|
LA
BIBLIOGRAFIA SOBRE EL FLAMENCO
Ana
Tenorio
1.
Los antecedentes
Las
primeras alusiones a los cantes y los bailes andaluces las
encontramos en la literatura romántica, especialmente
en relatos de viajeros extranjeros. A principios del S XIX
España forma parte de todas las rutas de los viajeros
europeos, y Andalucía (sobre todo en sus ciudades más
emblemáticas: Sevilla, Granada y Córdoba) es
punto de visita ineludible y a menudo el que más espacio
ocupa en las narraciones de los viajeros.
Las
características propias de la literatura romántica,
como son la preeminencia de las emociones sobre el racionalismo
y el amor por lo exótico y por las huellas del pasado,
hacen de Andalucía, con sus infinitos restos de culturas
anteriores, una fuente de inspiración constante. En
los cientos de libros de viaje que sobre Andalucía
se escriben, encontramos como se va forjando una imagen de
Andalucía tópica, que con las lógicas
matizaciones se mantiene prácticamente hasta la actualidad.

Las
celebraciones populares, las reuniones festivas, las ferias,
la Semana Santa, etc., ámbitos en los que las formas
de expresión artística populares se desarrollan
más abundantemente son descritas y relatadas una y
otra vez por estos escritores románticos.
Lo
que más atrae la atención de los viajeros es
en principio los bailes y danzas andaluzas:
"Las
bailarinas andaluzas aventajan a nuestras bailarinas de ópera
y a todos de la misma clase que se ven en todos los teatros
de casi todos los países de Europa. Tienen una libertad
de movimientos y un abandono en el cuerpo que no se encuentra
en ninguna parte. Se ve que bailan para sí mismas,
por placer, y los movimientos de sus brazos y el meneo tienen
otro carácter que los movimientos rígidos, acompasados
y, por así decir, geométricos de las figuras
principales o del acompañamiento de los cuerpos de
baile parisién..." (Barón Ch. Davillier
: "Viaje por España", 1874).
"El
mayor encanto de los teatros españoles es el baile
nacional, incomparable, inimitable y único, y sólo
para ser bailado por andaluces" "En este baile no
hay nada indecente; nadie se cansa de verle, o tanto peor
para él, y si algún defecto se le encuentra
es el ser demasiado corto". (Richard Ford: "Las
cosas de España", 1846).
Aunque,
a veces, algunos de estos viajeros se sienten negativamente
impresionados por algunas de las manifestaciones musicales.
Así el propio Ford, tan agradablemente fascinado por
el baile relata, por contra, su negativa impresión
de una sesión de cante: "algún musculoso
ejecutante, verdadera antítesis de Farinelli, vocea
sus coplas, chillando sus prosaicos versos con toda la fuerza
de sus pulmones, con inminente peligro para su tráquea
y para todos los órganos acústicos no españoles".
No
obstante, por lo general, el juicio es favorable y los viajeros
extranjeros acaban cayendo en las redes de un arte popular
que ejerce sobre ellos una innegable fascinación: "el
que ha oído esta música encuentra después
sosas y aburridas todas las otras músicas".
(Cuninghan Grahan: "Aurora La Cujiñí",
1898).
Como
hemos visto hasta aquí hay un buen número de
extranjeros que se sienten atraídos por las costumbres
populares andaluzas y dan noticia literaria de ellas. Esta
fascinación de los foráneos por las manifestaciones
artísticas populares de Andalucía va a ser una
constante a lo largo de la producción literaria referida
al flamenco.
También
los poetas románticos españoles refirieron escenas
fácilmente identificables con manifestaciones flamencas.
Así Bécquer en su leyenda "La venta de
los gatos" relata: "... allí un regatón
de la Macarena que canta entornando los ojos y acompañándose
de una guitarrilla mientras otros le llevan el compás
con las palmas o golpeando las mesas con los vasos..."
"...ruidos de cantares, de castañuelas, de risas,
de voces, de silbidos y de guitarras y golpes en las mesas
y palmadas..."
La
literatura española costumbrista del S XIX también proporciona referentes
a la Andalucía diseñada por los románticos (Palacio Valdés,
Salvador Rueda, Alarcón, Fernán Caballero), destacando por encima
de todas la figura de Serafín Estébanez Calderón "El
Solitario" (1799-1867), que narró a lo largo de su producción
literaria numerosas escenas de flamenco, al que era muy aficionado. Su obra fundamental
en este sentido será una recopilación de relatos de temática
diferente recogidos bajo el título de "Escenas Andaluzas" (Imprenta
de don Salvador Ballesteros, 1847), en la que se incluyen dos relatos indispensables
para cualquier estudio histórico sobre el flamenco: "Asamblea General"
y "Un baile en Triana". En estas narraciones, Estébanez expone
situaciones en las que él participa de manera directa, es decir, es testigo
presencial de unas reuniones en las que a través de los datos que nos suministra
podemos observar cómo se va gestando la manifestación cultural que
hoy llamamos flamenco. Por ejemplo nos da noticia de cantaores míticos
como El Planeta y El Fillo, cantaores fundamentales en la evolución del
cante flamenco pero que, como es lógico, no dejaron documento sonoro alguno
que acreditase su existencia. También describe El Solitario los cantes
(incluidas las letras de algunos romances), los bailes, el vestuario, los ambientes,
el tipo de público que acude a estas reuniones, hasta tal punto de que
leyendo estas escenas uno puede sentirse participante de los que podríamos
denominar un espectáculo pre-flamenco.
Se
hace necesaria la tarea de realizar un rastreo por toda la
literatura del XIX para localizar todas las referencias al
flamenco que en ella se contienen. Con todas ellas podríamos
fijar el cuadro del flamenco en el siglo pasado.
Ana
Tenorio
La
bibliografía sobre el flamenco (II) >>
|