<<
Anterior
Internacionalización
La Argentinita con Antonio
Triana y Luisa Triana en Buenos Aires (Álbum
de Luisa Triana) |
|
Aunque la internacionalización
del baile flamenco venía ya de antiguo. Desde el
siglo XIX hay documentos que informan de las actuaciones
en distintos puntos del globo de bailaores y bailaoras.
La Macarrona actuaba en Berlín en 1895. Antonia
Mercé, La Argentina, ya había recorrido
en 1914 países como Francia, Gran Bretaña
y Rusia. La compañía de ballets rusos de
Serge Davillier se llevaba consigo a Londres en 1915 a
Félix el Loco para que montara piezas de aire español.
Según recoge el investigador José Luis Ortiz
Nuevo en el libro ‘Mi gustar flamenco very good’,
quizás fue en 1879 cuando comenzara la exportación
del baile flamenco: “Y fue en París,
en el Hipódromo de París, donde se celebró
una fabulosa fiesta española para recaudar fondos
a beneficio de los pobres damnificados (de inundaciones
en Murcia y Almería): Y fue en esa fiesta, pudo
ser en ella que se presentase, por su primera vez, el
flamenco en la ciudad de París”.
| |

Carmen Amaya con Sabicas
y García Matos en Estados Unidos
(Álbum de Luisa Triana)
|
| |
|
El diario ‘El Cronista’ recoge
que en Nápoles el 13 de junio de 1890, “funcionará
en dicha ciudad una compañía de baile y
cante flamenco, estando ya contratada la mayor parte del
personal que se dispone para esta clase de representaciones”.
A Nueva York fue en 1891 “contratada por varias
empresas teatrales” la bailarina Natalia Jiménez,
según ‘El Porvenir’. Y un artículo
de ‘El Progreso’ publicado en 1893 se hace
eco de que a Chicago fueron “con objeto de celebrar
en la Exposición fiestas andaluzas, varios cantaores,
jaleadores y bailarinas de lo mejorcito que hay en las
provincias de Sevilla, Cádiz y Málaga”.
En las primeras décadas del siglo
siguiente, ya había estrellas de renombre internacional,
como los ya citados Antonia Mercé ‘La Argentina’
y Vicente Escudero, que protagonizaron un sonado encuentro
en el teatro parisino Trianon-Lyrique en 1925. Un año
antes había pasado por el Teatro Olympia de la
capital francesa la sevillana Laura de Santelmo que, según
Ángel Álvarez Caballero en el libro ‘El
baile flamenco’, “hasta 1940 en que regresó
definitivamente a España, casi toda su trayectoria
como bailarina/bailaora la desarrolló en el extranjero;
llegó hasta Rusia, China, Japón y América
del Sur”. Y el golpe de Estado de Franco y la consiguiente
contienda, no hicieron más que avivar el fenómeno.
Una nueva hornada de bailaores comenzaría
a relucir en este contexto. Formando la pareja Los Chavalillos
Sevillanos, Rosario
y Antonio, recorrieron el mundo con éxito.
Trabajaron en el espectáculo ‘La maravilla
de las maravillas’ con Carmen Amaya en Argentina.
Y hasta su separación en 1952 en el Teatro Champs
Elysées de París, recorrieron las principales
capitales latinoamericanas y, durante una década
completa, Estados Unidos. Después continuó
Antonio
Ruiz Soler, Antonio el Bailarín, una brillante
carrera en solitario, consagrándose como uno de
los mejores maestros del baile flamenco y el clásico
español.

Antonio Ruiz Soler con La
Uchi
(Álbum de La Uchi y Toni el Pelao)
En 1946, un año después
de la muerte de La Argentinita, su hermana tomó
el testigo. Pilar
López fundó en Nueva York su propia
compañía, que se mantuvo en activo hasta
los años setenta. Y, además, se convirtió
en una fructífera cantera de bailaores. Tirando
de la elegante escuela estilística de Los
Pelaos -una legendaria saga que dio figuras como El
Gato, Juan el Pelao, Faíco o Fati-, formó
a jóvenes bailaores que luego se harían
un nombre propio. El elenco incluye a artistas como José
Greco, El
Güito, Mario
Maya... Y también Antonio
Gades, quien dio un nuevo impulso al baile flamenco
teatral con obras como ‘Carmen’, ‘Bodas
de sangre’, ‘El amor brujo’ –trilogía
llevada al cine por Carlos Saura- o ‘Fuenteovejuna’.
Actualmente, la fundación que lleva su nombre,
promueve una compañía que mantiene en cartel
su obra. Además, fue el primer director del Ballet
Nacional de España que se fundó en 1978,
con el objetivo de sellar un compromiso con la conservación
y la evolución del baile español y el flamenco
que aún perdura.
Matilde Coral |
|
| |
|
Sin abandonar los teatros pero sí
dejando a un lado los argumentos, el baile flamenco también
se adaptó a los nuevos escenarios de los años
cincuenta y sesenta. Festivales, peñas y tablaos
reivindicaban la vuelta a las formas tradicionales en
todas las facetas jondas. Y, por supuesto, también
en el baile. Eran los tiempos de Enrique el Cojo, de Tía
Juana la del Pipa, de Farruco,
de Matilde
Coral, de Toni
el Pelao, de Manuel Soler, de Manolo Marín,
de Manuela
Vargas, de La
Chunga, de Manolete, de Merche Esmeralda... Unos abriéndose
paso y otros creando escuela, unos creando caminos propios
y otros conservando los ya hechos. Un fructífero
momento que quedó retratado, por fortuna, en la
serie televisiva ‘Rito
y geografía del baile’, donde en la intimidad
de un plató, los bailaores muestran su quehacer
sin aderezos.
Y lo más valioso de esta historia
aquí resumida, es que sigue siendo presente. Un
paso, un gesto, un desplante, un vuelo de volantes, un
quiebro, un detalle estilístico... fueron, son
y serán. De generación en generación,
el legado del baile flamenco va transmitiéndose
bien para conservarse, bien para evolucionar. Un claro
ejemplo es la escuela sevillana, que emparenta artísticamente
a bailaoras actuales como Isabel
Bayón con históricas figuras como Rosario
la Mejorana, a lo largo de más de un siglo. Y es
que nada como el baile manifiesta la vitalidad del arte
del que es parte, del arte flamenco.

Antonio Gades en 'Carmen'
(Fotograma de la película de Carlos Saura)
<<
Anterior