohamed Ben Kassim conquista el Sindh y Tarik Benzyed la península ibérica. "El camino desde Andalucía a Sindh, a través de Damasco, estaba trazado. Músicos, artistas, arquitectos (a los que atribuye un grado de cultural superior a la árabe en aquella época), aprendieron el camino de ida y vuelta, a través del mundo musulmán, llevando como equipaje su sabiduría a los distintos pueblos de la antigüedad árabe. Cuando Ziryab vino de Persia a Andalucía para enseñar su cante a los músicos españoles, ya el camino existía, y no cabe duda de que los españoles sabían viajar, llevando consigo su saber para mostrarlo a los demás. Que llegaron hasta el Sindh es indudable, y los hombres antiguos de mi patria aprenderían a conocer la música que los primitivos españoles tenían antes de la invasión de los árabes, contribuyendo este medio a la más perfecta compenetración de ambos pueblos en la antigüedad". La hipótesis contradice aquella tan extendida que se basa en que los gitanos trajeron los modos musicales de la India en su éxodo hasta Europa desde el Punjab... o da una interesante alternativa. Como apunta, atribuye un papel clave al músico Hassan Ali Ben Nafi Ziryab, enviado por el califa de Bagdag al califa de Córdoba, de quien llega a creer ser su reencarnación y a quien llama "fundador del mundialmente famoso cante jondo". Sobre la diversificación de estilos, cuenta Aziz Balouch que "las gentes de cada provincia de Andalucía recitaban copiando las maneras de Ziryab, y cuando los poetas, siguiendo la costumbre musulmana, llegaban de cada provincia a la corte de Abderrahamán o sus sucesores, recitaban sus poesías, llamándolas con el nombre de procedencia. Así, se anunciaban los poetas de Málaga (malagueñas), los que venían de Sevilla (sevillanas), los de Granada (...). Las poesías regionales eran recitadas, a su vez, de manera especial de cada provincia, aunque en el fondo era la misma melodía".

Y, a parte de los poetas, subraya la importancia de las gentes del campo en el desarrollo del cante jondo: "Como en Pakistán los campesinos recitan sus canciones en sus reuniones personales o en el campo o camino de su trabajo (...), así los campesinos andaluces, bien en sus reuniones o cuando van al trabajo andando o sobre sus caballerías, cantan sus coplas siguiendo su propia inspiración y según el estado de ánimo en el que se encuentran en ese día. Con diferentes palabras, vienen a expresar las mismas melodías y las mismas canciones, siguiendo una tradición que tiene muchos siglos, de tiempo inmemorial". Aprovecha en esta disertación para lanzar algún que otro desmentido, como por ejemplo, el del gen norteafricano: "Pese a su proximidad con España, los marroquíes mahometanos no han producido virtualmente ningún cante flamenco". Y para, incluso, aportar posibilidades etimológicas distintas a las tan reiteradas: "La palabra "jondo" bien pudiera derivarse de las voces del idioma "sindhi" gind, que significa alma (cante del alma), o bien del "hindu" indostánico, como haciendo relación a su origen". Todo está encaminado a ilustrar la teoría de que "el cante grande español está completamente identificado con la música folclórica sufi".

¿Tuvo alguna repercusión el análisis que Aziz Balouch realizó durante más de veinte años sobre el origen y evolución del cante jondo? La llamada flamencología, constancia escrita no deja de ello: apenas la breve referencia al autor recogida en el 'Diccionario Enciclopédico Ilustrado del Flamenco' de Blas Vega y Ríos Ruiz; y alguna que otra pasajera alusión al músico como ejemplo de precedente del flamenco fusión. Obviemos citar posibles motivos. En el ámbito artístico, aún menos. Crematística y mística suelen ser tan antagónicas, salvo honrosas excepciones, como cante y canto. Ciertamente M. Aziz Balouch fue menos afortunado y menos influyente que Ziryab como docente. De la memoria depende -y, ojalá, de una milagrosa reedición- que su trabajo pase del simple anecdotario, a enriquecer el de por sí pobre corpus teórico flamenco.

Nota. El rastro de Muhammad Aziz Balouch se pierde en su propia obra. Tras realizar numerosas pesquisas sabemos que el autor, acreditado referente teórico sufi, fue galardonado en 2002 por el Gobierno pakistaní con el 'Civil Award for Pride of Performance for Art (Folk Music)', según recoge la versión digital de 'The News International'.

(Gracias a Bolo, por su generosa curiosidad)

revista@flamenco-world.com
 

Más información:

Entrevista a Omar Faruk Tekbilek, músico (julio, 2002)

Entrevista histórica a Ramón Montoya, guitarrista (1937)

 

 
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